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miércoles, 24 de octubre de 2012

San Antonio María Claret, fundador- 24 de octubre


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lunes, 24 de octubre de 2011

San Antonio María Claret, fundador- 24 de octubre


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domingo, 24 de octubre de 2010

San Antonio María Claret, fundador- 24 de octubre


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domingo, 22 de agosto de 2010

Consagración al Sagrado Corazón de María - San Antonio María Claret


¡Oh, María, Madre de Dios y Madre nuestra! A Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo enemigo de Dios y nuestro. Sus criterios de riquezas, honores y placeres. Sus escándalos y pecados.

Renunciamos a nuestras malas pasiones, y a las intrigas del demonio. Y nos comprometemos a conservar nuestra Fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por N. S. Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos

viernes, 6 de agosto de 2010

Nos apremia el amor de Cristo - San Antonio María Claret


Inflamados por el fuego del Espíritu Santo, los misioneros apostólicos han llegado, llegan y llegarán hasta los confines del mundo, desde uno y otro polo, para anunciar la palabra divina; de modo que pueden decirse con razón a sí mismos las palabras del apóstol san Pablo: Nos apremia el amor de Cristo.

El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. El verdadero amante ama a Dios y a su prójimo; el verdadero celador es el mismo amante, pero en grado superior, según los grados de amor; de modo que, cuanto más amor tiene, por tanto mayor celo es compelido. Y, si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquel que tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún límite.

Lo mismo practica con su prójimo, deseando y procurando que todos estén contentos en este mundo y sean felices y bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se pierda eternamente, que nadie ofenda a Dios y que ninguno, finalmente, se encuentre un solo momento en pecado. Así como lo vemos en los santos apóstoles y en cualquiera que esté dotado de espíritu apostólico.

Yo me digo a mí mismo: Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

De las obras de san Antonio María Claret, obispo
L´Egoismo vinto, Roma1869, 60; Autobiografía, cap, 34

sábado, 24 de octubre de 2009

Carta a un devoto del Purísimo e Inmaculado Corazón de María - San Antonio María Claret


San Antonio María Claret escribió esta carta en 1864, año en que se publicó el opúsculo Las tardes de verano, con el que guarda algunos paralelismos al exponer la doctrina sobre la Virgen. Le movió a ello la petición de un devoto que deseaba crecer cada día más en esta devoción. El Santo le dice: «No podíais pedir cosa más de mi gusto». Así manifestaba, una vez más, su profundo amor filial hacia la Virgen , que había crecido en su corazón ya desde la infancia.

En este opúsculo, que no se publicó en vida del Santo, se ofrece una base doctrinal a la devoción cordimariana, que tan hondamente caló en su alma de apóstol. Para mostrar toda la riqueza interior del Corazón de María, el P. Claret divide el tratadito en tres partes, indicando los tres motivos que solía dar para estimular a una devoción más fervorosa hacia la Virgen. Expone con rapidez el primer motivo: Dios lo quiere. Se detiene bastante en el segundo - las excelencias de la Vir ­gen -, apoyando su doctrina en Santo Tomás y en os Santos Padres. El tercer motivo - utilidad de esta devoción - lo desarrolla suficientemente, sirviéndose de uno de sus autores preferidos: San Alfonso María de Ligorio.

Tanto el estilo, sencillo y persuasivo, como el contenido, que respira hondo fervor mariano, son típicamente claretianos. El autor nos brinda en estas páginas una síntesis estupenda de los motivos de nuestra devoción cordimariana, de los pilares en que se funda y del amor en el que se inspira.

Advertimos que los títulos de las tres partes de la carta no son del P. Claret, sino nuestros.



Texto de Claret (con notas)

Muy señor mío: Acabo de recibir vuestra estimadísima carta, con que me pedís os diga alguna cosa para crecer cada día más y más en la devoción del inmaculado Corazón de María. Querido amigo, no me podíais pedir cosa más de mi gusto. Yo quisiera que todos los cristianos tuvieran hambre y sed de esta devoción. Amad, amigo mío, amad, y amad muchí­simo, a María *1.

Y para que suba más de punto vuestra devoción, y también para satisfacer vuestros deseos, os diré que debemos amar a María Santísima: 1.° Porque Dios lo quiere. 2.° Porque ella lo merece. 3.° Porque nosotros lo necesitamos, por ser ella un poderosísimo medio para obtener todas las gracias corporales y espirituales y, finalmente, la salud eterna *2.

1. Dios lo quiere

Debemos amar a María Santísima porque Dios lo quiere. Amar es querer bien al amado, es hacerle bien, es hacerle participante de sus bienes *3, pues el mismo Dios nos da ejemplo y nos excita a amar a María. El eterno Padre la escogió por Hija suya muy amada; el Hijo eterno la tomó por Madre, y el Espíritu Santo, por Esposa; toda la Santísima Trinidad la ha coronado por Reina y Emperatriz de cielos y tierra y la ha constituido dispensera de todas las gracias *4.

Debéis saber, amigo mío, que María Santísima es obra de Dios y es la más perfecta que ha salido de sus manos después de la humanidad de Jesucristo; en ella brillan de un modo muy particular *5 la omnipotencia, la sabiduría y la bondad del mismo Dios.

Es propio de Dios el dar las gracias a cada criatura según el fin a que la destina *6, y como Dios destinó a María para ser madre, hija y esposa del mismo Dios y madre del hombre, de aquí se infiere qué corazón le daría y con qué gracias la adornaría *7.

2. Ella lo merece

Debemos amar a María Santísima porque ella lo merece. María Santísima lo merece por el cúmulo de gracias que ha recibido sobre la tierra, por la eminencia de la gloria que posee en el cielo, por la dignidad casi infinita de Madre de Dios a que ha sido sublimada y por las prerrogativas adheren­tes a esta sublime dignidad.

María fue como el centro de todas las gracias y bellezas que Dios había distribuido a los ángeles, a los santos y a todas las criaturas *8. María había de ser la Reina y Señora de los ángeles y de los santos, y, por lo mismo, debía tener más gracias que todos ellos ya en el primer instante de su ser. María había de ser la Madre del mismo Dios. Es un principio de filosofía que entre la forma y las disposiciones de la materia ha de haber cierta proporción *9; la dignidad de Madre de Dios es aquí como la forma, y el corazón de María es la materia que ha de recibir esta forma. ¡Oh, qué cúmulo de gracias, virtudes y otras disposiciones se agrupan en aquel santísimo y purísimo corazón!

Desde que Dios determinó hacerse hombre, fijó la vista en María Santísima, y desde entonces dispuso todos los prepara­tivos necesarios, la hizo nacer de los patriarcas, profetas, sacerdotes y reyes *10, y todas las gracias de éstos reunió en María, y quiso que María fuese la nata y la flor de todos ellos. Además, la previno con bendiciones de dulzura y puso sobre su cabeza una corona de piedras preciosas *11, esto es, gracias y bellezas; pero mucho más enriqueció su corazón.

En el corazón de María se han de considerar dos cosas: el corazón material y el corazón formal, que es el amor y voluntad *12.

El corazón material de María es el órgano, sentido o instrumento del amor y voluntad *13; así como por los ojos vemos, por los oídos oímos, por la nariz olemos y por la boca hablamos, así por el corazón amamos y queremos *14.

Dicen los teólogos que las reliquias de los santos merecen veneración y culto: 1.° Porque han sido miembros vivos de Jesucristo. 2.° Porque han sido templos del Espíritu Santo. 3.° Porque han sido órganos de la virtud. 4.° Porque serán instru­mentos de la gracia y de milagros. 5.° Porque ellos serán glorificados después de la resurrección *15.

El corazón de María reúne estas propiedades y muchas otras más: 1.° El corazón de María no sólo fue miembro vivo de Jesucristo por la fe y la caridad, sino también origen, manantial de donde se tomó la humanidad *16. 2.° El corazón de María fue templo del Espíritu Santo y más que templo, pues que de la preciosísima sangre salida de este inmaculado *17 corazón formó el Espíritu Santo la humanidad santísima en las purísimas y virginales entrañas de María en el grande misterio de la encarnación *18. 3.° El corazón de María ha sido el órgano de todas las virtudes en grado heroico, y singularmente en la caridad para con Dios y para con los hombres *19. 4.° El corazón de María es, en el día, un corazón vivo, animado y sublimado en lo más alto de la gloria. 5.° El corazón de María es el trono en donde se dispensan todas las gracias y misericordias.

María es verdaderamente Madre de Dios. A la manera que [a] una mujer que ha parido un hombre se la llama y es madre de aquel hombre que parió, así también María Santísi­ma es y se llama con toda propiedad Madre de Dios, porque le concibió y parió; [a] la mujer que parió al hombre se la llama y es madre de todo aquel hombre, que es un compuesto del alma y cuerpo, y aunque el alma viene de solo Dios, así también María Santísima es Madre de Dios, porque ese divino compuesto de persona divina, alma racional y cuerpo natural es el término de la generación en las purísimas y virginales entrañas de María *20. Esta dignidad de Madre de Dios es la que más le enaltece, porque es una dignidad casi infinita, porque es madre de un ser infinito *2l; es más de cuanto posee en gracia y en gloria. Los doctores y Santos Padres dicen que por los frutos se conoce el árbol, según consta del Evangelio; pues ¿qué diremos de María, que ha dado a luz aquel bendito Fruto que tanto elogió Santa Isabel *22 cuando dijo: “¡Bendito el fruto de tu vientre! ¿De dónde a mí tanta dicha, que la madre de mi Señor me venga a ver?” *23.

