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sábado, 18 de agosto de 2012

A 509 años del fallecimiento de SS Alejandro VI




Clickenado la imagen: la Homilía realizada para la conmemoración del V Centenario del fallecimiento de SS Alejandro VI

jueves, 18 de agosto de 2011

A 508 años del fallecimiento de SS Alejandro VI


Clickenado la imagen: la Homilía realizada para la conmemoración del V Centenario del fallecimiento de SS Alejandro VI

miércoles, 18 de agosto de 2010

SS Alejandro VI y su devoción al Santisímo Sacramento y a la Virgen María


El Papa Alejandro no ocultó nunca su amor a la Eucaristía y además estimulaba a los fieles a reverenciar al Santísimo. Después de ser elegido Papa llevaba siempre consigo una teca de oro colgando del cuello y dentro la Sagrada Forma consagrada, decía: «Yendo con Dios se va mejor». Favoreció mucho el culto eucarístico en muchas naciones; alentó la comunión frecuente y concedió indulgencias a aquellos fieles que adoraran al Santísimo noche y día.

Nuestra Custodia mayor se debe al gesto significativo del Papa al regalar a la Colegiata lo necesario para que se confeccionara esta Custodia y sacar en procesión tan admirable Sacramento.

Por otra parte la figura de Alejandro Vi se vincula a un amor entrañable hacia la Virgen María. En sus cartas se puede leer diversas alabanzas a la Virgen, a la vez que en sus sermones o discursos. No faltan consejos a sus hijos en los que les dice que sean devotos de nuestra Señora. En sus actos oficiales no faltaban cantos de alabanzas a la Virgen.

En la plaza del Pópulo en Roma existe todavía una iglesia a la que el Papa le gustaba ir a rezar siendo cardenal y luego siempre que podía de Papa.

Hay que considerar también que bajo su pontificado Miguel Angel esculpió la imagen famosa de la Piedad que hoy se venera en san Pedro de Roma y constituye una de las imagen de la Virgen más bellas del mundo.

A la bendita Madre de Dios atribuía su protección ante los muchísimos peligros a los que estaba expuesto durante su ministerio.

Por bula de 5 de febrero de 1493 el Papa estableció una nueva fiesta de la santísima Virgen María, que se había de celebrar en la ciudad y diócesis de Valencia, perpetuamente, en el tercer domingo después de Pascua de Resurrección; a saber, la fiesta de la Aparición de Nuestro Señor a su Madre santísima después de su Resurrección. Asimismo fue el Papa Alejandro VI el primero que permitió, en el año 1499, la celebración de la fiesta de la Presentación de la santa Niña María en el Templo, y elevó las octavas de todas las demás festividades de María a la categoría de «Minoris Duplicis».

Al Papa Alejandro se le atribuye la propagación de la plegaria del «Angelus», su tío Calixto III en 1456 fue su fundador, pero es Alejandro quien lo propaga por toda la cristiandad estableciendo los toques de campanas recordando el gran momento de la Encarnación.

Y también no podemos olvidar algo que muchos ignoran cuando pasean por la Vía Merulana de Roma que une las basílicas de san Juan de Letrán con santa María la Mayor. En la iglesia de san Andrés, muy cerca ya de santa María la Mayor, mandó colocar una imagen milagrosa de la Virgen traída de Oriente, que es la imagen conocida con el nombre del «Perpetuo Socorro».

Alejandro VI es el precursor del dogma de la Inmaculada Concepción que proclamó el Papa beato Pío IX en el año 1854. Los historiadores alaban la prudencia y firmeza con que el Papa Alejandro llevó este asunto; digamos que puso en marcha el mecanismo que llegó a buen puerto con Pío IX.

La basílica de santa María la Mayor, la más grande y bella del mundo dedicada a la Virgen lleva impresas las huellas del Papa Borja, su escudo campea en el artesonado y ello indica el cariño con que el Papa miró siempre esta basílica a la que adornó ricamente.

En una pena que cuando se habla del Papa Alejandro VI se carguen las tintas para resaltar sus defectos y la vida frívola que caracterizó su etapa de seglar y sin embargo se oculte o disimulen sus virtudes y sus dotes como Pontífice dando a conocer lo que hizo siendo Papa a favor de la Iglesia y del mundo entero. Mucho de lo que este Papa sembró en el seno de la Iglesia todavía perdura en la historia y en la práctica religiosa.

