miércoles, 9 de enero de 2013

Un libro desmonta las 7 típicas mentiras sobre la Iglesia Católica que se difunden en los medios

“No hay más de 100 personas en el mundo que realmente odien a la Iglesia católica, pero hay millones que odian lo que ellos perciben como Iglesia Católica”, el obispo norteamericano, recientemente declarado venerable, Fulton Sheen dijo una vez.

Así comienza un libro escrito en inglés sobre los 7 grandes tópicos sobre la Iglesia Católica. El libro de Christopher Kaczor aborda 7 conceptos erróneos que muchas personas tienen sobre la Iglesia.

Por ejemplo, que la Iglesia odia a las mujeres, o a los gays, o que está en contra del desarrollo científico. El autor desmonta estos estereotipos explicando que la Iglesia acoge a todo el mundo, y que promueve muchas universidades y centros científicos. El Vaticano también tiene sus propios observatorios astronómicos en Italia y en EE.UU., por no hablar de tantos descubrimientos realizados por científicos católicos.

Christopher Kaczor autor de “The Seven Big Myths About the Catholic Church”, señala que “por ejemplo Gregor Mendel, el padre de la genética moderna, Georges Lemaître que desarrolló la teoría del Big Ban o Louis Pasteur, que descubrió la primera vacuna contra la rabia”.

Otras mentiras que desenmascara es que el celibato sacerdotal sea una causa de los abusos sexuales a menores. En la lista de falsedades también figuran que la Iglesia oprime la libertad, que es indiferente al amor de la pareja o que no acepta las bodas entre homosexuales por puro fanatismo.

El autor dice que escribió el libro pensando en sus amigos, que habían abandonado la Iglesia con este tipo de errores. Ahora espera que sirva para aclarar las ideas que circulan sobre la Iglesia y mostrar los argumentos y razones que enseña la Iglesia Católica.

Impotente ante tan grandes enemigos, me arrodillé llorando ante Jesús crucificado - San Jerónimo

"En el desierto salvaje y árido, quemado por un sol tan despiadado y abrasador que asusta hasta a los que han vivido allá toda la vida, mi imaginación hacía que me pareciera estar en medio de las fiestas mundanas de Roma. En aquel destierro al que por temor al infierno yo me condené voluntariamente, sin más compañía que los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginaba estar en los bailes de Roma contemplando a las bailarinas. Mi rostro estaba pálido por tanto ayunar, y sin embargo los malos deseos me atormentaban noche y día. Mi alimentación era miserable y desabrida, y cualquier alimento cocinado me habría parecido un manjar exquisito, y no obstante las tentaciones de la carne me seguían atormentando. Tenía el cuerpo frío por tanto aguantar hambre y sed, mi carne estaba seca y la piel casi se me pegaba a los huesos, pasaba las noches orando y haciendo penitencia y muchas veces estuve orando desde el anochecer hasta el amanecer, y aunque todo esto hacía, las pasiones seguían atacándome sin cesar. Hasta que al fin, sintiéndome impotente ante tan grandes enemigos, me arrodillé llorando ante Jesús crucificado, bañé con mis lágrimas sus pies clavados, y le supliqué que tuviera compasión de mí, y ayudándome el Señor con su poder y misericordia, pude resultar vencedor de tan espantosos ataques de los enemigos del alma. Y yo me pregunto: si esto sucedió a uno que estaba totalmente dedicado a la oración y a la penitencia, ¿qué no les sucederá a quienes viven dedicados a comer, beber, bailar y darle a su carne todos los gustos sensuales que pide?".

 San Jerónimo

Evangelio del día 9 de enero de 2013


Evangelio según San Marcos 6,45-52. Miércoles de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor


En seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.



Comentario:



“Paz a vosotros, no temáis, soy yo” - Odas de Salomón



Mi alegría es el Señor y mi impulso va hacia Él,
la ruta es bella, porque tengo quien me auxilia, el Señor.
Él me ha dejado conocerlo por completo, sin reparos, sencillamente,
y con bondad se ha despojado de Grandeza.
Él se ha hecho como yo
a fin de que yo pudiera conocerlo:
Por el aspecto se hizo semejante a mí
para que así yo pudiera revestirme de Él.
Y por eso no temblé cuando lo ví,
porque Él fue bondadoso conmigo.
Se hizo según mi naturaleza
para que yo pudiera aprender de Él,
y tomó una forma semejante a la mía
con tal de que no me alejara de Él.


