viernes, 23 de enero de 2009

El Cura Brochero según el Reverendo Padre Leonardo Castellani


Poco observado ha pasado este año el cincuentenario de la muerte del nombrado CURA BROCHERO y el centenario de su ordenación clerical. Sin embargo el departamento oficial lo recordó con un acto muy digno en el Correo Central, con una nutrida y amena conferencia del poeta cordobés (Gaspar Pío) DEL CORRO, y con la emisión de un sello postal con que las energías facciones del criollo de linaje castellano, popularmente “CURA GAUCHO”. El cura gaucho fue un santo y una de las puras siluetas de nuestra historia.Tres santos solamente ha habido en nuestro país (olvidando dos incanonizables) que son el CURA BROCHERO, el Obispo ESQUIÚ y la Beata ANTULA.JOSÉ GABRIEL DEL ROSARIO BROCHERO y DAVILA nació en 1840 en el puesto campestre Carreta Quemada, y no en Santa Rosa como reza su fe de bautismo, conforme ha puesto en claro el último de sus biógrafos, P. ANTONIO AZNAR S. J. Este misionero - que ha seguido los pasos del otro misionero serrano no sólo con su pluma sino con su vida – produjo en 1951 una biografía de la cual dijo Monseñor de la Rioja que era la primera excelente; no reparando quizás en la escrita antes por Don RAMÓN CÁRCANO, nada despreciable. Primero de todos MARTÍNEZ ZUVIRÍA en su prístina novela FLOR DE DURAZNO había revelado (con el nombre transparente de FILOMÓN ROCHERO) la pintoresca y pertinaz tradición oral cordobesa acerca del cura gaucho – y canónigo de la Catedral y maestro de Filósofo – que a servido a AZNAR para reconstruir su heroica VIDA. Acaba de hacerlo en una nueva biografía más brece, que es amena, exquisita, completa; elegantemente editada por el Colegio Sagrada Familia (Bouchardo 260) de Córdoba. La habían precedido, además de la susodicha, una serie de monografías sobre puntos particulares, recopilados en 20 años de viajes misionales, a saber: “El Padre Brochero y la Beata Antula”; “Las dos banderas y el Cura Brochero”; “Los “caranchos” y el Cura Brochero”; “El Cura Brochero y la Eucarístia”.También pertenece a esta bibliografía incompleta el enjundioso ensayo filosófico BROCHERO de VIDAL FERREYRA VIDELA, Buenos Aires, 1964, edición del autor.Su vida y su recia figura están resumidas insuperablemente en aquel libro. Ordenado sacerdote, fue mandado de cura a San Alberto más allá de Pampa de Achala – cordillera de 2.000 metros que había que trasponer a mula -. Allí emprendió la construcción de la Iglesia, fue desairado por el vecindario, y se puso él mismo de albañil y maestro de obra. Allí se quebró una pierna al bajar una cuesta trayendo una viga a cinchas. Lo mismo hizo después en el Tránsito – Iglesia y Casa de Ejercicios – pueblo de su curato que se volvió su centro de operaciones y hoy lleva su nombre.Cuando los indolentes criollos vieron alzarse las paredes por milagro, se desperezaron, y empezaron a ayudar a porfía a cambio de caña y yerba; y es fama que hasta abogados, médicos, sacerdotes y legisladores que venían de visita, contagiados echaban una manito; y que mujeres serranas con sus guaguas a cuestas traían cal viva a pie y en árganas de la canteras de Panaholma.El caso es que los edificios de “El Tránsito” calculados por los ingenieros de JUÁREZ CELMAN en 400.000 pesos los hizo DON GABRIEL con 52.000 … de limosnas; conseguidas con lágrimas algunas veces.Impresos solamente tenemos de él dos sermones, el Prontuario de los Ejercicios, y las décimas que comienzan:Acúsome Padre SantoQue adoro a una ingrata bellaQue es más linda que una estrellaPor eso la quiero tanto…De modo que aunque “dio su luz a la patria” ha sido perla más que diamante; y no es probable que su luz llame la atención de Roma, cuando ni de sus compatriotas la ha llamado mucho.Dijo la perla al diamanteMucho más valgo que tú:De negro carbón nacisteY yo de la mar azul.Y le contesto el diamante:Tu mérito es muy comúnEres blanca y serás siempreYo soy negro y vierto luz.Dinámica Social, nº 151, Noviembre-Diciembre de 1964.LEONARDO CASTELLANI CRITICA LITERARIA, NOTAS A CABALLO DE UN PAÍS EN CRISIS, EDICIONES DICTIO, BUENOS AIRES, pág.