Al Papa Borja se le debería recordar como el Papa del Angelus y no debemos olvidar que esta oración es una de las más célebres, conocidas y rezadas en el mundo cristiano.

A 507 años del fallecimiento de SS Alejandro VI


Transcribimos la Homilía realizada para la conmemoración del V Centenario del fallecimiento de SS Alejandro VI por Arturo Climent,Abad de Xátiva



1.- El Señor, una vez más, nos concede poder vivir efemérides importantes de la historia de esta Iglesia Colegial Basílica. Conmemoramos el V Centenario de la muerte del Papa Alejandro VI que murió el 18 de agosto de 1503, a las 6 de la tarde, en la calurosa Roma. Hoy. Víspera de tal acontecimiento, nos reunimos alrededor del Altar para ofrecer la Eucaristía en su recuerdo y pedir al Señor resucitado le acoja en su regazo.

2.- Rodrigo de Borja nace en Xàtiva en 1431, aquí crece hasta que su tío Alfonso de Borja, Calixto III se lo trae a Roma para educarlo mejor. Tenía 18 años. Estudió Derecho en Bolonia y a la edad de 25 años ya fue promovido a Cardenal. Tuvo varios hijos. Su vocación no era la sacerdotal sino la de príncipe. Y por esos caminos circuló.

En 1456 es nombrado obispo de Valencia y años más tarde será ordenado sacerdote y consagrado obispo. A partir de ese momento su vida cambió radicalmente. La historia de su pasado nunca le abandonó, le hizo sufrir muchísimo y perdura quinientos años después.

Vuelve a Xàtiva en agosto de 1473 como obispo, cardenal, vicecanciller y legado del Papa, pero también como ex deán de la Colegiata. Su corazón se ensancha y se llena de alegría al encontrarse en su pueblo y en la Iglesia que le vio nacer; sus amigos le rodean, le saludan y el Cardenal Rodrigo va recordando los espacios de su infancia y juventud. Xàtiva le recibe con grandes honores y celebra fiestas en su honor.

Consigue para la diócesis de Valencia el rango de arzobispado y él será el primer arzobispo de Valencia. Además funda la Universidad de Valencia y le concede los privilegios y las prerrogativas que pudo. Otras muchas universidades de Europa se deben a la iniciativa del Papa Alejandro.

Adquiere Llombai y Gandía que pasarán a ser propiedad de los Borja. Llombai como Marquesado y Gandía como Ducado. Un biznieto del Papa san Francisco de Borja hará honor a esta herencia.

3º.- El día 11 de agosto de 1492 es elegido Papa el cardenal Borja que escogió el nombre de Alejandro. La noticia llegó a Xàtiva el 20 de agosto, dicen los historiadores que ninguna ciudad del mundo le aventajó celebrando festejos y actos en honor del nuevo Papa, segundo ya de Xàtiva.

Como Papa, Alejandro VI se distinguió en muchos aspectos importantes que influyeron en la historia universal. Únicamente deseo resaltar tres que considero importantes y que apenas se conocen y nadie se esfuerza en resaltar y propagar.

A) Su afán por la evangelización.

Al Papa Alejandro vivió muy de cerca el Descubrimiento de América y aparte de que tuvo que señalar las partes del Nuevo Mundo que corresponderían a España y a Portugal, se esforzó por enviar buenos misioneros, excelentes pastores para anunciar el Evangelio en las tierras descubiertas.

A los reyes de España, Isabel y Fernando les dio el sobre nombre de Reyes Católicos y les sugirió líneas a seguir para la evangelización Granada y el resto de la Península Ibérica. Al Papa Alejandro VI se debe la plantación del Majestuoso Arbol de la fe católica cuyas ramas se extienden hoy sobre todo mundo cristiano.

B) Devoción de Alejandro VI hacia la Eucaristía

Pocos hablan de la seria devoción del Papa Borja hacia el Santísimo Sacramento. Junto a su pecho llevaba siempre una teca de oro y dentro la Sagrada Forma Consagrada, «yendo con Dios, decía, todo va mejor». Alentó a recibir con más frecuencia la sagrada Comunión y favoreció la oración ante el Santísimo Sacramento y las procesiones con la Custodia. Además promovió el ofrecimiento de Misas por las Almas del Purgatorio, sabiendo el valor y el poder de la santa Misa ante Dios. En los apartamentos Borgia del palacio pontificio se puede contemplar una famosa pintura donde el Papa arrodillado y revestido de pontifical adora a Cristo. La celebración del Gran Jubileo de 1500, donde Alejandro VI disfrutó y trabajó por la Iglesia, fomentó el culto divino a Jesucristo presente en la Eucaristía. Y, finalmente, es muy significativo el detalle de regalar lo necesario para que la Colegiata de su pueblo tuviera una gran y hermosa Custodia donde sacar en procesión al Santísimo Sacramento.