El Padre de todo Conocimiento
es también la Palabra del Conocimiento,
quien creó toda Sabiduría es más sabio que sus obras.
Él que me ha creado, cuando aún yo no existía todavía,
ya sabía lo que yo iba a hacer cuando existiera.
Por eso se apiadó de mí, y en su infinita misericordia
me concedió pedirle y beneficiarme de su sacrificio.


Porque Él permanece incorruptible por todas las generaciones.
Él se ha entregado a sí mismo
para ser visto por aquellos que son suyos,
para que ellos puedan reconocer a Aquel que los Creó,
y no imaginaran que venían de ellos mismos.


Para alcanzar su Conocimiento
Él nos ha señalado un camino,
y lo ha extendido y ensanchado
para traer a todos la Perfección,
Y ha puesto en él señales de su Luz,
y yo he caminado en este camino
desde el principio y lo haré hasta el fin.
Por Él fue forjado, y Él descansaba en el Hijo,
y para Su Salvación proveerá de todo.


Y el Altísimo será reconocido
a través de sus Santos,
para anunciar a los que le hacen canciones la venida del Señor:
Para que ellos vayan delante a reunirse con Él,
y puedan cantarle con alegría y con el arpa de muchos tonos:
Los profetas vendrán antes de Él y serán vistos primero,
Ellos alabarán al Señor por Su Amor:
por que Él está cerca y es posible contemplarlo,
Y el odio será arrancado de la tierra,
y será ahogado junto con la envidia.


Pues la ignorancia ha sido destruida,
gracias al Conocimiento del Señor que ha llegado.
Aquellos quienes hacen melodías cantarán la Gracia del Señor Altísimo,
y traerán sus voces, y sus corazones serán como el día,
y bello como la excelsa belleza del Señor será su cantar,
y nadie ni nada que respire carecerá de conocerle
y nadie será privado de voz,
porque Él ha dado una boca a su Creación,
para que sus voces se dirijan a Él y lo alaben.


Odas de Salomón (texto cristiano hebraico de principio de siglo II.)N° 7

San Julián, mártir - 9 de Enero


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martes, 8 de enero de 2013

Mensaje para la Jornada Mundial de los Enfermos que se celebra el día de la fiesta de la Virgen de Lourdes, el 11 de febrero -SS Benedicto XVI

«Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37)

Queridos hermanos y hermanas

1. El 11 de febrero de 2013, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, en el Santuario mariano de Altötting, se celebrará solemnemente la XXI Jornada Mundial del Enfermo. Esta Jornada representa para todos los enfermos, agentes sanitarios, fieles cristianos y para todas la personas de buena voluntad, «un momento fuerte de oración, participación y ofrecimiento del sufrimiento para el bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcan en el rostro del hermano enfermo el santo rostro de Cristo que, sufriendo, muriendo y resucitando, realizó la salvación de la humanidad» (Juan Pablo II, Carta por la que se instituía la Jornada Mundial del Enfermo, 13 mayo 1992, 3). En esta ocasión, me siento especialmente cercano a cada uno de vosotros, queridos enfermos, que, en los centros de salud y de asistencia, o también en casa, vivís un difícil momento de prueba a causa de la enfermedad y el sufrimiento. Que lleguen a todos las palabras llenas de aliento pronunciadas por los Padres del Concilio Ecuménico Vaticano II: «No estáis… ni abandonados ni inútiles; sois los llamados por Cristo, su viva y transparente imagen» (Mensaje a los enfermos, a todos los que sufren).

2. Para acompañaros en la peregrinación espiritual que desde Lourdes, lugar y símbolo de esperanza y gracia, nos conduce hacia el Santuario de Altötting, quisiera proponer a vuestra consideración la figura emblemática del Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37). La parábola evangélica narrada por san Lucas forma parte de una serie de imágenes y narraciones extraídas de la vida cotidiana, con las que Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. Pero además, con las palabras finales de la parábola del Buen Samaritano, «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37), el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, especialmente hacia los que están necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos. Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe: «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» (Enc. Spe salvi, 37).