Dice Santo Tomás que el fuego no prende en el leño hasta que éste tiene los mismos grados de calor que aquél *24; pues bien, si para que de la sangre del corazón de María se formase la humanidad a que se había de juntar la divinidad era preciso que tuviese una disposición cuasi divina, ¿qué diremos ahora de Marta si, además de considerarla Madre de Dios, junta­mos las demás gracias que después recibió de Jesús? *25. Jesús por donde pasaba hacía bien a todos *26, más o menos según la disposición en que los hallaba; ¿qué pensaremos de las gracias y beneficios que dispensaría a María, en que pasó no rápida­mente, sino que estuvo con mucha detención en sus entrañas nueve meses y a su lado treinta y tres años, y hallándose siempre con la más buena disposición y preparación para recibir los beneficios de Jesús? A estas gracias se han de juntar también las que recibió del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y, además, se han de añadir las que ella agenció con el ejercicio de tantas y tan heroicas virtudes en todo el decurso de su santísima y larga vida, acompañada de aquella continua y fervorosa meditación *27 en la que, según el profeta, se enciende la llama del divino amor *28. Al conside­rar San Buenaventura la gracia de María, exclama diciendo: «La gracia de María es una gracia inmensísima, multiplicísima»: Gratia Mariae, gratia est immensissima, gratia multiplicissima *29.

No sólo se han de considerar las gracias que María ha obtenido para ser y por haber sido Madre de Dios y las gracias que recibió de Jesucristo, del Espíritu Santo y ella se granjeó con su cooperación, sino también es indispensable fijar la atención en la multitud de incomparables prerrogativas que tan grande dignidad le han acarreado. Referiremos algunas:

1.ª De haber sido preservada del pecado original, a que indispensablemente había de incurrir a no haber sido ella la destinada para Madre del mismo Dios; para esto, Dios le dotó de un corazón inmaculado, purísimo, castísimo, humildísimo, mansísimo, santísimo, pues que de la sangre salida de este corazón se había de formar el cuerpo del Dios humanado.

2.ª De haber concebido y parido en el tiempo aquel mismo Hijo de Dios que el eterno Padre había engendrado en la eternidad *30. No lo dudes, dice San Buenaventura, el eterno Padre y la Virgen sagrada han tenido un mismo y único hijo *31.

3.ª Así como el eterno Padre tuvo este divino Hijo sin perder nada de su divinidad, así también la santísima Virgen María ha concebido y parido este mismísimo Hijo sin el menor detrimento de su santísima virginidad.

4.ª De haber tenido un legítimo poder para mandar al Señor absoluto de todas las criaturas, pues que éste es un derecho que la naturaleza da a todas las madres; derecho a que ha querido sujetarse gustosamente, pues dijo que había venido no para derogar la ley, sino para cumplirla con más perfección que los demás hombres 32; y el evangelista San Lucas nos da testimonio de cómo obedecía a su Madre y a San José: Et erat subditus eis *33. Mas este derecho hace tanto honor a María Santísima, que San Bernardo dice que no sabe qué es más digno de admiración, si el que Jesús obedezca a María o el que María pueda mandar a Jesús; porque, dice el Santo, el que Dios obedezca a una mujer es una humildad sin ejemplo y el que una mujer mande a un Dios es una elevación sin igual *34.

5.ª Ha sido la Esposa del Espíritu Santo de una mane­ra infinitamente más noble que las otras vírgenes, pues que las otras apenas merecen el ser aliadas a ese divino esposo en cuanto al alma, mientras que María lo ha sido no sólo en cuanto al alma, sino también en cuanto al cuerpo, aunque de la manera más casta. La alianza que ha habido entre el Espíritu Santo y las vírgenes castas sólo ha servido para la producción de los actos de virtudes, pero la alianza entre este divino Espíritu y María Santísima ha producido de una manera la más inefable el Señor de las virtudes, Cristo Señor nuestro.

6.ª Ha sido como el término, por decirlo [así], y la coronación de la Santísima Trinidad : María universum sanctae Trinitatis complementum *35, porque ha producido el más excelente fruto de su fecundidad ad extra, como dicen los teólogos; es decir, ha producido un Dios hombre. María ha producido un sujeto capaz de dar a la Santísima Trinidad un honor cual la Santísima Trinidad se merece; honor que todas las criaturas juntas, y aunque éstas se multiplicaran muchísimas veces, no eran capaces de pagar como lo hace el Hijo de María, Dios y hombre verdadero.

7.ª En haber sido hecha Reina y Señora de todas las criaturas por haber concebido y parido al Verbo divino, por quien fueron hechas todas las cosas, como dice San Juan *36.

3. Eficacia de esta devoción

Debemos amar a María y ser sus verdaderos devotos porque la devoción a María Santísima es un medio poderosísi­mo para alcanzar la salvación. Es la razón por que María puede salvar a sus verdaderos devotos, porque quiere y porque lo hace *37. María puede, porque es la puerta del cielo; María quiere, porque es la madre de misericordia *38; María lo hace, porque ella es la que obtiene la gracia justificante a los pecado­res, el fervor a los justos y la perseverancia a los fervorosos *39; por esto, los Santos Padres la llaman la rescatadora de los cautivos, el canal de la gracia y la dispensera de las misericor­dias *40. Por esto se ha dicho que el ser devoto de María es una señal de predestinación, así como es una marca de reprobación el no ser devoto o adverso de María *41.

La razón es muy clara. Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es *42 como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos: In Christo fuit plenitudo gratiae sicut in capite fluente; in Maria sicut in collo transfundente *43.

María por los Santos Padres es llamada la escala del cielo, porque por medio de María Dios ha bajado del cielo y por medio de María los hombres suben al cielo 44. Y cuando la Iglesia dice que esta Reina incomparable es la puerta del cielo y la ventana del paraíso *45, nos enseña con esas palabras que todos los elegidos, justos o pecadores, entran en la man­sión de la gloria por su mediación; con esta sola diferencia, que los justos entran por ella como por la puerta de llano, pero los pecadores por la ventana *46, que es María; por la escalera, que es María *47. Por tanto, amigo mío, en María, después de Jesús, hemos de poner toda nuestra confianza y esperanza de nuestra eterna salvación. Haec peccatorum scala, haec mea maxima fiducia est, haec tota ratio spei meae *48. Unica peccatorum advocata, portus tutissimus, naufragantium omnium salus *49. Peccatorem quantumlibet foetidum non horret... donec horrendo Judici miserum reconciliet *50.

¡Oh!, dichoso el que invoca a María con confianza, que él alcanzará el perdón de sus pecados, por muchos y por graves que sean; alcanzará la gracia y, finalmente, la gloria del cielo, que tanto deseo a usted y a todos.

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NOTAS

(*) El título completo es: Carta a un devoto del purísimo e inmaculado Corazón de María. El original autógrafo se encuentra en Mss. Claret, VIII, 521‑535. De ella se han hecho las siguientes ediciones: Carta inédita del Beato Claret sobre el Corazón de María: Boletín Secretariado Claretiano, enero-marzo 1940, n. 67‑69 pp. 2‑4; Carta inédita del Beato P. Claret sobre el Corazón de María: Iris de Paz 56 (1942) 1157‑1158 49‑50 (así la numeración del tomo); Carta a un devoto del inmaculado Corazón de María: Boletín interno de la Prov. de Cataluña CMF, núm. extr., 67‑69, julio‑septiembre 1949, pp. 47‑52; Carta a un devoto del purísimo e inmaculado Corazón de María en San Antonio María Claret, Escritos autobiográficos y espirituales (BAC, Madrid 1959) pp. 766‑772; Lozano, J. M., El Corazón de María en San Antonio María Claret (Ed. Coculsa, Madrid 1963) pp. 223‑239; Gil, J. M., Epistolario de San Antonio María Claret (Ed. Coculsa, Madrid 1970) vol. 2 pp. 1497‑1506 (edición crítica); En el centenario de San Antonio María Claret, apóstol de la devoción al inmaculado Corazón de María; texto íntegro de una carta de San Antonio María Claret sobre el amor que debemos a María Santísima: Cruzado Español 13 (1970) 167‑168.

* 1 No sabemos quién hizo esta petición al Santo. Pudo ser una de las muchas personas dirigidas por Claret o tal vez uno de sus misioneros. Lo cierto es que el Santo aprovecha la petición para escribir un breve tratado sobre la devoción al Corazón de María. «No me podíais pedir cosa más de mi gusto», dice a su destinatario. Aquí se ve, una vez más, la intensa devoción mariana del P. Claret, que le acompañó toda la vida, desde la infancia (cf. Aut. n. 43‑55) hasta su muerte (cf. Obsequio 1870 Claret, Escritos autobiográficos [BAC Madrid 1981] pp. 587‑588). Sobre su devoción cordimariana cf. Viñas, J. M., La devoción al Corazón de María según las enseñanzas del Beato P. Claret: Bol. Prov. Cataluña CMF 11 (1949) 201‑225; Tisnés, R. M., San Antonio María Claret y el Corazón de María: Bol. Prov. Colombia CMF 9 (1952) 44‑61.191‑203.255‑268; Ramos, C., Un apóstol de María (Barcelona 1954) 368 págs.; Lozano, J. M., El Corazón de María en San Antonio María Claret (Madrid 1963) 286 págs.; Leghisa, A., El Corazón de María y la Congregación en el momento actual (Roma 1978) 62 págs.