jueves, 22 de enero de 2009

Santa María de los Buenos Aires





Esta advocación mariano-mercedaria tiene su origen en la ciudad de Cagliari (isla de Cerdeña), cuando en el año 1370 arribo a sus playas, llevada por las aguas, una caja conteniendo una hermosa imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en un brazo y en el otro llevando una candela o cirio. Desde entonces fue venerada con el titulo de Bonaria, Buen Ayre o Buenos Aires, constituyéndose en protectora de navegantes y marineros. De Cerdeña, posesión de la corona de Aragón, paso a España llevada por los marineros y navegantes, por los cautivos redimidos por los mercedarios y por las autoridades civiles y eclesiásticas que procedían de la península. Fue así como en Sevilla tuvo su mayor arraigo dicha devoción en la Cofradía de mareantes españoles que, desde su vecino puerto, se hacían a la mar desconocida en frágiles naves con rumbo al nuevo mundo. Así llego a nuestras playas con la expedición de don Pedro de Mendoza quien, al fundar el puerto y asiento de nuestra futura gran capital argentina, el 2 de febrero de 1536, le puso el nombre al puerto de Santa Maria del Buen Ayre, llevado por su devoción hacia la Madre de Dios y por los consejos de los dos mercedarios que lo acompañaron. Y el 11 de junio de 1580 don Juan de Garay “estando en este puerto de Santa Maria de Buenos Aires” procedió con toda solemnidad a fundar la ciudad “que se intitule la ciudad de la Trinidad”. La Orden de Caballeros de Nuestra Señora, Santa María de los Buenos Aires, bajo la protección del glorioso San Martín de Tours, se desarrollo durante el tiempo de los Virreyes del Río de la Plata, integrándola destacadísimos hidalgos, todos ellos Caballeros de enorme fervor mariano.
En la hermosa Basílica de Nuestra Señora de los Buenos Aires, inaugurada el 3 de diciembre de 1932, se la venera (hoy Basílica Mayor, desde el año 1897).

