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viernes, 27 de julio de 2012

San Pantaleón, mártir - 27 de julio


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miércoles, 27 de julio de 2011

San Pantaleón, mártir - 27 de julio


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martes, 27 de julio de 2010

Multitudinaria muestra de fe en la fiesta de San Pantaleón


Con una serenata en honor de San Pantaleón, comenzaron anoche los festejos en el santuario del barrio de Mataderos dedicado al patrono de los enfermos (Monte 6869, Buenos Aires), el primero levantado en su honor en América Latina, que este año llevan por lema: “Querido San Pantaleón, gracias por cuidarnos. Que todas las familias de nuestra Patria tengamos paz, salud y trabajo”.

El templo abrió sus puertas a la madrugada y una gran cantidad de fieles -se espera que unos veinte mil a lo largo del día- fieles se acercan al santuario para pedir y agradedecer al santo, especialmente por la salud.

El día de sol se presta para que una gran cantidad de gente pueda llegar y por el momento hay varias cuadras de cola para ingresar al templo para tocar la imagen del Santo.
Hay que tener “un corazón que vea”

Esta mañana el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, presidió la misa central y al finalizar, como es su costumbre, bendijo y saludó a los peregrinos que esperaban para ingresar al santuario.

El purpurado porteño centró su homilía en la parábola del Buen Samaritano, y señaló que en la vida, frente a la fragilidad de las personas, se puede estar del lado de los salteadores o del lado de los indiferentes, pero también están los que miran con el corazón.

En ese sentido, insistió en la importancia de tener “un corazón que vea” y exhortó a salir al encuentro del que lo necesita.

Lo que resta

La jornada continuará con misas -celebradas en la calle debido a la gran cantidad de peregrinos- a las 14, 15.30, 17, 18.30 y 20.30. Se impartirán bendiciones dentro y fuera del templo y en el camarín del Santo; se distribuirán estampas con un pedacito de piso del templo que está siendo restaurado con el aporte de los fieles y con la siguiente leyenda: “Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa”. En tus manos tenés como recuerdo un trocito del piso de nuestro Santuario, verdadera tierra santa santificada por los pies peregrinos de una multitud de devotos. Gracias por ayudarnos a repararlo”.

La misa de las 17 estará presidida por monseñor Luis Fernández, obispo auxiliar de Buenos Aires. Las que restan se volverán a celebrar en el interior del templo.

Como es habitual, habrá lugares especialmente destinados para recibir las ofrendas de alimentos, medicamentos y ropa para los más necesitados. Los servidores del santuario (que estarán debidamente identificados con pecheras y credenciales) serán los encargados de recibirlas. Asimismo, al llegar, los peregrinos serán recibidos con mate cocido y pan gratuito, especialmente en las horas de más frío. Habrá baños disponibles dentro del santuario, en el Descanso del Peregrino y baños químicos en la calle, además del servicio de médicos, enfermeras y ambulancias.

Culminación de los festejos

Los festejos culminarán el próximo domingo 1 de agosto, con un fstival popular a partir de las 11 y una porocesión con la imagen del santo a las 15.

Breve historia del Santo

La Oficina de Prensa del arzobispado de Buenos Aires difundió una breve historia del Santo, que se remonta a la hoy Turquía, cuando Pantaleón, hijo de un senador romano pagano, fue a vivir a Roma de niño. Siendo médico personal del emperador romano, se convirtió al cristianismo gracias a las enseñanzas de su madre y de un anciano sacerdote. Y desde ese momento, comenzó a curar a todo el que se acercaba a él, rico o pobre, y su fama de médico milagroso se fue extendiendo. Incluso se desprendió de sus bienes personales para ayudar a los que más lo necesitaban.

Sus opositores lo envidiaban por las curaciones que hacía y lo acusaron ante el emperador por ser cristiano. Fue encarcelado y torturado pero como no quiso renunciar a su fe, lo condenaron a muerte con apenas 23 años. La tradición cuenta que la sangre del santo hizo reverdecer el tronco seco del olivo al cual había sido atado como símbolo de su triunfo, de la victoria del amor y de la resurrección.

En 1964 se instaló en la Argentina el primer templo dedicado al Santo en una pequeña casilla prefabricada y al año siguiente se construyó una capilla de material. En los años 80 comenzó a construirse el actual templo y al finalizar la obra, la antigua capilla se convirtió en el camarín del Santo. Durante más de 40 años se han ido multiplicando las parroquias, capillas y ermitas dedicadas a San Pantaleón en todo el país y miles de fieles lo veneran como patrono de la salud en sus comunidades aunque también es el santo patrono de los médicos y de los agentes de salud.