*2 Cf. Ducos, J.‑Ch., Le pasteur apostolique (París 1861) t. 1 p. 438. Claret toma la estructura de la carta de este autor y le sigue de cerca en la redacción de algunos párrafos.

*3 Cf. Santo Tomás, Summa theol. 2‑2 q. 23 a . 1c.

*4 En el original autógrafo, el P. Claret tachó la frase siguiente: «A fin de que nosotros la amemos y a ella acudamos siempre» (Mss. Claret, VIII, 522). Este párrafo, que habla de las relaciones de la Virgen con la Santísima Trinidad , lo ha tomado también de Ducos (o. c., p. 438). Ya en otras ocasiones, el Santo había indicado esta misma doctrina (cf. Carta pastoral sobre la Inmaculada [Santiago de Cuba 1855] pp. 3, 5 y 37; El colegial instruido [LR, Barcelona 1861] t. 2 p. 501).

*5 En el original autógrafo “partar”.

*6 Cf. Santo Tomás, Summa theol. 3 q. 27 a . 4c. En la segunda edición del opúsculo claretiano Tardes de verano en el real sitio de San Ildefonso llamado La Granja (LR, Barcelona 1865, p. 121) se leen estas palabras: «Es regla general que, cuando Dios elige a una criatura racional para una dignidad singular o para un estado sublime, le da todos los carismas de gracia que a la dignidad o estado de dicha persona son necesarios y convenientes a su esplendor» (San Bernardino de Siena, Sermo 10 a . 2 c. 1: Opera [Venetiis 1591] t. 3 p. 118 col. 2). Citado por San Alfonso María de Ligorio, Las glorias de María (Barcelona 1870) pp. 197‑198.

*7 Claret ve la filiación mariana, sobre todo, a través del Corazón de María, que encierra dos aspectos principales: uno amoroso y otro militante. María es la Madre del Amor Hermoso (cf. Aut. n. 447; Religiosas en sus casas [Barcelona 1850] p. 147): «Madre del divino amor..., amor os suplico; concedédmelo y quedaré contento». «Madre del Amor Hermoso..., conceded a los justos este divino amor; os lo ruego por el amor que Dios os tiene» (ib., p. 155). El Corazón de María es «fragua e instrumento del amor» (Aut. n. 447) y representa toda la vida interior de la virgen, siendo habita­ción y paraíso de Dios (cf. Religiosas en sus casas, ed. cit. p. 105), centro de sus recuerdos y meditaciones (cf. La colegiala instruida [Madrid 1864] pp. 423‑424) y copia exacta del Corazón de Jesús (Mss. Claret, VIII, 501: «El Corazón de María es la copia más exacta del Corazón de Jesús»). Pero el Corazón de María es, además, manantial de fuerza apostólica. Así lo vio en la Archicofradía del Corazón de María por haberlo leído y luego por experiencia propia. «Ayer - escribe a su amigo D. José Caixal el 2 de agosto de 1847 - fundamos la Archicofradía del Corazón de María. Ahora vamos a continuar la novena. Ya ha hecho y hace su fruto. Un gentío inmenso ha asistido a la función. Son muchas las parroquias que la piden» (EC, I, pp. 234). Y pocos días después, el 12 de agosto, le dice: «Quisiera que se hiciera correr por estas tierras y por toda España la novena al Corazón de María» (EC, I, p. 236). El mismo adjetivo inmaculado, con el que designa casi siempre al Corazón de María, indica el aspecto apostólico y militante de esta devoción, como sucede al hablar de la Inmaculada. Tanto el aspecto amoroso como el militante los tiene presentes sobre todo, cuando comenta el nombre de Hijos del Inmaculado Corazón de María dado a sus misione­ros (cf. Aut. n. 492‑494; Viñas, J. M., art. cit., pp. 201‑225).

*8 Cf. Ducos, J.‑Ch., o. c., pp. 438‑439.

*9 Cf. Santo Tomás, Summa theol. 3 q. 27 a . 5.

*10 Cf. Claret, Tardes de verano, ed. cit., p. 173.

*11 Cf. Sal 20, 4.

*12 Cf. Gallifet, J. De l’excellence de la dévotion au Coeur adorable de Jésus‑Christ (Paris 1861) t. 1 p. 46ss; Mss. Claret, VIII, 502.

*13 Cf. Gallifet, J., o. c. pp. 264ss.

*14 Cf. Castiglione, L., Il Cuore di Maria aperto a tutti (Napoli 1850) p. 4, Mss. Claret, VIII, 502.

*15 «Si veneramos las reliquias de los santos, ¡cuánto más el Corazón de María! ¡Qué reliquia más insigne!» (Mss. Claret, VIII, 503). Este mismo argumento lo utilizaban San Juan Eudes y el P. Gallifet (o. c., p. 75).

*16 Debido al influjo de Gallifet, el corazón como órgano material ocupa aquí el primer plano. sin embargo, Claret insiste casi siempre en el corazón espiritual y en lo que él significa y representa.

*17 En el original autógrafo, el Santo tachó la palabra “purísimo” y escribió encima “inmaculado”.

*18 Los escritores espirituales han indicado con frecuencia las relaciones existentes entre el Corazón de María y la encarnación del Verbo. La M. Agreda habla de las tres gotas de sangre del Corazón de María con las que las tres personas de la Trinidad formaron el cuerpo del Señor (cf. Mística ciudad de Dios, LR [Barcelona 1860] t. 3 p. 239). A ello alude San Juan de Avila en un sermón sobre la Asunción (cf. Obras completas, BAC [Madrid 1970] t. 3 p. 168). Cayetano había combatido esta teoría, llamándola «error nuevo nacido en nuestros días». El P. Claret había aludido a esta opinión en el Catecismo explicado (Barcelona 1849, p. 69). En 1864, al ser sometido el Catecismo único a la censura de Roma, el censor pidió que se quitara la mención de las tres gotas de sangre, fundándose en el comentario de Cayetano a Santo Tomás (q. 31 a . 6). El Santo suprimió el lugar citado por el censor y halló dos argumentos que le convencieron: el ser contrario a la Sagrada Escritura y a la maternidad divina de María, marcando al margen dichos pasajes (cf. Summa theologica cum Commentariis Thomae de Vio Cardinalis Caietani [Roma 1773] t. 7 p. 401. Ex libris). Desde entonces en las ediciones del Catecismo se suprimió esa mención y el Santo corrigió el texto de esta carta, añadiendo las palabras “salida" y “en las entrañas de María”. Esto nos permite datar la Carta a un devoto del purísimo e inmaculado Corazón de María, que debió de ser redactada no mucho antes de abril de 1864, fecha en que recibió la censura romana del Catecismo (cf. Fernández, C., El Beato Antonio María Claret [Madrid 1946] t. 2 p. 547).

*19 Cf. Gallifet, J., o. c., p. 264ss.

*20 Cf. Claret, Tardes de verano, ed. cit., p. 123; Santo Tomás, Summa theol. 3 q. 35 a . 4c.

*21 Cf. Santo Tomás de Villanueva, Sermón 3 para la Natividad de la Virgen : Obras, BAC (Madrid 1952) p. 203. Afirmaciones parecidas se encuentran en San Bernardino, San Buenaventura y Suárez (cf. San Alfonso María de Ligorio, Las glorias de María [Barcelona 1870] pp. 332‑334).

*22 En el original autógrafo, tachado, “que se exclamó Santa Isabel”.

*23 Lc 1, 42. Claret toma este párrafo casi literalmente de Ducos, J.‑Ch., o. c., p. 440.

*24 Cf. Summa Theol. 3 q. 27 a . 5 ad 2. El ejemplo de Santo Tomás se refiere a la preparación de la Virgen para la maternidad divina.

*25 Cf. Santo Tomás, ib.

*26 Cf. Hch 10, 38.

*27 Cf. Lc 2, 19: María... conservaba todas estas cosas dentro de sí ponde­rándolas en su corazón. Texto marcado con una raya marginal en el ejemplar del Nuevo Testamento de Torres Amat.

*28 Cf. Sal 39, 4. Frase frecuentemente citada por el P. Claret al hablar de la oración.

*29 El manuscrito autógrafo cita el Speculum c. 1. Se refiere al Speculum Beatae Mariae Virginis, atribuido hoy a Conrado de Sajonia (cf. Bibliotheca Franciscana Medii Aevi [Quaracchi 1904] t. 2 introd. p. 9.127).

*30 La doctrina sobre estas prerrogativas de María, de la 2 a la 7, las toma de Ducos, J.‑CH., o. c., pp. 441‑442.

*31 Cf. Speculum Beatae Mariae Virginis c. 6 p. 83. En realidad, la frase citada por Conrado de Sajonia es de San Bernardo (Sermo 2 de Annuntiatio­ne n. 2: PL 183, 391: Obras completas, BAC [Madrid 1953] t. l, p. 666).

*32 Cf. Mt 5, 17.

*33 Lc 2, 51: Y les estaba sujeto. Texto marcado en el Nuevo Testamento de Torres Amat.

*34 Cf. Homil. 1 super “Missus est” n. 7ss: PL 183, 59ss: Obras completas, BAC, ed. cit., t. 1 p. 190.

*35 Hesiquio de Jerusalén, Homil. 2 de Beata Virgine: PG 93, 1461. Claret cita esta frase en su libro Tardes de verano (ed. cit., p. 133). Lo leyó en Ducos, J.‑Ch., o. c., p. 442, n. 2. El sentido de la frase no es el que tradicionalmente le han dado los autores espirituales. La palabra complementum, que responde a la palabra griega pléroma, no significa en el contexto de Hesiquio complemento, sino morada, habitación.