miércoles, 21 de enero de 2009

Avanza el enemigo



Todos los días vemos algo que nos asusta, o nos conmueve, o nos escandaliza. Una nueva legislación aceptando el aborto, ese crimen abominable. O un nuevo avance de la negación de la distinción clara entre hombre y mujer, promoviendo la libre elección del “género” por parte de las personas. O quizás una nueva iniciativa contra la libertad religiosa, atacando a quienes desean hacer de Dios el centro de sus vidas. No falte un nuevo país tomado por el ateísmo militante, ese tipo de liderazgo político que trata de “matar” a Dios en la sociedad gobernada. O una nueva escalada de jóvenes tomados por el alcohol o las drogas. Alrededor nuestro, publicidad que promueve toda clase de perversiones como “modelo de vida”.
Ser padre en estos tiempos hace a uno sentirse “esclavo de sus propios hijos”, ya que ese es el ejemplo que ellos reciben en sus escuelas, o en las casas de sus amigos. ¿Cómo educarlos en un modelo que es diametralmente opuesto al que el mundo les propone? Uno desearía sentarse a hablar con los padres de los amigos de nuestros hijos, o con sus maestros y profesores, para intentar “cambiarles el entendimiento de lo que la vida significa en realidad”. Pero la marea de “ideas distorsionadas” es tan fuerte que uno suele encontrarse en seria desventaja numérica, e inmediatamente sujeto al mote de “recalcitrante fanático religioso” o cualquier otro calificativo similar. En cualquier caso, con algunas miradas basta para comprender como nos ven, en líneas generales.
En estos tiempos, leer el periódico o mirar las noticias produce sufrimiento y angustia. Sin embargo, hay una pregunta que duele mucho más que las noticias horrorosas que nos invaden. ¿Cuánta gente se da cuenta de lo que realmente esta pasando? ¿Cuántas personas creen que muchas de esas cosas son normales, o hasta buenas, o quizás fruto del progreso del mundo? Lo más triste es que la respuesta es “muchos”. ¿Cuantas madres promueven el alcohol en sus hijos diciendo que “a esa edad yo también lo hacía, es parte de la locura de la juventud”? ¿O cuantos ven con buenos ojos que se elimine a Dios de la vida de la sociedad con el argumento de que “hay que dejar que cada uno decida que hacer con su vida privada”? En la misma línea, ¿cuantas familias evitan el bautismo de sus hijos “porque ellos deben ejercer su libre opción una vez adultos”? Me pregunto, la decisión de traerlos al mundo, ¿quién la tomó? ¿Acaso no fueron sus padres?
La confusión avanza a pasos agigantados, y es tan destructivo su poder, que el deterioro del mundo es bienvenido a brazos abiertos por la mayor parte de la humanidad. ¿Qué debemos hacer? ¿Acaso ser simples espectadores de esta tragedia que empuja al mundo barranca abajo, hacia un precipicio de dudosa pendiente y más dudosa aún profundidad? Definitivamente no. Aquellos que creemos en Dios, y tenemos la formación necesaria para advertir lo que ocurre, debemos actuar.