C) Devoción a la Virgen Santísima

Otro aspecto que pocos historiadores mencionan es la devoción que el Papa sentía hacia la Virgen María. No olvidemos que en su tiempo Miguel Angel esculpió la Piedad; dato muy importante en la vida del Papa Alejandro.

En sus discursos y cartas siempre habla de la Virgen en términos de confianza y gratitud. En los actos oficiales aprovecha la ocasión para cantar las alabanzas y expresar su amor y veneración hacia la Madre de Dios. Dato de interés es su predilección hacia la Virgen del Pópulo y su iglesia en la importante plaza del mismo nombre en Roma. Allí, siendo cardenal acudía muchas veces a rezar, regaló el órgano y embelleció el templo. A la santísima Virgen atribuía Alejandro VI su protección ante tantos enemigos como tenía en Roma. La Basílica de santa María la Mayor es un claro exponente de la devoción que el Papa sentía hacia la Virgen.

Pero sobre todo resalta la propagación del rezo del Ángelus. Su tío Calixto III lo compuso y divulgó por Roma su practica; pero fue Alejandro VI quien quiso extender la devoción al rezo del Angelus por toda la cristiandad y que sonaran las campanas de las iglesias tres veces al día invitando a los fieles a la oración. Al colocar la campana María de la Colegiata, tuve gran interés de que sonara tal y como lo mandó el Papa Alejandro: nueve campanadas al amanecer, al medio día y al anochecer. Con esos toques alejandrinos recordamos el misterio de la Encarnación. Para Xàtiva el Angelus debería tener una carga espiritual e histórica, si cabe, mayor por su fundador y por su propagador, los dos Papas setabenses.

El 18 de agosto de 1503, en pleno ferragosto romano moría el Papa Alejandro VI.

Sus restos descansan en la iglesia española de santa María de Monserrat, junto con los de su tío el Papa Calixto III. Aprovechando este Centenario un grupo de feligreses en la semana de Pascua visitamos el lugar y ofrecimos nuestra oración.

La Iglesia Colegial conmemora esta fecha con la oración, la ofrenda de flores ante su estatua y diversos actos a partir de octubre hasta la fiesta de los Mártires de la Seu y Día de la Parroquia en febrero.

Nuestra finalidad siempre es espiritual y encaminada hacia la nueva evangelización. A la conmemoración de este Centenario del Papa unimos nuestros objetivos y pedimos al Señor poder lograrlos con la ayuda de la gracia.

domingo, 4 de julio de 2010

SS Alejandro VI ante la Renovatio Ecclesiae


El papado y el orden monástico: unidad e impulso de la observancia

Kaspar Elm ha señalado recientemente la necesidad de adoptar una perspectiva amplia a la hora de estudiar la evolución de las órdenes religiosas en los siglos tardomedievales. Concretamente, ha advertido del peligro de interpretar su proceso de renovación como un fenómeno de “autoreforma”, desvinculándolo de los agentes exteriores –laicos y eclesiásticos– que lo hicieron posible y canalizaron sus deseos de cambio hacia la eenovación de la Iglesia entera.18 Esta consideración resulta particularmente importante a la hora de tener en cuenta los enlaces existentes entre los agentes renovadores de la vida religiosa y el papado, incluyendo a los cardenales, prelados, juristas u otros oficiales de la curia que participaron en estas iniciativas.
Para valorar el lugar del pontificado de Alejandro VI en esta renovatio Ecclesiae habría que reconstruir las relaciones del pontífice con los grandes obispos reformadores o aquellos “prelados de Estado” que actuaban de enlace entre las estructuras eclesiásticas y las monárquicas cada vez más centralizadas: Jiménez de Cisneros en Castilla (1436-1517), Georges d.Amboise († 1510) en Francia, Pietro Barocci en Padua (1441- 1507), Raymond Péraud (1435-1505) en tierras del Imperio, o Adriano Castellesi da Corneto (c. 1461-1521) en Inglaterra.20 En segundo lugar, es preciso conocer el esfuerzo de los cardenales protectores (Jorge Costa para la orden franciscana, Raffaele Diario para la orden agustina, Francesco Piccolomini para los benedictinos u Oliviero Caraza para los dominicos) por facilitar las iniciativas de la rama observante, deseosa de una interpretación de la regla más fiel a sus raíces, sin provocar una ruptura con la rama conventual, encallada en diversos privilegios que mitigaban el rigor primitivo. Por último, es preciso tener en cuenta el tercer vértice del “triángulo reformador”: el poder político, en el que no resulta fácil deslindar los ideales religiosos de las ventajas económico- jurídicas que obtenían sobre las abadías reformadas en virtud de un ius reformando que aceleró la evolución hacia el Estado moderno.