3. Varios Padres de la Iglesia han visto en la figura del Buen Samaritano al mismo Jesús, y en el hombre caído en manos de los ladrones a Adán, a la humanidad perdida y herida por el propio pecado (cf. Orígenes, Homilía sobre el Evangelio de Lucas XXXIV, 1-9; Ambrosio, Comentario al Evangelio de san Lucas, 71-84; Agustín, Sermón 171). Jesús es el Hijo de Dios, que hace presente el amor del Padre, amor fiel, eterno, sin barreras ni límites. Pero Jesús es también aquel que «se despoja» de su «vestidura divina», que se rebaja de su «condición» divina, para asumir la forma humana (Flp 2,6-8) y acercarse al dolor del hombre, hasta bajar a los infiernos, como recitamos en el Credo, y llevar esperanza y luz. Él no retiene con avidez el ser igual a Dios (cf. Flp 6,6), sino que se inclina, lleno de misericordia, sobre el abismo del sufrimiento humano, para derramar el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

4. El Año de la fe que estamos viviendo constituye una ocasión propicia para intensificar la diaconía de la caridad en nuestras comunidades eclesiales, para ser cada uno buen samaritano del otro, del que está a nuestro lado. En este sentido, y para que nos sirvan de ejemplo y de estímulo, quisiera llamar la atención sobre algunas de las muchas figuras que en la historia de la Iglesia han ayudado a las personas enfermas a valorar el sufrimiento desde el punto de vista humano y espiritual. Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, «experta en la scientia amoris» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo Millennio ineunte, 42), supo vivir «en profunda unión a la Pasión de Jesús» la enfermedad que «la llevaría a la muerte en medio de grandes sufrimientos» (Audiencia general, 6 abril 2011). El venerable Luigi Novarese, del que muchos conservan todavía hoy un vivo recuerdo, advirtió de manera particular en el ejercicio de su ministerio la importancia de la oración por y con los enfermos y los que sufren, a los que acompañaba con frecuencia a los santuarios marianos, de modo especial a la gruta de Lourdes. Movido por la caridad hacia el prójimo, Raúl Follereau dedicó su vida al cuidado de las personas afectadas por el morbo de Hansen, hasta en los lugares más remotos del planeta, promoviendo entre otras cosas la Jornada Mundial contra la lepra. La beata Teresa de Calcuta comenzaba siempre el día encontrando a Jesús en la Eucaristía, saliendo después por las calles con el rosario en la mano para encontrar y servir al Señor presente en los que sufren, especialmente en los que «no son queridos, ni amados, ni atendidos». También santa Ana Schäffer de Mindelstetten supo unir de modo ejemplar sus propios sufrimientos a los de Cristo: «La habitación de la enferma se transformó en una celda conventual, y el sufrimiento en servicio misionero… Fortificada por la comunión cotidiana se convirtió en una intercesora infatigable en la oración, y un espejo del amor de Dios para muchas personas en búsqueda de consejo» (Homilía para la canonización, 21 octubre 2012). En el evangelio destaca la figura de la Bienaventurada Virgen María, que siguió al Hijo sufriente hasta el supremo sacrifico en el Gólgota. No perdió nunca la esperanza en la victoria de Dios sobre el mal, el dolor y la muerte, y supo acoger con el mismo abrazo de fe y amor al Hijo de Dios nacido en la gruta de Belén y muerto en la cruz. Su firme confianza en la potencia divina se vio iluminada por la resurrección de Cristo, que ofrece esperanza a quien se encuentra en el sufrimiento y renueva la certeza de la cercanía y el consuelo del Señor.

5. Quisiera por último dirigir una palabra de profundo reconocimiento y de ánimo a las instituciones sanitarias católicas y a la misma sociedad civil, a las diócesis, las comunidades cristianas, las asociaciones de agentes sanitarios y de voluntarios. Que en todos crezca la conciencia de que «en la aceptación amorosa y generosa de toda vida humana, sobre todo si es débil o enferma, la Iglesia vive hoy un momento fundamental de su misión» (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici, 38).

Confío esta XXI Jornada Mundial del Enfermo a la intercesión de la Santísima Virgen María de las Gracias, venerada en Altötting, para que acompañe siempre a la humanidad que sufre, en búsqueda de alivio y de firme esperanza, que ayude a todos los que participan en el apostolado de la misericordia a ser buenos samaritanos para sus hermanos y hermanas que padecen la enfermedad y el sufrimiento, a la vez que imparto de todo corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 2 de enero de 2013

"¡Oh, quiera el Corazón Sacratísimo de Jesús y la Materna Bondad de la Purísima Concepción Inmaculada, bendecirme y tomarme bajo sus mantos seguros" - Beato Ceferino Namuncurá

 "¡Oh, quiera el Corazón Sacratísimo de Jesús y la Materna Bondad de la Purísima Concepción Inmaculada, bendecirme y tomarme bajo sus mantos seguros; ayudándome en mis estudios; dándome la Salud, Santidad, Sabiduría que me son indispensables para seguir con buen éxito mis atrasados estudios!