Lo dijo claramente Juan Pablo II, “la Iglesia es misionera y los cristianos debemos vivir una vida de misión”. Este principio básico que impulsa nuestra vida como miembros del Cuerpo Místico de Cristo, se puede definir de modo tan simple como el de embarcarnos en una Nueva Evangelización. La difusión del Evangelio y de la Buena Noticia de Jesucristo como Salvador de la humanidad es nuestra causa de vida, es la sangre que corre por las venas de la Iglesia. La misión es personal e indelegable, cada uno de nosotros tiene ese mandato impreso en la Voluntad de Dios para nuestro tránsito por esta vida.
El deterioro del mundo, tan visible y en continuo movimiento, no es excusa ni explicación para que la ardua misión de la evangelización se detenga. Todo lo contrario. Dios nos llama a una Nueva Evangelización como respuesta a este ataque a la esencia de la fe. Recuerdo aquellas épocas en que la caída del muro de Berlín dio por tierra con el sueño de una “sociedad sin Dios” que el modelo comunista había impuesto a fuego y terror durante décadas. Mirando retrospectivamente, pienso que muchos asumimos que esos ataques a la libertad religiosa iban a quedar en el olvido. No. El mismo “espíritu destructor de almas y corruptor de conciencias” encontró el modo de atacar de modos mucho más sutiles, pero siempre con el mismo propósito.
La Nueva Evangelización es la respuesta que debemos dar, porque Jesús es la única solución a todas nuestras necesidades. Sin Jesucristo, nada se logra, la vida transita vacía y sin propósito. Esto no quiere decir imponer a los demás nuestras convicciones religiosas a fuego y espada, sino todo lo contrario. Dios no obliga a nadie, mucho menos podemos nosotros. La Evangelización debe realizarse con el suave “guante del amor”, de tal modo que nuestra acción misionera convenza a las almas de que Jesús ha tornado nuestro corazón, nos ha dado paz y alegría, aún en medio de las inclemencias de la vida.
El amor a Dios es lo que hará que la gente comprenda el horror del aborto, la miseria del alma sujeta al alcohol o las drogas, la inviolabilidad del principio de que “un hombre es un hombre y una mujer es una mujer” tal como Dios los ha creado, y la trascendencia de defender la libertad religiosa de las personas, sin limitar su fe ni su vida espiritual. La paz en el mundo no se logrará sin que volvamos nuestras miradas al Creador, a Aquel que nos ha dado todo para que seamos felices, no para nos matemos entre nosotros en medio de disputas interminables.
Avanza el enemigo, a paso redoblado, pero no somos ajenos a lo que ocurre, sino todo lo contrario, somos actores centrales en este escenario que es el mundo. Dios espera mucho de Su pueblo, porque si no somos nosotros quienes lo ayudamos a arrojar Luz y Verdad, ¿cómo se hará visible, para esta humanidad, el Camino hacia la Vida?