¿Cuál fue el papel del papado en el proceso de reforma de las órdenes religiosas?

En líneas generales, Alejandro VI siguió en este terreno la política de Sixto IV: actuar en sintonía con los vicarios respectivos y apoyar a las congregaciones de observancia –particularmente activas entre las órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos, agustinos y carmelitas)– ya fuera ampliando su autonomía respecto a los superiores generales o bien instituyendo congregaciones independientes. Se trataba de impulsar los ideales de reforma sin romper la unidad. Un objetivo particularmente delicado en el caso de la orden franciscana, aquejada de un proceso de escisión entre la rama conventual y la observante, deseosa de emprender una reforma que privilegiara la ascesis, el espíritu de oración, la pobreza originaria, la vida en común y la clausura. Los métodos expeditivos empleados en Castilla para reformar a los conventuales no fueron bien vistos en la curia, donde el cardenal Costa sirvió de portavoz de los que denunciaban la vulneración de libertades y la apropiación de las rentas de los conventos reformados por la Corona. A pesar de algunas crisis coyunturales como la de 1497, Alejandro VI apoyó la acción de los Reyes Católicos tras garantizar su vigilancia a través del nuncio Francesc Desprats como juez delegado para la reforma.
Este nuevo impulso coincide con el que emprendió en 1499 Enrique VII –verdadero promotor de la observancia en Inglaterra– gracias a tres bulas papales que le permitieron
entregar a los observantes las principales casas conventuales de Canterbury, Newcastle y Southampton, y crear dos nuevos conventos en Richmond y Newark. Más difícil fue resolver la división interna que se estaba produciendo en la orden. El papa intentó evitarla con la promulgación de los Statuta Alexandrina de 1501, realizados en colaboración con el procurador general de la orden, el observante Egidio Delfini, pero las medidas demasiado complacientes para los conventuales no resultaron satisfactorias.
Con todo, por la vía práctica el papa atajó con energía la indisciplina que reinaba en determinados lugares como París, donde encargó a su nuncio Antonio Flores la reforma de aquellos franciscanos que incumplían la regla y causaban desórdenes en la Universidad. La orden dominica gozó de la prudente gestión del cardenal Carafa y la actividad reformadora de su vicario Vicenzo Bandelli, cuyo breve generalato ha sido considerado el más denso y laborioso de la historia de la orden. El papa protegió especialmente la rama observante de la congregación lombarda, dotándola en 1494 de importantes privilegios y poniendo bajo su protección trece casas conventuales del reino de Nápoles para que fueran reformados. Fue una medida demasiado traumática. Para evitar el enfrentamiento entre los monjes, Bandelli tuvo que intervenir y en 1496 logró que el papa permitiera el regreso de los observantes a sus conventos del norte. En el capítulo general celebrado en Roma en 1501, Bandelli trazó las líneas generales de su acción pastoral, concentrada en rehacer el espíritu evangélico, devolver al estudio su preeminencia y visitar personalmente las casas de la orden en Francia, Bélgica, España e Italia. En Roma, los dominicos desarrollaron una intensa actividad teológica y homilética que más adelante comentaremos, mientras el papa les confiaba en el cargo de maestro del sacro palacio o asuntos más personales como la educación de su hija Lucrecia, formada en el convento de San Sixto.
La dirección de la orden agustina estuvo a cargo del prior general Mariano da Genazzano, a quien el papa otorgó los permisos necesarios para visitar y reformar los conventos de todas las provincias y congregaciones tanto observantes como conventuales. Aunque esta labor sufrió algunas interrupciones por la resistencia de la congregación de la observancia lombarda, tuvo su continuación gracias a la sucesión de