Más información: (011) 4687-4178, y www.santuariosanpantaleon.blogspot.com.+

San Pantaleón, mártir - 27 de julio

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lunes, 27 de julio de 2009

Homilía de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes, en la Fiesta de San Pantaleón


(26 de julio de 2009)


1. Hoy celebramos con mucha alegría la Fiesta en honor de San Pantaleón, Patrono y protector de esta querida comunidad parroquial. Un santo realmente con mucho poder por la multitud de amigos y devotos que convoca todos los años en este santuario. Pero es un santo poderoso por dos motivos principales: uno, porque nos hace ser agradecidos a Dios por el don de la vida y de la fe; y el otro motivo es porque nos enseña, con su ejemplo, a ser buenos cristianos. Me alegra mucho de poder compartir con ustedes el gozo de contar con un santo tan grande, un verdadero regalo para la Iglesia y para toda la sociedad.

2. ¿De dónde le vienen a San Pantaleón esa grandeza y ese poder? No lo dudemos: le vienen de su profunda amistad con Dios. Él fue, ante todo, un gran amigo de Dios. Esa cercanía con Dios, lo llevó a ser también amigo de los hombres y un gran servidor de la comunidad. En el relato de la multiplicación de los panes, que nos narra el Evangelio de hoy, escuchamos que Jesús, después que tomó los panes y antes de distribuirlos, dio gracias. Esto nos enseña que primero está Dios y es ante todo a Él a quien debemos agradecerle el don de la vida y de la fe. Y la fe nos dice que la amistad con Jesús es el regalo más maravilloso que podemos tener. Esa amistad con él nos hace buenos y nos lleva a compartir de tal manera que alcance para todos y aún sobre mucho. En esto consiste el poder del amor que descubrió nuestro santo, fiel discípulo de Jesucristo y gran misionero de su amor.

3. Hoy, que nos aflige la pandemia de la gripe, nos hace bien mirar a nuestro santo y aprender tantas cosas de su vida ejemplar como médico y como cristiano. San Pantaleón fue un gran médico del siglo IV, que curó a muchos enfermos en el cuerpo y en el alma. Utilizó la ciencia médica para aliviar y sanar los cuerpos. Pero como era un médico cristiano, mientras la medicina le servía para curar el cuerpo, la fe le ayudaba para sanar el alma de sus enfermos. Curó a muchos y al mismo tiempo los hizo amigos de Jesús. El amplio conocimiento que él tenía de la medicina no lo apartó de la fe. Él sabía que la fe no anula la razón, al contrario, la razón cuando está iluminada por la fe, se abre a un conocimiento más profundo de Dios, de las personas y actúa siempre a favor de la vida. Cuando la inteligencia se abre a la verdad, busca el mayor bien de las personas y de la naturaleza. En cambio, cuando la inteligencia se cierra sobre sí misma y se cree todopoderosa, va en contra de Dios, de las personas y de la creación.

4. El Papa Benedicto XVI, en su reciente encíclica Caritas in Veritate, nos recuerda que “sólo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador”. Somos caritativos en serio cuando vivimos en la verdad, es decir en Cristo y por Él. Él es el que hace verdadero nuestro servicio al prójimo; Él es quien lo purifica de los intereses egoístas y de la mentira, para que esté dirigido siempre al bien de los otros. La caridad llega al punto máximo cuando se la vive hasta el martirio, es decir, hasta dar la vida. San Pantaleón es mártir de Cristo. Él vivió su profesión por amor a Cristo y, por eso, en cada enfermo veía el rostro de su Amigo. Por eso también, mientras los curaba, les hablaba de Él. Esto le costó la vida, porque el Emperador Maximiliano, que no toleraba que se hablara de Jesús, mandó cortar la cabeza a su mejor médico. Así vemos cómo una razón nublada se vuelve irracional y mata la vida. En cambio, la razón y la fe, como las vivió San Pantaleón, llevaron vida, consuelo y esperanza a todos los que se encontraban con él. Las palabras del Papa lo confirman, cuando dice que “el desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor”.

5. Nosotros, que tenemos la dicha de contarnos entre los amigos y devotos de San Pantaleón, tendríamos que preguntarnos si estamos dispuestos a seguir su ejemplo. Preguntémonos si la profunda veneración y amistad que sentimos por él va junto con un deseo sincero de imitarlo con nuestra conducta. Al inicio dijimos que San Pantaleón fue un gran santo y también un regalo para la sociedad. Fue un cristiano ejemplar y un buen ciudadano. Amó a Dios y al prójimo. Fue obediente a las leyes de Dios y cumplió con sus obligaciones ciudadanas. Esto vale para todos los santos y santas. Esos varones y mujeres tomaron en serio la invitación que les hizo Jesús de seguirlo hasta la cruz y dar la vida por los otros. La cruz fue la gran señal que orientó la vida la vida de los santos.