Extractado de la pagina Reina del Cielo

martes, 20 de enero de 2009

Santa Juana de Arco – La Castidad y el Patriotismo

“En el estandarte de Juana están inscriptos los dos nombres: “Religión y Patria”, amor a Dios y amor al prójimo” San Pío X

Pese a los siglos transcurridos, los santos siempre son actuales. Y Santa Juana de Arco es, sin dudas, un ejemplo de dos virtudes cristianas hoy venidas a menos: la castidad y el patriotismo.
La castidad en su forma perfecta de la virginidad, que tuvo que defender en situaciones tan difíciles, como las que suponen los campamentos guerreros, o la cárcel. En la que franceses traidores e ingleses ensañados, la quisieron someter a toda clase de vejámenes.
El patriotismo, como una prolongación del mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”. Patriotismo que le lleva a dejar (a los 17 años) su casa paterna, con la seguridad que le brindaba, y luchar contra la desesperanza de un pueblo que se sentía vencido, y la abulia de un rey lleno de complejos e indecisiones. Patriotismo, que lleva a enfrentar los intereses mezquinos, las ambiciones bastardas, las dilaciones y traiciones de quienes buscan su interés o los de su sector, por encima de los intereses supremos de la patria.
Hoy, como en tiempos de Santa Juana de Arco, la castidad y el patriotismo (como prolongación y extensión del amor a los padres), siguen siendo vigencia. A partir de lo que exige la Ley inmutable de Dios y la naturaleza misma del hombre, “hecho a imagen y semejanza de Dios”.

Monseñor Jorge Gottau, Obispo de Añatuya. Texto extractado de la presentación del libro Santa Juana de Arco Vida Popular, de Fray Contardo Miglioranza. Misiones Franciscanas Conventuales, Editorial Claretiana.1990.

Fray Mamerto Esquiú fue un antiliberal por excelencia




Pasaje del sermón pronunciado por Fray Esquiú en Santa Iglesia Metropolitana (Catedral de Buenos Aires) el 8 de diciembre de 1880, con motivo de la capitalización de Buenos Aires:

“En aquel día, señores, me tocó el alto honor de dar a la madre patria la amorosísima congratulación: Lœtamur de gloria vestra. Veinticinco años han pasado desde aquel día. Yo no haré el juicio de ellos; juzgad vosotros mismos si ese cuarto de siglo ha correspondido a nuestros dolores y esperanzas; yo solo debo confesaros que su experiencia ha puesto en mi alma estas palabras de Job: Dies mei transierunt, cogitationes meae dissipatae sunt, torquentes cor meum. Han pasado mis días, mis esperanzas se han disipado dejando atormentado mi corazón, y ese dolor y amargura, antes de dos lustros, helaron para siempre mi antigua palabra de congratulación. Si después de eso he hablado de política, solo ha sido, o para exhalar gemidos, o para suplir los defectos de mi ignorancia y de mi entusiasmo juvenil.
Pero hoy, señores, me veis llamado a este sagrado lugar y ante ese solemnísimo concurso, a hacer como una introducción religiosa a las públicas acciones de gracias que se dan al Dios de nuestros padres por el grande hecho de la digna y definitiva capital de la República Argentina confederada. ¿Habré de decir por segunda vez Lœtamur de gloria vestra? Después de tantas guerras, ya parciales, ya generales, que han manchado la sagrada tierra de la ley; después de ver su código servir de tienda de campaña a pasiones iracundas; después que se están viendo subir y subir siempre las aguas mortíferas de enormes crímenes; después de tanta apostasía de la fe cristiana, y de las causas hoy día subsistentes de mayor y casi universal apostasía de esa misma fe, que dio genio y valor a nuestros padres; después de todo eso,¿podría yo decir una vez más: Lœtamur de gloria vestra? ¡Ah, lejos de mi tan horrible profanación! Antes que insultar a Dios y a los hombres con esa mentira, preferiría, como los desterrados de Sión, que se paralizara mi mano derecha y que mi lengua se pegara a mi paladar”.
Dice Fray Juan Alberto Cortés:

“Es más conocido todavía el hecho de que Fray Esquiú “apoyó” esa Constitución (1853) por los que se lo comenzó a llamar “el orador de la Constitución”. Ahora bien ¿significa esto que Esquiú fue partidario del proyecto liberal, con todo lo que eso implica?... Es conveniente decirlo ahora, Esquiú fue un antiliberal por excelencia”.
(Fray Juan Alberto Cortés. OFM.”Vida popular de F. M. Esquiú” Ed. Castañeda -1977)

lunes, 19 de enero de 2009

Santa Teresita del Niño Jesús – Hugo Wast



De todas las cosas hoy vivientes sobre el inmortal suelo de Francia, nada más palpitante de vida sobrenatural que la tumba de Teresita, visitada a todas horas por gente de todos los pueblos del mundo y cubierta de flores frescas y al abrigo de la cruz y de las palabras que dijo el Señor cuando sus discípulos rechazaban a los niños: “Nisi efficiamini sicut parvuli, non intrabitis in regnum”: si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino.
Aquella jovencita que moría a los veinticuatro años, en la enfermería de un convento donde se sepultó a los quince, no conocía al mundo, ni el mundo la conocía a ella.
Pero según la palabra de Dios, “el Espíritu sopla donde él quiere” y estaba destinada su persona y su libro a conquistar en poquísimos años una prodigiosa popularidad. Por ella es universalmente glorioso el pueblecito de Lisieux, como Asís para Francisco, como Ávila por la otra Teresa, como Siena por Catalina.
Sin salir apenas del lugar, el peregrino en pocos momentos recorre todos los pasos de aquella vida breve y oculta. Su tumba primero, donde se guarda su cuerpo; el cementerio donde estuvo sepultado antes de la canonización, en el cuadrado de tierra cubierto de cruces donde duermen en paz otras carmelitas; su casita natal en los Buissonnets; su dormitorio, con su camita de caoba y sus juguetes: una muñeca, una carretilla, un pianito, la jaula de un pájaro…
¡Es todo! Encantadora peregrinación que se hace con el corazón conmovido y la sonrisa en los labios, porque uno camina, envuelto no por una atmósfera de muerte, sino en un aire vivificante y glorioso.
Ella adivinó su gloria. “Siento que mi misión va a comenzar”, dijo, al saber que se moría. “Quiero pasar mi cielo haciendo bien sobre la tierra”.
Tuvo también, por inspiración divina, la intuición de que su libro, escrito como un borrador de colegiala, sería un poderoso instrumento para mover los corazones, y a su Priora se expresó con estas palabras: “Lo que yo leo en este cuaderno es enteramente mi alma. Madre mía, estas páginas harán mucho bien. Se descubrirá en seguida la dulzura del Señor…” Y con su amable e inspirada sinceridad agregó: “¡Ah, ya sé bien que todo el mundo me amará!”
No se engañaba, no, la simple y juvenil doctora de la Iglesia, doctora a su modo y sin definición, porque había sido suscitada por Dios para enseñar a los hombres, no los grandes caminos de la santidad, como Teresa de Ávila, sino su caminito, como ella decía su petite voie d´amour…
¡Y el mundo entero la ama! Pensemos el significado de este amor que arrastra millones de peregrinos a su tumba, que es un viviente santuario, en los mismos días y bajo el mismo sol que alumbra la soledad y la triple muerte de otras tumbas sin epitafio y sin cruz.
Nunca los santos son figuras anacrónicas en el tiempo de su vida mortal. Por el contrario, han aparecido siempre en los primeros en los momentos en que el mundo los necesitaba, y aunque vivieran en un desierto o en un claustro han ejercido sobre su época una acción inmensa, desproporcionada con su aparente debilidad.
Recuérdense los nombres de Agustín, de Bernardo, de Francisco de Asís, de Domingo de Guzmán, de Ignacio de Loyola, de Juana de Arco, de Vicente de Paúl, de Teresa de Jesús, de Francisco de Sales, de Magdalena Sofía Barat.
Cada época tiene sus necesidades espirituales y materiales y tiene su santo. En la época actual, como en todos los siglos de decadencia, las cualidades de forma, la gracia y la elegancia del estilo y de la persona ejercen una sugestión mayor que las grandes hazañas.
Teresita de Lisieux, con la sonrisa exquisita de su rostro digno del pincel de Leonardo da Vinci, y con su libro, que es una flor de la literatura francesa, ha cautivado al mundo.
Las gentes, sorprendidas de este imperio repentino y universal, se dejan arrebatar por la impetuosa corriente que las lleva hacia ella y se complacen en decir que ha llegado a ser santa sin hacer nada, lo cual parece verdad, aunque no lo sea; y la propia Teresita sonreirá, porque ella, hija de estos tiempos, sabe que hoy es más fácil conquistar y santificar a los hombres convenciéndolos de que no hay que hacer nada extraordinario, que mostrándoles el camino de la Trapa o el martirio.
“¿Cómo quiere que la llamemos cuando esté en el cielo?”, le preguntaron un día las novicias, y ella contestó: “Llámenme Teresita”. Y a su hermana Paulina que la interrogaba: “Nos mirará desde el cielo?”, le responde: “No, bajaré a la tierra”.
Lo ha prometido y lo cumple, y sus manos no se cansan de repartir gracias sobre los corazones que la invocan, porque creen en ella, ablandados por la misteriosa dulzura de esta gota de miel que ha caído sobre la impenitencia y amargura del mundo moderno.