*36 Cf. Jn 1, 3.

*37 Cf. Ducos, J ‑Ch., o. c., p. 444.

*38 Cf. San Bernardo, Sermo 1 de Assumptione n. 1: Obras completas, BAC, ed. cit., t. 1 p. 703.

*39 Cf. Speculum Beatae Mariae Virginis, c. 6.

*40 Claret tachó “gracias” y escribió encima “misericordias”. Estas frases las toma también de Ducos, J.‑Ch., o. c., p. 42.

*41 Cf. ib., p. 443.

*42 “Cuello” tachado. Después escribió “como el cuello”.

*43 El manuscrito autógrafo, copiando a Ducos, cita a San Jerónimo. Se refiere al texto tradicional de la Carta a Paula y Eustoquio sobre la Asunción (PL 30, 16ss), que hoy se atribuye a Pascasio Radberto. En realidad, este autor no llama a la Virgen cuello del Cuerpo místico. El primero que lo dijo fue Ubertino de Casale comentando las palabras del Pseudo‑Jerónimo (cf. Arbor vitae crucifixae); cf. San Pedro Damián, Sermo 46: PL 144,753; San Agustín, Sermo 123 n. 2: PL 39,1991; De praedestinatione sanctorum 15 31: PL 44,982‑983; San Fulgencio, Sermo 36: PL 65, 899. También se halla esta idea en Germán de Tournai, que afirma: «Collum inter caput et corpus medium est, caputque iungit corpori. Collum ergo sanctae Ecclesiae competenter Domina nostra intelligitur quae, inter Deum et homines Media­trix existens, dum Dei Verbum incarnatum genuit, quasi caput corpori, Christum Ecclesiae, divinitatemque humanitati nostrae coniunxit» (Tractatus de Incarnatione Christi 8: PL 180, 30). Aparece también con nitidez en San Bernardino de Siena, que dice: «Sicut per collum spiritus vitales a capite diffunduntur per corpus: sic per virginem a capite Christo vitales gratiae in eius mysticum corpus, et specialius in amicos atque devotos, continue transfunduntur» (Sermo 5 de Nativ. B. M. V. c. 8).

*44 Cf. el himno Ave, maris stella... felix caeli porta; San Bernardo, In vigilia Nativit. Domini. sermo 3 n. 10 (PL 183, 100): «Nada ha querido Dios que tengamos que no pase por las manos de María» (Obras completas, BAC, ed. cit., t. 1 p. 247).

*45 San Pedro Damián, Sermo 46: PL 144, 753: «fenestra caeli, ianua paradisi..., scala caelestis», San Bernardo, In Nat. B. M. V. sermo de aquaeductu n. 7 (PL 183, 441): «scala peccatorum» (Obras completas, BAC, ed. cit., t. 1 p. 741).

*46 En el original autógrafo escribió: “escalando por la penitencia”, frase que después tachó.

*47 Cf. Ducos, J.‑Ch., o. c., p. 443. Recordemos que el P. Claret había escrito un opúsculo titulado La escalera de Jacob y puerta del cielo, o sean súplicas a María Santísima (Barcelona 1846) 32 págs.

*48 San Bernardo, Sermo de nativitate de aquaeductu n. 7: Obras comple­tas, BAC, ed. cit., t. 1 p. 741: «Esta es la escala de los pecadores, ésta es mi mayor confianza, ésta es toda la razón de la esperanza mía».

*49 San Efrén, Sermo de laudibus Beatae Virginis: «Ella es la única abogada de los pecadores, puerto segurísimo y salvación de todos los náufragos».

*50 «No se horroriza del pecador, aunque sea fétido..., con tal de poder reconciliarle con el tremendo juez» (San Bernardo, In deprecat. ad B. Virg.). Citado por Ducos, J.‑Ch., o. c., t. 1 p. 443 nt. 3).

NOTA: Este opúsculo claretiano se ha publicado en el volumen: San Antonio María Claret, Escritos Espirituales (BAC, Madrid 1985) pp. 496‑506; y en: San Antonio María Claret, Escritos Marianos (Publicaciones Claretianas, Madrid 1989) pp. 382‑292.

Fuente: claret.org

San Antonio María Claret, fundador- 24 de octubre

Antonio Claret y Clará nacía en Sallent (Barcelona, España) el 23 de Diciembre de 1807. Era el quinto de once hijos de Juan Claret y Josefa Clará.
Entre los telares. Toda su adolescencia la pasó Antonio en el taller de su padre. Pronto consiguió llegar a ser maestro en el arte textil. Para perfeccionarse en la fabricación pidió a su padre que le permitiera ir a Barcelona, donde la industria estaba atrayendo a numerosos jóvenes. Allí se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Trabajaba de día, y de noche estudiaba. Aunque seguía siendo un buen cristiano, su corazón estaba centrado en su trabajo. Gracias a su tesón e ingenio llegó pronto a superar en calidad y belleza las muestras que llegaban del extranjero

Un grupo de empresarios, admirados de su competencia, le propusieron un plan halagüeño: fundar una compañía textil corriendo a cuenta de ellos la financiación y el montaje de la fábrica. Pero Antonio, inexplicablemente, se negó. Dios andaba por medio. Unos cuantos hechos -el haber tropezado con un compañero que acabó en la cárcel, el lazo tentador de la mujer de un amigo, el salir ileso milagrosamente del mar donde había sido arrastrado por una gigantesca ola, etc.- le hicieron más sensible el oído a la voz de Dios. Por fin, las palabras del Evangelio: "¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?" (Mt 16,26), le impresionaron profundamente. Los telares se pararon en seco, y Antonio se fue a consultar a los oratorianos de San Felipe Neri. Por fin tomó la decisión de hacerse cartujo y así se lo comunicó a su padre. Su decisión de ser sacerdote llegó a oídos del obispo de Vic, D. Pablo de Jesús Corcuera, que quiso conocerle. Antonio salía de Barcelona a principios de septiembre de 1829 camino de Sallent y Vic. Tenía 21 años y estaba decidido a ser sacerdote.

SACERDOTE, MISIONERO APOSTÓLICO Y FUNDADOR (1829-1850)

En el seminarioEn el seminario de Vic, forja de apóstoles, Claret se formó como seminarista externo viviendo como fámulo de Don Fortià Bres, mayordomo del palacio episcopal. Pronto iba a destacar por su piedad y por su aplicación. Eligió como su confesor y director al oratoriano P. Pere Bac. Después de un año llegó el momento de llevar a cabo su decisión de entrar en la cartuja de Montealegre, y hacia allí salió, pero una tormenta de verano que lo sorprendió en el camino dio al traste con sus planes. Tal vez Dios no le quería de cartujo. Dio media vuelta y retornó a Vic. Fue al año siguiente cuando pasó la prueba de fuego de la castidad en una tentación que le sobrevino un día en que Antonio yacía enfermo en la cama. Vio que la Virgen se le aparecía y, mostrándole una corona, le decía: "Antonio, esta corona será tuya si vences". De repente, todas las imágenes obsesivas desaparecieron.Bajo la acertada guía del obispo Corcuera el ambiente del Seminario era óptimo. En él trabó amistad con Jaime Balmes, que se ordenaría de Diácono en la misma ceremonia en que Claret se ordenó de Subdiácono. Fue en esta época cuando Claret entró en un profundo contacto con la Biblia, que le impulsaría a un insaciable espíritu apostólico y misionero.

Sacerdote

A los 27 años, el 13 de junio de 1835, el obispo de Solsona, Fray Juan José de Tejada, ex-general de los Mercedarios, le confería, por fin, el sagrado orden del Presbiterado. Su primera misa la celebró en la parroquia de Sallent el día 21 de junio, con gran satisfacción y alegría de su familia. Su primer destino fue precisamente Sallent, su ciudad natal.A la muerte de Fernando VII la situación política española se había agravado. Los constitucionales, imitadores de la Revolución francesa, se habían adueñado del poder. En las Cortes de 1835 se aprobaba la supresión de todos los Institutos religiosos. Se incautaron y subastaron los bienes de la Iglesia y se azuzó al pueblo para la quema de conventos y matanza de frailes. Contra este desorden pronto se levantaron las provincias de Navarra, Cataluña y el País Vasco, estallando la guerra civil entre carlistas e isabelinos. Pero Claret no era político. Era un apóstol. Y se entregó en cuerpo y alma a los quehaceres sacerdotales a pesar de las enormes dificultades que le suponía el ambiente hostil de su ciudad natal. Su caridad no tenía límites. Por eso, los horizontes de una parroquia no satisfacían el ansia apostólica de Claret. Consultó y decidió ir a Roma a inscribirse en Propaganda Fide, con objeto de ir a predicar el Evangelio a tierras de infieles. Corría el mes de septiembre de 1839. Tenía 31 años.

En Roma busca su identidad misionera

Con un hatillo y sin dinero, a pie, un joven cura atravesó los Pirineos camino de la ciudad eterna. Llegado a Marsella tomó un vapor a Roma. Ya en la Ciudad Eterna, Claret hizo los ejercicios espirituales con un padre de la Compañía de Jesús. Y se sintió llamado a ingresar como novicio jesuita. Había ido a Roma para ofrecerse como misionero del mundo, pero Dios parecía no quererle ni misionero ad gentes ni tampoco jesuita. Una enfermedad -un fuerte dolor en la pierna derecha- le hizo comprender que su misión estaba en España. Después de tres meses abandonó el noviciado por consejo del P. Roothaan.Regresado a España, fue destinado provisionalmente a Viladrau, pueblecito entonces de leñadores, en la provincia de Gerona. En calidad de Regente (el párroco era un anciano impedido) emprendió su ministerio con gran celo. Tuvo que hacer también de médico, porque no lo había ni en el pueblo ni en sus contornos.