6. La señal de la cruz orientó también la vida de San Pantaleón. Al respecto, él nos enseña dos cosas muy importantes. Una: para ser amigo de Dios hay que abrazar la cruz de Jesús, para que en ese abrazo él nos purifique de todo egoísmo y nos comunique su amor para que vivamos en la verdad. María, junto a la Cruz, nos enseña lo mismo, sobre todo hoy, que nos preparamos para el Centenario con el lema: “Discípulos y misioneros de Jesús, con María de Itatí, junto a la Cruz”. Y la otra cosa importante que nos enseña nuestro santo, es la siguiente: ese abrazo a Jesús Crucificado debe multiplicarse, como el pan, en muchos abrazos y servicios a los otros, especialmente a los enfermos, a los pecadores y a los pobres. Entonces sí, nuestra fiesta en honor de San Pantaleón será auténtica, nuestra devoción verdadera y Dios derramará muchas sobre nuestra comunidad.

7. En Corrientes, después del X Congreso Eucarístico Nacional, nos suenan muy fuertes y familiares aquellas palabras del lema, sacadas del relato de la multiplicación de los panes, que nos narra san Marcos, y que no aparecen en texto de San Juan que leímos hoy: “Denles ustedes de comer” (Mc 6,37). San Pantaleón, fiel testigo del amor de Jesús, nos enseña que para “dar de comer”, es decir, para trabajar a favor de la vida de todos, es necesario sacrificarse por entero, como lo hizo Jesús y como lo sigue haciendo hoy en los signos sacramentales del pan y del vino, cuerpo entregado y sangre derramada. Que nosotros, mientras participamos de este altar, a ejemplo de nuestro santo, asumamos el mandato de Cristo de “dar de comer”, pero empezando como lo hizo él, dando gracias a Dios, para que el pan material, pero también pan del amor, del perdón y de la reconciliación, se multiplique y llegue realmente a todos, especialmente a los niños, a los ancianos y a los pobres. “Seamos, como Iglesia, signo de esperanza”, haciendo realidad el lema que acompañó nuestra novena.

8. Este santo tiempo de la novena culmina alrededor del altar de la Palabra y del Sacrificio, pero no termina aquí. Lo que hemos visto y oído, lo que hemos celebrado y nos ha llenado de vida y esperanza, ahora se convierte en misión. Como misioneros, miramos a San Pantaleón, y lo vemos un hombre feliz, abrazado a la cruz de Jesús y descubriendo en ese abrazo que sólo el amor de Dios cura el corazón del hombre y lo abre, lleno de caridad, hacia los otros. También nosotros, si somos buenos discípulos de Jesús, si nos esforzamos por conocerlo, amarlo e imitarlo, vamos a sentir la misma felicidad que sintió San Pantaleón. Y como él, impulsados por el amor a Jesús y bajo el amparo de nuestra Madre de Itatí, lo multiplicaremos en gestos de amor y servicio a todos nuestros hermanos. Así sea.

Mons. Andrés Stanovnik OFMCap, arzobispo de Corrientes

San Pantaleón, mártir - 27 de julio


La historia cuenta que Pantaleón nació a principios del año 282 y vivió su corta vida (23 años) en la ciudad de Nicomedia, entonces perteneciente al Imperio Romano, y conocida actualmente con el nombre de Ismid, en proximidades de la ciudad de Estambul, Turquía Asiática.

Su madre era cristiana y se ocupó al comienzo de la educación del pequeño niño, iniciándolo en la Fe en Jesús, la que falleció cuando aún era muy chico, mientras que su padre, que era senador del gobierno romano y de ambición desmedida, le proporcionó los mejores maestros de literatura y luego lo puso a estudiar junto a Eufrosino, médico del emperador.

Su progreso en los estudios le dispensó a Pantaleón que el emperador lo nombrara su médico de cabecera. Es entonces que entabló amistad con Hermolao, anciano sabio que era amigo de su madre, quien le enseñaba sobre que al que tiene Fe en Jesucristo y en sus milagros también los puede llegar a hacer en su nombre y, aunque estas palabras al principio no calaban en el muchacho, el Señor iba depositando en su corazón puro y amante de la verdad su gracia.

Se cuenta que un día halló en su camino a un niño muerto por la mordedura de una serpiente que todavía se hallaba en el lugar, lo que conmovió las fibras de su corazón, e invocando el nombre de Jesús pidió la cura o resurrección de la criatura y la muerte del ofidio, contemplando luego para su asombro que el niño revivía y la serpiente moría, con lo que el Señor le quitó al joven médico todas las dudas que tenía sobre las enseñanzas de Hermolao.

