miércoles, 28 de enero de 2009

De si la caridad es amistad - Santo Tomás de Aquino


Siempre nos ha llamado la atención que Santo Tomás comience su tratado de la caridad con este artículo: la caridad es amistad. El amor parece que va más allá de la amistad (piénsese en el amor de la madre para con el hijo; en el amor a los enemigos, y en que en la amistad vemos generalmente uno con como goce interesado en tener y tratar algunos amigos). Sin embargo, en un vuelo psicológico y teológico, el Angélico nos presenta ya al principio de su tratado la esencia misma de la caridad, revelándonos precisamente que ningún amor es comparable con la verdadera amistad. La observación precisa psicológica y teológicamente, de que la amistad va más allá del amor de benevolencia, porque implica quædam mutua amatio, quia amicus esta mico amicus, es muy profunda, pues demuestra que en la amistad se halla el mayor grado de unión, ya que es la mutua benevolencia y la comunicación de ambas partes. Así se explica que el amor a Dios, bien comprendido y vivido, sea, aun humanamente (porque el hombre ha nacido para el amor y la amistad), lo que más llena, lo único que plenamente llena nuestra alma. (Ismael Quiles, S.I. Prologo de la Secuda Secunæ, en el Tomo X La caridad. Suma Teológica. Nueva versión sobre el texto latino. Buenos Aires 1949).

(P. I-II æ, C. 65, a. 5/ Sent. Lib. III, dist. 27, qu. 2, a. I)

PARECERÌA que la caridad no fuese amistad, porque:
1º Nada hay que caracterice tanto la amistad, como vivir en compañía del amigo, según dice el Filósofo (Ethic. 1.8, c. I). Es así que la caridad une al hombre con Dios y los ángeles, que no tienen comercio con los hombres, como se dice (Dan. 2, II).
Luego la caridad no es la amistad.
2º La amistad no existe sin reciprocidad de afecto, como se dice (Ethic. 1. 8, c. 2). Es así que la caridad se refiere también a los enemigos, según San Pablo (Math. 5, 44): Amad a vuestros enemigos. Luego la caridad no es la amistad.
3º Según Aristóteles (Ethic. 1. 8, c. 3) hay tres clases de amistad, a saber, deleitable, útil y honesta. Pero la caridad no es amistad útil o deleitable; pues dice San Jerónimo (Epist. Ad Paulium): La verdadera amistad, aquella que la unción de Cristo consagra, no es producida por la utilidad de la cosa que se usa, ni por la sola presencia de los cuerpos, ni por una adulación engañosa; sino por el temor de Dios y el estudio de la Sagrada Escritura. Tampoco es la amistad honesta; puesto que por la caridad amamos también a los pecadores, al paso que la amistad honesta no tiene relación más que con los virtuosos, como se dice (Ethic. 1. 8, c. 4). Luego la caridad no es la amistad.
CONTRA ESTO, se dice (Ioann. 15,15): No os llamaré ya siervos… sinó amigos míos; pero esto no se lo decía sino por razón de la caridad; luego, la caridad es la amistad.
RESPONDO: Debe decirse que, según Aristóteles (Ethic. 1. 8, c. 2 y 3), no todo amor tiene razón de amistad, sino el que va acompañado de la benevolencia, a saber, cuando amamos a uno de tal manera que queremos el bien para él. Si pues no queremos el bien para las cosas amadas, sino que queremos para nosotros el bien de estas mismas cosas, como cuando decimos que amamos el vino, el caballo u otra cosa parecida; el amor no es de amistad, sino de concupiscencia, porque es ridículo decir que uno tiene amistad con el vino o el caballo. Pero tampoco la benevolencia es bastante para la razón de amistad, sino que se requiere una reciprocidad de amor, porque el amigo debe ser amado del amigo; y esta benevolencia recíproca se funda en alguna comunicación. Luego, habiendo alguna comunicación del hombre con Dios, según que nos comunica su felicidad; sobre esta comunicación conviene que se funde alguna amistad. De esta comunicación habla el Apóstol, cuando dice ( Cor. I, 9): Fiel es Dios, por el que habéis sido llamados a la compañía de su Hijo nuestro Señor Jesucristo. Pero el amor fundado sobre esta comunicación es la caridad. Luego es evidente que la caridad es una amistad del hombre con Dios.
A LA OBJECIÓN 1º diremos que hay en el hombre dos clases de vida: una exterior, por su naturaleza sensible y corporal, y según esta vida no tenemos comunicación o trato con Dios y los ángeles; y otra es la vida espiritual del hombre por su alma, y según esta vida tenemos comunicación con Dios y con los ángeles: imperfectamente en el esto presente, por lo cual se dice (Phil. 3, 20): Nuestra morada está en los cielos; pero esta comunicación se perfeccionará en la patria, cuando sus siervos servirán a Dios y verán su cara, como se dice (Apocal. Últ., 3). Por esta razón la caridad es aquí imperfecta, pero se perfeccionará en la patria.
A la 2ª, que la amistad se extiende a una persona de dos maneras: I ª, respecto de sí mismo, y en este concepto la amistad no existe jamás sino para el amigo mismo: 2ª, se extiende a alguno respecto de otra persona, como cuando uno tiene amistad hacia algún hombre, se ama por razón de él a todos los que a él pertenecen, ya hijos, ya siervos, y todos los que de cualquier modo le atañen. Y tanto puede ser el amor del amigo, que por éste se amen los que pertenecen al mismo, aunque nos ofendan o nos tengan odio. Y de este modo la amistad de la caridad se extiende hasta los enemigos, a quienes amamos por el amor en orden a Dios, al cual se refiere principalmente la amistad de la caridad.
A la 3 ª, que la amistad de lo honesto no se tiene sino con el virtuoso, como a la persona principal; pero por miramiento de ésta son amados los que a él pertenecen, aunque no sean virtuosos. De este modo la caridad, que es la amistad de lo honesto por excelencia, se extiende a los pecadores, a quienes amamos por la caridad a causa de Dios.

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