Misionero Apostólico en Cataluña

Como Claret no había nacido para permanecer en una sola parroquia, su espíritu le empujó hacia horizontes más vastos. En julio de 1841, cuando contaba 33 años, recibió de Roma el título de Misionero Apostólico. Por fin era alguien destinado al servicio de la Palabra, al estilo de los apóstoles. Esta clase de misioneros había desaparecido desde san Juan de Avila. A partir de entonces su trabajo fue misionar. Vic iba a ser su residencia. Claret, siempre a pie, con un mapa de hule, su hatillo y su breviario, caminaba por la nieve o en medio de las tormentas, hundido entre barrancos y lodazales. Se juntaba con arrieros y comerciantes y les hablaba del Reino de Dios. Y los convertía. Sus huellas quedaron grabadas en todos los caminos. Las catedrales de Solsona, Gerona, Tarragona, Lérida, Barcelona y las iglesias de otras ciudades se abarrotaban de gente cuando hablaba el Padre Claret.Caminando hacia Golmes le invitaron a detenerse porque sudaba; él respondía con humor: "Yo soy como los perros, que sacan la lengua pero nunca se cansan"."Padre, confiese a mi borrico" -le dijo un arriero con tono burlón. "Quien se ha de confesar eres tú -respondió Claret- que llevas 7 años sin hacerlo y te hace buena falta". Y aquel hombre se confesó.En otra ocasión sacó de apuros a un pobre hombre, contrabandista, convirtiendo en alubias un fardo de tabaco ante unos carabineros que les echaron el alto. La mayor sorpresa se la llevó el buen hombre cuando, al llegar a su casa, observó que el fardo de alubias se había convertido de nuevo en tabaco. Son algunas de las "florecillas claretianas" de aquella época.Otros hechos prodigiosos se cuentan, pero sobre todo se destacaba su virtud de penetrar las conciencias. Tenía enemigos que le calumniaban y que procuraban impedir su labor misionera teniendo que salir en su defensa el arzobispo de Tarragona. Pero su temple era de acero. Todo lo resistía y salía airoso de todas las emboscadas que le tendían.Además de la predicación el P. Claret se dedicaba a dar Ejercicios Espirituales al clero y a las religiosas, especialmente en verano. En 1844 , por ejemplo, los daba a las Carmelitas de la Caridad de Vic, asistiendo a ellos santa Joaquina Vedruna. Durante este tiempo también publicó numerosos folletos y libros. De entre ellos cabe destacar el "Camino Recto", publicado en 1843 por primera vez y que sería el libro de piedad más leído del siglo XIX. Tenía 35 años. En 1847 fundaba junto con su amigo José Caixal, futuro obispo de Seu D'Urgel, y Antonio Palau la Librería Religiosa. Ese mismo año fundaba la Archicofradía del Corazón de María y escribía los estatutos de La Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la Humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.Es larga y digna de mención la lista de discípulos y compañeros que tuvo en aquella época, hombres que quedarían inscritos en la historia eclesiástica catalana: Esteban Sala, Manuel Subirana, beato Francisco Coll, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas...

Apóstol de Canarias

El 6 de marzo de 1848 salía hacia Madrid y Cádiz camino de Canarias con el recién nombrado obispo D. Buenaventura Codina. Tenía 40 años. Y es que tras la nueva rebelión armada de 1847 ya no era posible dar misiones en Cataluña. Desde el Puerto de la Luz de Gran Canaria hasta los ásperos arenales de Lanzarote resonó la convincente voz de Claret. Misionó Telde, Agüimes, Arucas, Gáldar, Guía, Firgas, Teror... El milagro de Cataluña se repitió de nuevo. Claret tuvo que predicar en las plazas, sobre los tablaos, al campo libre, entre multitudes que lo acosaban. A pesar de una pulmonía no cejó en su intenso trabajo. En Lanzarote dio misiones en Teguise y Arrecife.Gastó 15 meses de su vida en las Canarias, y dejó atrás conversiones y prodigios, profecías y leyendas. Los canarios vieron partir con lágrimas en los ojos un día a su padrito y lo despidieron con añoranza. Era en los últimos días de mayo de 1849. Aún perdura su recuerdo.

Fundador de la Congregación de Misioneros Hijos del Ido. Corazón de María

Poco después de su vuelta a Cataluña, el 16 de julio de 1849, a las tres de la tarde en una celda del seminario de Vic fundaba la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, idea que venía madurando desde hacía tiempo. Tenía 41 años. Eran los Confundadores los PP. Esteban Sala, José Xifré, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet."Hoy comienza una grande obra" -dijo el P. Claret.No era Claret un seudocarismático que hablara en nombre propio, sino que se sentía impulsado por Dios; y Dios le reveló tres cosas: primera, que la Congregación se extendería por todo el mundo; segunda, que duraría hasta el fin de los tiempos; tercera, que todos los que murieran en la Congregación se salvarían.

ARZOBISPO DE CUBA (1850-1857)

Nombramiento: Un hecho de capital importancia puso pronto en peligro su recién fundado Instituto. El P. Claret era nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba. Aceptó el cargo, después de todos los intentos de renuncia, el 4 de octubre de 1849 y el día 6 de octubre de 1850 era consagrado obispo en la catedral de Vic. Tenía 42 años. El lema que eligió para su escudo arzobispal fue todo un proyecto de vida: "Charitas Christi urget nos" (el amor de Cristo nos apremia). Antes de embarcarse para Cuba y después de ir a Madrid a recibir el palio y la gran cruz de Isabel la Católica efectuó tres visitas: a la Virgen del Pilar, en Zaragoza, a la Virgen de Montserrat y a la Virgen de Fusimaña, en Sallent, su patria chica. Y aún le dio tiempo, antes de partir, para concebir una nueva fundación, las Religiosas en sus Casas o las Hijas del Inmaculado Corazón de María, actual Filiación Cordimariana. En el puerto de Barcelona un inmenso gentío despidió al Arzobispo Claret con una apoteósica manifestación.

En Cuba

En el viaje hacia La Habana aprovechó para dar una misión a bordo para todo el pasaje, oficialidad y tripulación. Y al fin... Cuba. Seis años gastaría Claret en la diócesis de Santiago de Cuba, trabajando incansablemente, misionando, sembrando el amor y la justicia en aquella isla en la que la discriminación racial y la injusticia social reinaban por doquier.Se enfrentó a los capataces, les arrancó el látigo de las manos. Un día reprendió a un rico propietario que maltrataba a unos nativos de color que trabajaban en su hacienda. Viendo que aquel hombre no estaba dispuesto a cambiar de conducta, el Arzobispo intentó darle una lección. Tomó dos trozos de papel, uno blanco y otro negro, les prendió fuego y pulverizó las cenizas en la palma de su mano. "Señor, -le dijo- ¿podría decir qué diferencia hay entre las cenizas de estos dos papeles? Pues así de iguales somos los hombres ante Dios".El P. Claret tenía una capacidad inventiva que denotaba un ingenio poco común. En Holguín se organizaron fiestas populares. El número fuerte del programa era el lanzamiento de un globo tripulado por un hombre. El artefacto aerostático era de los primeros que se ensayaban en aquellos tiempos. No tuvo éxito; comenzó a elevarse, pero el piloto perdió el control y cayó en un pequeño barranco. El Arzobispo estudió el problema y un día sorprendió a todos: "Hoy he dado con el sistema de la dirección de los globos". Y les mostró un diseño, que todavía hoy se conserva. Era un hombre práctico. Fundó en todas las parroquias instituciones religiosas y sociales para niños y para mayores; creó escuelas técnicas y agrícolas, estableció y propagó por toda Cuba las Cajas de Ahorros, fundó asilos, visitó cuatro veces todas las ciudades, pueblos y rancherías de su inmensa diócesis. Siempre a pie o a caballo. También supo rodearse de un equipo envidiable de grandes misioneros como los PP. Adoaín, Lobo, Sanmartí y Subirana.Una de las obras más importantes que llevó a cabo el P. Claret en Cuba fue la fundación, junto con la Madre Antonia París, de las Religiosas de María Inmaculada, Misioneras Claretianas, que tenía lugar después de muchas dificultades el 27 de agosto de 1855 con la profesión de la Fundadora.Pero ni siquiera en Cuba le dejaron en paz sus enemigos. La tormenta de atentados llegó al culmen en Holguín, donde fue herido gravemente cuando salía de la iglesia por un sicario a sueldo de sus enemigos al que había sacado poco antes de la cárcel. El P. Claret pidió que perdonaran al criminal. A pesar de todo sus enemigos siguieron sin perderle de vista.Al cabo de seis años en Cuba un día le entregaron un despacho urgente del capitán general de La Habana en el que se le comunicaba que su Majestad la Reina Isabel II le llamaba a Madrid. Era el 18 de marzo de 1857.