Hugo Wast

sábado, 17 de enero de 2009

La Caridad


La vida del Salvador refleja Su amor puro por toda la humanidad, hasta el punto de dar la vida por nosotros. La caridad es el amor puro que nuestro Salvador Jesucristo tiene por nosotros. Él nos ama. Las Escrituras nos dicen que la caridad es un sentimiento que albergamos en el corazón. Tenemos amor puro cuando, desde lo más profundo de nuestro corazón, demostramos interés y compasión sinceros por todos nuestros hermanos (Juan 3,16-24).
Alleguémonos, pues, a la caridad, que es mayor que todo, porque todas las cosas han de perecer; pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre.
El salvador nos dio el ejemplo de su vida para que lo sigamos. Él fue perfecto; tuvo un amor perfecto y nos demostró la forma en la cual debemos amar. Por medio de Su ejemplo, nos demostró que las necesidades espirituales y físicas de nuestros semejantes son tan importantes como los propios. Antes de dar Su vida por nosotros, dijo: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado”.
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15, 12-13).
Y ahora sabemos que este amor que ha tenido por los hijos de los hombres es la caridad; por tanto, a menos que los hombres tengan caridad, no pueden heredar ese lugar que Él ha preparado en las mansiones de Su Padre. Dice San Agustín (De doct. Christ.1. I, c.28): “todos los hombres deben ser amados igualmente; y cuando no puedas ser útil a todos, debes atender a aquellos a quienes estás más estrechamente unido en razón de los lugares, tiempos y otras circunstancias”. Tal vez no sea necesario que demos nuestra vida tal como lo hizo el Salvador, o tantos mártires cristianos por defender Su fe, pero tendremos caridad si hacemos de Él el centro de nuestra vida y seguimos Su ejemplo y Sus enseñanzas; y al igual que el Salvador, nosotros también podemos bendecir las vidas de nuestros hermanos aquí en la tierra.
La caridad también es socorrer a los enfermos, a los afligidos y a los pobres.
El Salvador nos dejó muchas enseñanzas en forma de relatos o parábolas. La parábola del buen samaritano nos enseña que debemos socorrer a los necesitados, sin tener en cuenta si son o no nuestros amigos (Lc. 10,30-37). En esa parábola, el Salvador dijo que un hombre se encontraba de viaje hacia otra ciudad, cuando en el trayecto fue atacado por bandidos quienes lo despojaron de la ropa y del dinero que llevaba, lo golpearon y lo abandonaron a un lado del camino medio muerto. Un sacerdote que pasó por el lugar lo miró y siguió su camino. Luego pasó por ahí una persona que asistía al templo, que lo vio y pasó de largo. Sin embargo, un samaritano, que eran despreciados por los judíos, pasó también por allí y cuando vio al hombre, sintió compasión. Se arrodilló a su lado y vendó sus heridas. Luego, este buen samaritano lo puso sobre un asno y lo llevó a un mesón donde pagó al mesonero para que lo cuidara hasta que el hombre se recuperara.
Jesucristo enseñó que debemos dar comida al hambriento, albergue al que no tiene y ropa al necesitado. Cuando visitamos a los enfermos y a los que están en la cárcel, es como si en realidad fuera a Él a quien visitamos. Él nos prometió que si hacíamos todas esas cosas heredaríamos Su reino. (Mt. 25,31-46).
No debemos tratar de decidir si alguien necesita realmente o no nuestra ayuda. Si hemos cuidado primeramente de las necesidades de nuestras familias, entonces podremos ayudar a todos los que necesitan ayuda. De esa manera, seremos semejantes a nuestro Padre Celestial que hace que la lluvia caiga tanto para los justos como para los injustos (Mt. 5,44-45). Es bueno que recordemos que hay corazones quebrantados y almas acongojadas entre nosotros que necesitan el cuidado cariñoso de un hermano comprensivo y bondadoso.


La Caridad viene del Corazón

Aun cuando demos a los necesitados, si no sentimos compasión por ellos, no tenemos caridad (Jn. 3,16-17). El apóstol Pablo enseñó que cuando tenemos caridad nos invaden sentimientos buenos para todas las personas; somos pacientes y bondadosos; no somos jactanciosos, orgullosos, egoístas o groseros. Cuando tenemos caridad no recordamos ni nos regocijamos en las maldades que otros han hecho; ni hacemos cosas buenas simplemente porque nos conviene; en lugar de eso, compartimos el gozo de quienes viven en la verdad. Cuando tenemos caridad, somos leales, creemos lo mejor de los demás y los defendemos. Cuando realmente tenemos caridad esos buenos sentimientos permanecen para siempre con nosotros (1 Cor. 13,4-8).
El Salvador fue nuestro ejemplo de lo que debemos sentir hacia otros y cómo debemos tratarlos. Despreció la maldad pero amó a los pecadores a pesar de sus pecados; tuvo compasión por los niños, los ancianos, los pobres y los necesitados. Su amor era tan grande que suplicó a Nuestro Padre Celestial que perdonara a los soldados que le clavaron las manos y los pies (l Cor. 23,34). Nos enseñó que si no perdonamos a los demás, Nuestro Padre Celestial tampoco nos perdonará a nosotros (Mt. 18,33-35). Él dijo: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen… Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis?” (Mt. 5, 44-46). Debemos aprender a sentir por los demás lo mismo que Jesús sintió.