¡Oh, tengo verdaderamente una santa envidia a mis seis antiguos condiscípulos que este año jubilar de la Inmaculada, ofrecerán a tan buena Madre Celestial una brillante corona; consagrándose totalmente a su divino Hijo Jesús; revistiéndose con la vestidura del Divino Maestro, pasar del hombre viejo al nuevo; en fin, renunciando por completo al demonio, mundo y carne! ¡Que dichosos! ¡También ellos me debían de preceder! Pero "Fiat volutas Domini''. El Señor no se olvida de sus criaturas. Llegará el día en que yo también me enlute para siempre de una vez. Puede ser que el Señor no me veía bastante preparado: y que por mal de mis pecados haya deparado el tiempo de consagrarme por completo al Señor. S. R. no se olvidará de este su pobre hijo en la Santa Misa".

Beato Ceferino Namuncurá 

 De la carta al Rmo. Señor Pro Vicario Pbro. Don Esteban Pagliere. Roma, 20 de noviembre 1904.

Evangelio del día 8 de enero de 2013

Evangelio según San Marcos 6,34-44. Martes de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor


Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde.
Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer".
El respondió: "Denles de comer ustedes mismos". Ellos le dijeron: "Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos".
Jesús preguntó: "¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver". Después de averiguarlo, dijeron: "Cinco panes y dos pescados".
El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde,
y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.
Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.
Todos comieron hasta saciarse,
y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado.
Los que comieron eran cinco mil hombres.


Comentario:



La multiplicación de los panes - San Juan Crisóstomo



   Observemos el abandono confiado de los discípulos a la providencia de Dios en las necesidades más grandes de la vida y su desprecio hacia una existencia lujosa: eran doce y tenían sólo cinco panes y dos peces. No se preocupaban de las cosas del cuerpo; se dedicaban con celo a las cosas del alma. Es más, no guardaron para ellos estas provisiones: se las dieron en seguida al Salvador cuando se las pidió. Aprendamos de este ejemplo, a compartir lo que nosotros tenemos con los que están necesitados, aunque tengamos poco. Cuando Jesús les pide los cinco panes, no dicen: "¿qué nos quedará para más tarde? ¿De dónde sacaremos lo que nos hace falta a nosotros?" Obedecen en seguida...

    Tomando pues los panes, el Señor los partió y les confió a los discípulos el honor de distribuirlos. No quería solo honrarlos con este santo servicio, sino que quería que participaran en el milagro, para que fueran testigos bien convencidos y no olvidaran lo que habían visto con sus ojos... Por ellos hace sentar a la gente y distribuye el pan, con el fin de que cada uno de ellos pueda dar testimonio del milagro que se realizó entre sus manos...

    Todo en este acontecimiento - el lugar desierto, la tierra desnuda, poco pan y pescado, la distribución de las cosas sin preferencia, cada uno que tiene tanto como su vecino - todo esto nos enseña la humildad, la frugalidad, y la caridad fraterna. También amarnos unos otros, tenerlo todo en común entre los que sirven al mismo Dios, es lo que nos enseña nuestro Salvador aquí.

San Juan Crisóstomo (c 345-407), sacerdote en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia. Homilía sobre el evangelio de Mateo, n° 49, 1-3

Beata Eurosia Fabris Barban - 8 de enero


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San Severino, Abad - 8 de enero


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lunes, 7 de enero de 2013

SS Benedicto XVI preocupado por el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la fecundación in vitro

El papa Benedicto XVI expresó hoy su “preocupación” por el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la fecundación in vitro, pues “redefine arbitrariamente el momento de la concepción”.

SS Benedicto XVI, máximo líder mundial de la Iglesia Católica, también hizo comentarios sobre el aborto y la eutanasia, esto durante el tradicional discurso de inicio de año al Cuerpo Diplomático acreditado en el Vaticano.

Propiamente sobre la fecundación in vitro (FIV), el Papa dijo: “es una fuente de preocupación el reciente fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, relativo a la fecundación in vitro, que redefine arbitrariamente el momento de la concepción y debilita la defensa de la vida prenatal”, según reseñó la Agencia Católica de Informaciones en América Latina, que además pone a disposición el discurso que fue leído hoy.

La sentencia de la FIV es la que dio a conocer la Corte Interamericana el pasado 20 de diciembre, en la cual se condena a Costa Rica por haber violado derechos humanos fundamentales cuando en el año 2000, por un pronunciamiento de la Sala IV, prohibió la práctica de la técnica médica para conseguir embarazos.
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