APÓSTOL EN MADRID (1857-1868)

Confesor de la Reina y Misionero en la Corte y en España. Llegado a Madrid, supo el P. Claret que su cargo era definitivamente el de confesor de la Reina. Contrariado aceptó, pero poniendo tres condiciones: no vivir en palacio, no implicarle en política y no guardar antesalas teniendo libertad de acción apostólica. Tenía 49 años cuando regresó de Cuba. En los 11 años que permaneció en Madrid, su actividad apostólica en la Corte fue intensa y continuada. Pocas fueron las iglesias y conventos donde su voz no resonara con fuerza y convicción. Desde la iglesia de Italianos, situada en la actual ampliación de las Cortes y desde la iglesia de Montserrat, donde está situado actualmente el Teatro Monumental, desarrolló una imparable actividad. Principalmente se hizo notar en sus misiones al pueblo y en sus ejercicios al clero. Mientras acompañaba a la Reina en sus giras por España aprovechaba también para desarrollar un intenso apostolado. A primeros de junio de 1858 la real caravana rodaba por las llanuras de la Mancha, Alicante, Albacete, Valencia... Luego al noroeste de España: León, cuenca minera de Mieres y Oviedo, Galicia, Baleares, Cataluña, Aragón y Andalucía. El recorrido por el sur fue de un gran entusiasmo, que aprovechaba el confesor real para misionar por todas partes, llegando a predicar en un solo día 14 sermones: Córdoba, Sevilla, Cádiz, Granada, Málaga, Cartagena y Murcia. Más tarde otra vez por el norte: País Vasco, Castilla la Vieja y Extremadura. El Reino de Dios era anunciado y el pueblo respondía con generosidad.

Presidente del Monasterio de El Escorial

La Reina le nombró Presidente del Real Monasterio de El Escorial para su restauración, dado su lastimoso estado a raíz de la ley de exclaustración de 1835. Desempeñó este cargo desde el año 1859 hasta el año 1868. Corto tiempo, pero suficiente para dar muestras de su talento organizador. Se repararon las torres y alas del edificio, así como la gran basílica. Se restauraron el coro y los altares, se instalaron dos órganos, se adquirió material científico para los gabinetes de Física y laboratorios de Química, se restauró la destartalada biblioteca y se construyó otra nueva; se repoblaron los jardines, se plantaron gran cantidad de árboles frutales y de jardín. Con todo, el Arzobispo ponía anualmente en manos de la Reina un buen superavit. Parecía un milagro.Con la restauración material emprendió la espiritual. Creó una verdadera Universidad eclesiástica, con los estudios de humanidades y lenguas clásicas, lenguas modernas, ciencias naturales, arqueología, escolanía y banda de música. Estudios de Filosofía y Teología, con Patrística, Liturgia Moral y ciencias Bíblicas, lenguas caldaica, hebrea, arábiga, etc. Con la ayuda inestimable de su colaborador de Cuba, D. Dionisio González de Mendoza, hizo de este monasterio uno de los mejores centros de España. Y gracias a su afán recuperó su esplendor la octava maravilla del mundo.

Apóstol de la prensa

"Antonio, escribe", -sintió que le decían Cristo y la Virgen-. Como una enorme y sensible pantalla de radar, Claret escrutaba continuamente los signos de los tiempos: "Uno de los medios que la experiencia me ha enseñado ser más poderoso para el bien es la imprenta, -decía-, así como es el arma más poderosa para el mal cuando se abusa de ella". Escribió unas 96 obras propias (15 libros y 81 opúsculos) y otras 27 editadas, anotadas y a veces traducidas por él. Sólo si se tiene en cuenta su extrema laboriosidad y las fuerzas que Dios le daba, se puede comprender el hecho de que escribiera tanto llevando una dedicación tan intensa al ministerio apostólico. Claret no era solamente escritor. Era propagandista. Divulgó con profusión los libros y hojas sueltas. En cuanto a su difusión alcanzó cifras verdaderamente importantes. Jamás cobraba nada de la edición y venta de sus libros; al contrario, invertía en ello grandes sumas de dinero. ¿De dónde lo sacaba? De lo que obtenía por sus cargos y de los donativos. "Los libros -decía- son la mejor limosna".El año 1848, como ya hemos dicho, había fundado la Librería Religiosa junto al Dr. Caixal, futuro obispo de Seo de Urgel, precedida por la Hermandad espiritual de los libros buenos, que durante los años que estuvo bajo su dirección hasta su ida a Cuba imprimió gran cantidad de libros, opúsculos y hojas volantes, con un promedio anual de más de medio millón de impresos. En el primer decenio de la fundación recibió la felicitación personal del Papa Pío IX. Aún sacerdote había fundado la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, cuya finalidad era la de mantener permanentemente la difusión de los libros y que constituyó uno de los primeros ensayos de apostolado seglar activo por estar integrada por sacerdotes y seglares de ambos sexos.Una de sus obras más geniales fue la fundación de la Academia de San Miguel (1858). En ella pretendía agrupar las fuerzas vivas de las artes plásticas, el periodismo y las organizaciones católicas; artistas, literatos y propagandistas de toda España para la causa del Señor. En nueve años se difundieron gratuitamente numerosos libros, se prestaron otros muchos y se repartió un número incalculable de hojas sueltas. He aquí algunos nombres de los que pertenecieron a ella según su principal biógrafo, el P. Cristóbal Fernández: el ministro Sr. Lorenzo Arrazola, los periodistas Carbonero y So y Ojero de la Cruz, el catedrático Vicente de la Fuente. Llegando su influencia a literatos de la talla de Ayala y Hartzenbusch.Y fundó las bibliotecas populares en Cuba y en España, donde más de un centenar llegaron a funcionar en los últimos años de su vida. Bien merece el P. Claret el título de apóstol de la prensa.

Director espiritual y confundador

La obra más significativa del P. Claret fue la fundación de la Congregación de Misioneros Hijos del Corazón de María. Pero en la espléndida floración de nuevos institutos religiosos que se operó en el siglo XIX, fue el confesor real el más decidido colaborador que se encontraron casi todos los fundadores y fundadoras de su tiempo.Con la Madre París ya había fundado en Cuba el año 1855 el Instituto de Religiosas de María Inmaculada, llamadas Misioneras Claretianas, para la educación de las niñas. Bajo su dirección espiritual se incluyen santa Micaela del Santísimo Sacramento, fundadora de las Adoratrices, y santa Joaquina de Vedruna, fundadora de las Carmelitas de la Caridad. Intervino directa o indirectamente en otras fundaciones. Se relacionó con Joaquín Masmitjà, fundador de las Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, con D. Marcos y Dña. Gertrudis Castanyer fundadores de las Religiosas Filipenses, con María del Sagrado Corazón fundadora de las Siervas de Jesús, con la Beata Ana Mogas fundadora de las Franciscanas de la Divina Pastora. Le encontramos con el beato Francisco Coll fundador de las Dominicas de la Anunciata. También tuvo parte en la fundación de las Esclavas del Corazón de María, de la M. Esperanza González. Y habría que añadir su influjo en la Compañía de Santa Teresa, Religiosas de Cristo Rey, etc. Todas estas instituciones nacieron o germinaron gracias al P. Claret.

Un hombre santo

La suntuosidad cortesana no impidió al P. Claret vivir como el religioso más observante. Cada día dedicaba mucho tiempo a la oración. Su austeridad era proverbial y su sobriedad para las comidas y bebidas, admirable. Este era su horario: dormía apenas seis horas levantándose a las tres de la mañana; antes que se levantaran los demás tenía dos horas de oración y lectura de la Biblia, luego otra hora con ellos, celebraba su Eucaristía y oía otra en acción de gracias; desde el desayuno hasta las diez confesaba y luego escribía. Lo que peor soportaba era la hora de audiencia hacia las doce. Por la tarde predicaba, visitaba hospitales, cárceles, colegios y conventos. Su pobreza era ejemplar. Un día se llevó un susto al llevarse la mano al bolsillo. Le pareció haber encontrado una moneda, pero enseguida se repuso, no era una moneda, sino una medalla. En una ocasión no teniendo otra cosa para poder auxiliar a un pobre empeñó su cruz arzobispal. Claret era un verdadero místico. Varias veces se le vio en estado de profundo ensimismamiento ante el Señor. Un día de Navidad, en la iglesia de las adoratrices de Madrid, dijo haber recibido al Niño Jesús en sus brazos. Privilegio incomparable del que fue objeto fue la conservación de las especies sacramentales de una comunión a otra durante nueve años. Así lo escribió en su Autobiografía: "El día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario de La Granja, a las siete de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales, y tener siempre día y noche el santísimo sacramento en mi pecho". Esta presencia, casi sensible, de Jesús en el P. Claret debió ser tan grande, que llegó a exclamar: "En ningún lugar me encuentro tan recogido como en medio de las muchedumbres".