Luego de ello, Pantaleón comenzó a prepararse para el Bautismo, porque quería ser un soldado de Cristo, e invitó a su padre para que también se bautizara, a lo que el mismo se negó. Pero Dios le puso en el camino a Antimo, un ciego de muy buena posición, el que había gastado mucho dinero en tratamientos sin resultados, al que el joven tocó sus ojos con las manos y, en nombre de Jesús, le devolvió la vista, provocando así la conversión de su inflexible padre.

Poco tiempo después su padre falleció, dejándole a Pantaleón una cuantiosa fortuna, que repartió entre los pobres, a quienes consideraba sus hermanos. En tanto, el emperador Diocleciano, inducido por los sacerdotes paganos, dictó leyes para perseguir a los cristianos, aunque como estimaba al joven médico no prestó oídos a las acusaciones en su contra.

En el año 313, al morir Diocleciano, lo sucedió Maximiliano, quien quiso disuadir a Pantaleón de su Fe, mandando que lo ataran a un poste y lo flagelaran, azotándolo con látigos y otros tormentos, quemándole luego las llagas con hierros y tizones encendidos. Viendo los torturadores que Pantaleón no experimentaba sufrimiento por los castigos, y que a cambio esto aumentaba la conversión de los presentes, decidieron poner fin a su vida, introduciéndolo en una caldera con plomo derretido. Este hecho, en lugar de causar su muerte, fue como un bálsamo que curó todas sus heridas y quemaduras.

Maximiliano, viéndose humillado al no poder quebrantar la Fe del Santo Médico, mandó atarlo de pies y manos y le colgaron del cuello una pesada piedra, para luego arrojarlo al mar, y Pantaleón salió flotando en la otra orilla, donde fue rescatado y desatado por sus amigos.

Preso nuevamente, fue llevado ante el Emperador, quien también mandó detener a Hermolao y decapitarlo por no ofrecerse a los dioses paganos. Pantaleón fue enviado al anfiteatro para que lo devoraran las fieras y ante la presencia de todos y de Maximiliano los leones cambiaron su actitud y le lamieron las manos, lo que provocó muchas conversiones al cristianismo. Luego fue preso nuevamente y atado a una gran rueda dentada, para arrojarlo a una barranca para que se destrozara el cuerpo del mártir, pero la rueda, en la primera vuelta, cortó las ligaduras, dejando a Pantaleón libre en el suelo.

El emperador, desesperado ante estas demostraciones divinas y milagrosas, quiso terminar de una vez con él, haciéndolo llevar y atar al tronco seco de un árbol en el centro de la plaza de Nicomedia, donde fue azotado, y cuando su sangre humedeció la tierra el añoso olivo dio muestras de vida y de su tronco aparecieron hojas y frutos, y Pantaleón, cansado de tantos tormentos, pidió a Dios que lo llevara consigo, por lo que su eterna vida se halla simbolizada en la estampa donde está el olivo que volvió a nacer.

Se dice que una mujer recogió su sangre del suelo, mezclada con tierra y musgo, y que aún se conserva. Cuando se conmemora su martirio, todos los 27 de julio de cada año, esa misma sangre, que está siempre coagulada, se licúa milagrosamente, lo cual es un hecho inexplicable para la ciencia y admirable aún para los incrédulos.

Este prodigio puede observarse en el relicario de la ciudad de Ravello (Italia) y también en Madrid (España), donde también se venera la sangre de San Pantaleón. San Pantaleón es muy devocionado por el pueblo en general, que acude habitualmente a él para pedirle y agradecerle su intercesión por su salud y la de sus seres queridos.

El Santuario de San Pantaleón en Argentina es el primero dedicado a este mártir. En 1942 fue entronizada una imagen suya traída de Borgo-Italia en la Parroquia de San Roque (otra iglesia de la zona). Luego el Arzobispado de Buenos Aires destinó los terrenos que había cedido la Municipalidad para la construcción del santuario. Actualmente existen dos santuarios contiguos: el nuevo se alza delante del viejo.

Oración a San Pantaleón


Padre Misericordioso,
Dios de todo consuelo,
que diste a San Pantaleón
el don de interceder por nosotros:
Danos por tu amor
la salud que te pedimos,
danos también un corazón grande y generoso
que te sepa ver a Vos en el rostro de los otros.
Padre Bueno y Todopoderoso,
por San Pantaleón te rogamos
nos concedas la paz y felicidad
que con Fe de Vos esperamos.
Amén.
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