Los dos mandamientos de la caridad

1º Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
2º Amarás al prójimo como a ti mismo.
En el primer mandamiento se prohíbe:
1º Adorar o creer en ídolos o dioses falsos;
2º Creer alguna cosa contra la fe o dudar de alguno de los misterios o ignorar los necesarios;
3º Desconfiar de la misericordia de Dios.
En el primer mandamiento se prohíbe leer, sostener o propagar escritos contrarios a la doctrina católica; tomar parte en algún culto falso; creer en agüeros, brujos, adivinos y espiritistas, y usar cosas supersticiosas.

viernes, 16 de enero de 2009

Eucaristía - SS Juan Pablo II


Recibir la Eucaristía significa transformarse en Cristo, permanecer en Él, vivir para Él. El cristiano, en el fondo, debe tener una sola preocupación y una sola ambición: vivir para Cristo, tratando de imitarlo en la obediencia suprema al Padre, en la aceptación de la vida y de la historia, en la total dedicación a la caridad, en la bondad comprensiva y sin embargo austera. Por esto, la Eucaristía se convierte en programa de vida.
Juan Pablo II

Todos los consuelos se unen a todos los sacrificios y todas las esperanzas a todas las virtudes

San Pío de Pietrelcina




Todos los consuelos se unen a todos los sacrificios y todas las esperanzas a todas las virtudes. Ahora bien, ¿quién hará que también nosotros participemos en tan hermosa comitiva? ¡Alabado sea Dios, pues el mismo Jesús, a pesar de todo nuestro demérito, nos ha puesto en tan hermosa compañía! Esforcémonos por incorporarnos, cada vez mejor, entre sus filas, y apresurémonos a caminar con ella por el sendero del Calvario. Miremos a la meta de nuestro viaje; no nos separemos de esta bella comitiva y nunca rehusemos recorrer su mismo camino, escogiendo otro diferente.
Tengamos siempre fija la mira en aquella noble, augusta y santa comitiva que sigue a Jesús hacia el Calvario; no se ve a ninguno de ella que no lleve grabada en su frente la profesión de la verdadera fe, la abnegación en el corazón y sobre sus espaldas la cruz. Animémonos a seguir a este pueblo venturoso, en el que todos los consuelos van unidos a todos los sacrificios y todas las esperanzas a todas las virtudes.
¡Viva Jesús, que, a pesar de toda mi indignidad, así quiere hacerme participar de sus dolores! ¡Oh, padre mío, y qué insoportable es el dolor sufrido lejos de la cruz!, mas ¡cuán suave y llevadero se hace cuando se sufre junto a la cruz de Jesús! Entonces todo se hace fácil para el alma, a pesar de sentirse oprimida e inundada de toda clase de sufrimientos; y si no existiera, en el fondo del alma el grande temor de caer y desagradar al esposo divino, pensaría que estaba en el cielo. ¡Tanta es la dulzura que le procura este modo de sufrir! ¡Oh, cuántas veces el alma puesta en este estado, llena de júbilo, se dirige al divino Maestro y le dice: Si, oh Jesús, verdaderamente tu yugo es suave, tu carga ligera!

Pensamientos, Experiencias, Sugerencias. Padre Pío de Pietrelcina. Selección de textos ordenados y traducidos por el P. Melchor de Pobladura. Centro de Propaganda. Madrid. 1973.

jueves, 15 de enero de 2009

Oración de Acción de Gracias de Sto. Tomás de Aquino

Gracias te doy Señor Padre Omnipotente, eterno Dios, que a mí pecador,
indigno siervo tuyo, sin mérito alguno y sólo por tu misericordia te has dignado
alimentarme con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Te suplico que esta Sagrada Comunión no sea para mi alma ocasión de castigo,
sino intercesión saludable de perdón.
Que esta Sagrada Comunión sea para mí armadura de fe, escudo de buena
voluntad, muerte de mis vicios, destierro de todos mis carnales apetitos y
aumento de caridad, de paciencia y de todas las virtudes. Sea digna defensa
contra todos los enemigos de mi alma. Que sea perfecto remedio para mí espíritu;
perpetua amistad contigo; verdadero Dios y Señor mío; y sello de mi muerte.
Dichoso, ruégote tengas por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable
donde Tú, con tu Hijo y el espíritu Santo, eres para todos los santos, Luz
verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad
perfecta.
Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Amén.

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