Un hombre perseguido

No es de extrañar que un hombre de la influencia del P. Claret, que arrastraba a las multitudes, atrajera también las iras de los enemigos de la Iglesia. Pero las amenazas y los atentados se iban frustrando uno a uno, porque la Providencia velaba sobre él que se alegraba en las persecuciones. Fueron numerosos los atentados personales que sufrió en vida. La mayor parte frustrados por la conversión de los asesinos. Pero fue peor, con todo, la campaña difamatoria que se organizó a gran escala por toda España para desacreditarlo ante las gentes sencillas. Se le acusó de influir en la política, de pertenecer a la famosa camarilla de la Reina con Sor Patrocinio, Marfori y otros, de ser poco inteligente, de ser obsceno en sus escritos refiriéndose a su libro "La Llave de Oro", de ser ambicioso y aún de ladrón. Pero Claret supo callar, contento de sufrir algo por Cristo.
Ante el reconocimiento del Reino de Italia
El 15 de julio de 1865 el Gobierno en pleno se reunía en La Granja de San Ildefonso para arrancar a la Reina su firma sobre el reconocimiento del Reino de Italia, que equivalía a la aprobación del expolio de los Estados pontificios. El P. Claret ya había advertido a la Reina que la aprobación de este atropello era, a su parecer, un grave delito, y la amenazó con retirarse si lo firmaba. La Reina, engañada, firmó. Claret no quiso ser cómplice permaneciendo en la corte. Oró ante el Cristo del Perdón, en la iglesia de La Granja, y escuchó estas palabras: "Antonio, retírate".Transido de dolor al verse obligado a abandonar a la Reina en aquella situación, se dirigió a Roma. Allí el Papa Pío IX le consoló y le ordenó que volviera otra vez a la corte. La familia real se alegró inmensamente de su retorno. Pero una nueva tempestad de calumnias y de ataques se desencadenó contra él. Se puede decir de Claret que fue uno de los hombres públicos más perseguidos del siglo XIX.

LOS ÚLTIMOS AÑOS (1868-1870)

DesterradoEl 18 de septiembre de 1868 la revolución, ya en marcha, era incontenible. Veintiún cañonazos de la fragata Zaragoza, en la bahía de Cádiz, anunciaron el destronamiento de la Reina Isabel II. Con la derrota del ejército isabelino en Alcolea caía Madrid, y la revolución, como un reguero de pólvora, se extendió por toda España. El día 30, la familia real, con algunos adictos y su confesor, salía para el destierro en Francia. Primero hacia Pau, luego París. El P. Claret tenía 60 años. Los desmanes y quema de iglesias se prodigaron, cumpliéndose otra de las profecías del P. Claret: la Congregación tendrá su primer mártir en esta revolución. En La Selva del Campo caía asesinado el P. Francisco Crusats. El 30 de marzo de 1869 Claret se separaba definitivamente de la Reina y se iba a Roma.

Padre del Concilio Vaticano I

El día 8 de diciembre de 1869 se reunían en Roma 700 obispos de todo el mundo, superiores de órdenes religiosas, arzobispos, primados, patriarcas y cardenales. Comenzaba el Concilio Ecuménico Vaticano I. Allí estaba el P. Claret. Uno de los temas más debatidos fue la infalibilidad pontificia en cuestiones de fe y costumbres. La voz de Claret resonó, ya con dificultad, en la basílica vaticana el 31 de mayo de 1870: "Llevo en mi cuerpo las señales de la pasión de Cristo, -dijo, aludiendo a las heridas de Holguín- ojalá pudiera yo, confesando la infalibilidad del Papa, derramar toda mi sangre de una vez". Es el único Padre asistente a aquel Concilio que ha llegado a los altares.

El ocaso de sus días

El 23 de julio de 1870, en compañía del P. José Xifré, Superior General de la Congregación, llegaba el Arzobispo Claret a Prades, en el Pirineo francés. La Comunidad de misioneros en el destierro, en su mayoría jóvenes estudiantes, recibió con gran gozo al fundador, ya enfermo. Él sabía que su muerte era inminente. Pero ni siquiera en el ambiente plácido de aquel retiro le dejaron en paz sus enemigos. El día 5 de agosto se recibió un aviso. Querían apresar al señor Arzobispo. Incluso en el destierro y enfermo, el P. Claret tuvo que huir. Se refugió en el cercano monasterio cisterciense de Fontfroide. En aquel cenobio, cerca de Narbona, fue acogido con gran alegría por sus moradores. Su salud estaba completamente minada. El P. Jaime Clotet no se separó de su lado y anotó las incidencias de la enfermedad. El día 4 de octubre tuvo un derrame cerebral. El día 8 recibió los últimos sacramentos e hizo la profesión religiosa como Hijo del Corazón de María, a manos del P. Xifré.
Llegó el día 24 de octubre por la mañana. Todos los religiosos se habían arrodillado alrededor de su lecho de muerte. Junto a él, los Padres Clotet y Puig. Entre oraciones Claret entregó su espíritu en manos del Creador. Eran las 8,45 de la mañana y tenía 62 años. Su cuerpo fue depositado en el cementerio monacal con una inscripción de Gregorio VII que rezaba: "Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro".

GLORIFICADO

Los restos del P. Claret fueron trasladados a Vic en 1897, donde actualmente se veneran. El 25 de febrero de 1934 la Iglesia le inscribió en el número de los beatos. El humilde misionero apareció a la veneración del mundo en la gloria de Bernini. Las campanas de la Basílica Vaticana pregonaron su gloria. Y el 7 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo proclamó SANTO. Estas fueron sus palabras aquel memorable día: "San Antonio María Claret fue un alma grande, nacida como para ensamblar contrastes: pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. De apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra. Fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior. Calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y, entre tantas maravillas, como una luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios".

BIBLIOGRAFÍA ELEMENTAL

Aguilar, F. de A.: "Vida del E. e I. D. Antonio M. Claret", 1871.
Aguilar, M. : "Vida admirable del S.D.P. Antonio M. Claret", 1894.
Aláiz, A.: "No puedo callar". San Pablo, Madrid 1995.
Antonio Mª Claret, "Escritos Autobiográficos". BAC, Madrid 1981.
Antonio Mª Claret, "Escritos Espirituales". BAC, Madrid 1985.

viernes, 24 de julio de 2009

Descripción del Infierno - San Antonio María Claret


Las penas del Infierno

La sensación del los tormentos del infierno es esencialmente terrible. Figúrate, alma mía, en una noche obscura sobre la cima de una montaña alta. Debajo hay un valle profundo, y la tierra se abre de manera que con tu mirada puedes ver el infierno en su cavidad. Figúratelo como una prisión situada en el centro de la tierra, muchas leguas abajo, toda llena de fuego, encerrado en un recinto de forma tan impenetrable que por toda la eternidad ni siquiera el humo puede escapar. En esta prisión los condenados están tan cerca el uno del otro como ladrillos en un horno. . . Considera la calidad del fuego en que se queman. Primero, el fuego se extiende por todas partes y tortura la totalidad del cuerpo y del alma. Una persona condenada yace en el infierno para siempre, en el mismo punto en que fue asignado por la justicia divina, sin ser capaz de moverse, como un prisionero en un cepo. El fuego que lo envuelve totalmente, como un pez en el agua, lo quema en derredor, a su izquierda, a su derecha, arriba y abajo. Su cabeza, su pecho, sus hombros, sus brazos, sus manos y sus pies, están totalmente penetrados con fuego, de manera que él todo se asemeja a una pieza de hierro candente y resplandeciente, que acaba de ser retirado del horno. El techo del recinto en que moran las personas condenadas es de fuego; la comida que come es fuego; la bebida que toma es fuego; el aire que respira es fuego; todo cuanto ve y toca es fuego.... Pero este fuego no está meramente fuera de él; además traspasa a la personal condenada. Penetra su cerebro, sus dientes, su lengua, su garganta, su hígado, sus pulmones, sus intestinos, su vientre, su corazón, sus venas, sus nervios, sus huesos, aún hasta el tuétano, y aún su sangre. «En el infierno», de acuerdo a San Gregorio Magno, «habrá un fuego que no puede apagarse, un gusano que no muere, un hedor insoportable, una oscuridad que puede sentirse, castigo por azotes de manos salvajes, con todos los presentes desesperados de cualesquier cosa buena.» Uno de los hechos más terribles es que por el poder divino, este fuego va tan lejos como para actuar sobre las facultades del alma, quemándolas y atormentándolas. Supongamos que yo fuera a encontrarme colocado en el horno de un herrero, de manera que todo mi cuerpo estuviese al aire libre, excepto por un brazo puesto en el fuego, y que Dios fuera a preservar mi vida por mil años en esta posición. ¿No sería esto una tortura inaguantable? ¿Cómo sería entonces el estar completamente penetrado y rodeado de fuego, el cual afecta no sólo un brazo, sino inclusive todas las facultades del alma?

Este fuego es mucho más espantoso de lo que el hombre puede imaginar

En segundo lugar, este fuego es mucho más espantoso de lo que el hombre puede imaginar. El fuego natural que vemos durante esta vida tiene un gran poder para quemar y atormentar. Sin embargo, éste no es ni siquiera una sombra del fuego del infierno. Existen dos razones por las cuales el fuego del infierno es mucho más terrible, más allá de toda comparación, que el fuego de esta vida. La primera razón lo es la justicia de Dios, de la cual el fuego del infierno es un instrumento dirigido a castigar el mal infinito efectuado contra su suprema majestad, que ha sido despreciada por una criatura. Por lo tanto, la justicia suple este elemento con un poder tan ardiente que casi alcanza lo infinito.... La segunda razón lo es la malicia del pecado. Como Dios sabe que el fuego de este mundo no es suficiente para castigar el pecado como éste se merece, Él le ha dado al fuego del infierno un poder tan grande que nunca podrá ser comprendido por la inteligencia humana. --- Ahora bien, ¿cuán poderosamente quema este fuego? El fuego quema tan poderosamente, ¡oh alma mía!, que de acuerdo con los grandes maestros de la ascética, si una mera chispa cayera en una piedra de molino, la reduciría en un momento al polvo. Si cayera en una bola de bronce, la derretiría instantáneamente como si se tratara de cera. Si cayera sobre un lago congelado, lo haría hervir al instante. Hagamos una pausa breve, alma mía, para que contestes algunas preguntas que te haré. Primero, te pregunto: Si un horno especial fuera encendido, como usualmente se hacia para atormentar a los mártires, y entonces algunos hombres colocaran frente a ti todo tipo de bienes que el corazón humano pueda desear, y añadieran la oferta de un reino próspero si todo esto te fuera prometido a cambio de que sólo por media hora te introdujeras en el horno ardiente, ¿qué escogerías hacer? ¡Ni por cien reinos!

«¡Ah!» dirías, «Si me ofrecieras cien reinos nunca sería tan tonto como para aceptar unos términos tan brutales, no importa cuántas cosas grandes me ofrecieran, aún si estuviera seguro de que Dios va a preservar mi vida durante esos momentos de sufrimiento.» El segundo lugar, te pregunto: Si ya estuvieran en posesión de un gran reino y estuvieras nadando en un mar de riqueza, de manera que no carecieras de nada, y fueras atacado por un enemigo, hecho prisionero y encadenado, si fueras obligado a escoger entre perder tu reino o pasar media hora dentro de un horno ardiente, ¿qué escogerías? «¡Ah!», dirías, «¡prefiero pasar toda mi vida en la pobreza extrema y someterme a cualesquier otra injuria y desventura, que sufrir tan grande tormento!»

Una prisión de fuego eterno

Ahora, dirige tus pensamientos de lo temporal a lo eterno. Para evadir el tormento de un horno ardiendo, que duraría sólo media hora, tu sacrificarías cualesquier propiedad, aún las cosas que más te satisfacen, y estarías dispuesto a sufrir cualesquier otra pérdida temporal, no importa cuán pesada pudiera ser. Entonces, ¿por qué no piensas de igual modo cuando tratas los tormentos eternos? Dios no te amenaza con media hora de suplicio dentro de un horno ardiendo, sino con una prisión de fuego eterno. Para escapar de ella, ¿no deberías renunciar a todo lo que está prohibido por Él, no importa cuán placentero pueda ser, y abrazar alegremente todo cuanto Él ordena, aún si fuera extremadamente desagradable? Lo más espantoso del infierno es su duración. La persona condenada pierde a Dios y lo pierde para toda la eternidad. Ahora bien, ¿qué es la eternidad? ¡Oh alma mía, hasta ahora ningún ángel ha podido comprender lo que es la eternidad! ¿Como entonces podrás tú comprenderla? Aún así, para formarnos alguna idea de ésta, consideremos las siguientes verdades: La eternidad nunca termina. Esta es la verdad que ha hecho temblar aún a los más grandes santos. El juicio final vendrá, el mundo será destruido, la tierra se tragará a todos los condenados, y éstos serán arrojados al infierno. Entonces, con su mano todopoderosa, Dios los encerrará para siempre en tan desdichada prisión. Desde entonces, tantos años pasarán como hay hojas en los árboles y las plantas de toda la tierra, tantos miles de años, como hay gotas de agua en todos los mares y ríos de la tierra, tantos años como hay átomos en el aire, como hay granos de arena en todas las costas de todos los mares. Luego, después de que todos estos incontables años pasen, ¿qué será la eternidad? Todavía no será siquiera una centésima parte de ella, o una milésima -- nada. Entonces comenzará nuevamente y durará tanto como antes, nuevamente, aún después de que se haya repetido esto miles de veces, y mil millones de veces, nuevamente. Y luego después de un período de tiempo tan largo, ni siquiera habrá pasado la mitad, ni siquiera una centésima parte o una milésima parte, ni siquiera una parte de la eternidad. En todo este tiempo no habrá interrupción en la quema de los condenados, comenzando todo nuevamente. ¡Oh qué misterio profundo! ¡Un terror sobre todos los terrores! ¡Oh eternidad! ¿Quién puede comprenderte?

Las lágrimas de Caín

Supongamos que, en el caso del desdichado Caín, llorando en el infierno sólo derramara cada mil años una lágrima. Ahora, alma mía, recoge tus pensamientos y considera este caso: Por seis mil años, por lo menos, Caín ha estado en el infierno y ha derramado sólo seis lágrimas, que Dios milagrosamente ha preservado. ¿Cuántos años pasarían para que sus lágrimas cubriesen todos los valles de la tierra y que inundaran todas las ciudades, pueblos y villas y todas las montañas como para poder inundar toda la tierra? Entendemos que la distancia de la tierra al sol es de treinta y cuatro millones de leguas. ¿Cuántos años harían falta para que las lágrimas de Caín llenaran ese espacio inmenso? De la tierra al firmamento suponemos que hay una distancia de ciento sesenta millones de leguas.

¡Oh Dios! ¿Qué cantidad de años tendríamos que imaginar serían suficientes para llenar con lágrimas este inmenso espacio? Y aún así -- ¡Oh verdad incomprensible! -estad seguros de ello pues Dios no puede mentir- llegaría el tiempo en que las lágrimas de Caín serían suficientes para inundar el mundo, para alcanzar aún el sol, para tocar el firmamento, y llenar todo el espacio entre la tierra y el más alto cielo. Pero eso no es todo. Si Dios secara todas estas lágrimas hasta la última gota, y Caín comenzara otra vez a llorar, él volvería otra vez a llenar la totalidad del espacio y las inundaría mil veces y un millón de veces en sucesión, y luego de todos esos años incontables, ni siquiera habría pasado la mitad de la eternidad, ni siquiera una fracción. Después de todo ese tiempo quemándose en el infierno, los sufrimientos de Caín estarían tan sólo comenzando. La eternidad, en este caso, no tiene alivio. Sería de hecho, una pequeña consolación de muy poco beneficio para las personas condenadas si fueran capaces de recibir un breve repiro cada mil años.

No hay alivio

Imaginemos un lugar del infierno donde hay tres malvados. El primero está sumergido en un lago de fuego sulfúrico; el segundo está encadenado a una gran roca y está siendo atormentado por dos demonios, uno de los cuales constantemente le arroja plomo derretido por su garganta, mientras el otro se lo derrama encima de todo su cuerpo, cubriéndole desde la cabeza a los pies. El tercer réprobo está siendo torturado por dos serpientes, una de las cuales le envuelve su cuerpo y lo muerde cruelmente, mientras la otra entra a su cuerpo y le ataca el corazón. Supongamos que Dios se apiada de él y le concede un corto respiro. El primer hombre, luego de haber pasado mil años, se le remueve del lago y recibe el alivio de tomar agua fría, y luego de pasar una hora es arrojado nuevamente al lago. El segundo, luego de mil años de tormento, es removido de su lugar y se le permite descansar; pero luego de una hora se le arroja nuevamente al mismo tormento. El tercero, luego de mil años se ve librado de las serpientes; pero al cabo de una hora de alivio, nuevamente es abusado y atormentado por ellas. ¡Ah, cuán limitada sería esta consolación -- sufrir por mil años para descansar sólo por una hora! Ahora bien, el infierno ni siquiera tiene este alivio. Uno se quema siempre en esas llamas espantosas y nunca recibe ningún alivio en toda la eternidad. El condenado es mordido y herido con remordimiento, y nunca tendrá un descanso en toda la eternidad. Siempre sufrirá una sed muy ardiente y nunca recibirá el refresco de un poco de agua en toda la eternidad. Siempre se verá a sí mismo aborrecido de Dios y nunca podrá recibir la alegría de una simple mirada de ternura de Dios por toda la eternidad. El condenado se encontrará siempre maldito por el cielo y el infierno, y nunca recibirá un simple gesto de amistad. Es una de las desgracias esenciales del infierno que todo tormento será sin alivio, sin remedio, sin interrupción, sin final, eterno.

La bondad de su misericordia

Ahora ya comprendo en parte, ¡oh mi Dios!, lo que es el infierno. Es un lugar de tormentos extremos, de desesperanza extrema. Es donde merezco estar por causa de mis pecados, donde ya estaría confinado por varios años si tu inmensa misericordia no me hubiese librado. Repetiré mil veces: El Corazón de Jesús me ha amado, o de lo contrario ¡ahora estaría en el infierno! La misericordia de Jesús ha tenido compasión de mí, porque de lo contrario ¡ahora estaría en el infierno! La Sangre de Jesús me ha reconciliado con el Padre Celestial, o mi morada sería el infierno. Este es el himno que quisiera cantarte a Ti, mi Dios, por toda la eternidad. Sí, de ahora en adelante, mi intención es repetir estas palabras tantas veces como momentos pasen desde esa infortunada hora en que te ofendí por primera vez. ¿Cuál ha sido mi gratitud para Dios por la bondadosa misericordia que me ha mostrado? Él me libró del infierno. ¡Oh, inmensa caridad! ¡Oh, infinita bondad! Después de un beneficio tan grande, ¿no debería darle a Él todo mi corazón y amarlo con el amor del más ardiente serafín? ¿No debería dirigir todas mis acciones hacia Él, y en cada cosa buscar solamente complacer la voluntad divina, aceptando todas las contradicciones con alegría, de manera que pueda devolverle mi amor? ¿Podría hacer algo menos que eso después de una bondad tan grande? ¡Oh, ingratitud, merecedora de otro infierno! ¡Te eché a un lado, Dios mío! Reaccioné a tu misericordia cometiendo nuevos pecados y ofensas. Sé que he hecho mal, ¡oh, Dios mío!, y me arrepiento con todo mi corazón. ¡Ah, si pudiera derramar un mar de lágrimas por tan ofensiva ingratitud! Oh Jesús, ten misericordia de mí, pues ahora resuelvo mejor sufrir mil muertes que ofenderte nuevamente.
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