Egidio de Viterbo, uno de los teólogos-humanistas de mayor altura moral e intelectual del momento. Genazzano fue un infatigable defensor del papa en la polémica savonaroliana y desempeñó delicadas misiones diplomáticas a su servicio. Consciente de la lealtad que los agustinos le habían dispensado desde los tiempos de Jaime Pérez de Valencia –su vicario en la diócesis de Valencia (1468-1490)–, el papa confió su conciencia a uno de sus miembros –Agostino di Castello– y otorgó a la orden la dignidad de sacristán del palacio apostólico (1497), que se encargaba de la custodia del sagrario y los preciosos ornamentos de la capilla papal. Menos éxito tuvo la orden carmelita, donde las iniciativas de su procurador general Gracián de Villanova –teólogo, legado y confesor del papa– se truncaron tras su fallecimiento en 1497.31 Su sucesor, el catalán Pere Terrassa, no estuvo a la altura de su antecesor. Fue acusado de oportunismo y sus medidas se mostraron ineficaces hasta su sustitución en 1513 por el beato Bautista Mantuano, vicario general de la ferviente congregación mantuana e inspirador de los estatutos de la congregación fundada en Albi en 1502. El afán reformador no fue exclusivo de las órdenes mendicantes. En este terreno, la orden benedictina también dio pasos importantes durante el pontificado Borja. En Francia, el papa nombró en 1496 a tres abades benedictinos para restaurar la observancia con facultades de visitar todos los conventos, y en 1501 entregó al cardenal Georges d.Amboise los poderes para reformarlos.33 Los mayores éxitos se cosecharon en los monasterios de Saint-Sulpice de Bourges (1499), Saint Allyre de Clermont (1500) y Saint-Vincent de Mans (1502), que acabaron agrupados en la congregación de Chezal- Benoît en 1505. Sin embargo, fue en los reinos unificados de Castilla y Aragón donde el benedictinismo se renovó profundamente gracias a la congregación de San Benito de Valladolid, extendida a Aragón a través de la congregación de Santa María de Montserrat, erigida por Alejandro VI en 1497. La reactivación de la vida religiosa fue de tal intensidad que la congregación acabaría englobando a todos los monasterios españoles, exceptuando la congregación claustral tarraconense, ligada a la Corona de Aragón. Alejandro VI también apoyó las tendencias autonómicas y regionales de la orden del Cister. Para ello negoció con los príncipes la formación de congregaciones que impulaban la reforma, como sucedía en la península Ibérica y en la zona centroseptentrional de Italia, cuyos monasterios fueron reunidos en una organización autónoma –la congregación cisterciense de San Bernardo– separada del gobierno central de Cîteaux. Con todo, la rivalidad suscitada entre los cardenales Ascanio Sforza y Giovanni de Medici por la abadía milanesa de Morimondo en 1503 exigió volver a unificar temporalmente las dos provincias italianas –la lombarda y la toscana– que el papa acaba de crear.
En el ámbito del eremitismo despuntó la figura de Pietro Dolfin, general de los camaldulenses, reformador y humanista. Los avatares de las guerras de Italia y las campañas de César Borja no facilitaron su gobierno ni sus intentos de evitar la escisión del convento de San Michele di Murano, en plena expansión por la actividad de su vicario Paolo Orlandini. Dentro del eremitismo ibérico se desarrolló especialmente la orden jerónima, gracias a la protección de la Corona y al carisma de dirigentes como fray Hernando de Talavera, arzobispo de Granada y confesor real. Alejandro VI hizo “mucho [por la orden] y se le mostró siempre favorable”, escribe fray José de Sigüenza sin ocultar en su Historia las taras personales del papa Borja. Concretamente, permitió la elección trienal de sus dirigentes, concedió un estatuto anti-converso poniendo fin a ciertos escándalos, confirmó diversas donaciones regias, y les encomendó la reforma de algunos conventos de la orden militar de Santiago y de los canónigos regulares de San Isidoro de León (1502). En Portugal, el papa también autorizó nuevas fundaciones jerónimas y el traspaso de la casa de Belem, perteneciente a la orden de Cristo. La reforma de las órdenes militares constituye un capítulo aparte, pues las iniciativas en este sentido no se orientaron al retorno de la regla primitiva, sino al saneamiento económico, la superación de los particularismos y el fortalecimiento del poder central. Sólo así se entiende que el papado se apoyara en la Corona para facilitar la readaptación de las órdenes militares dentro de un espacio político-militar cada vez más intervenido por el poder monárquico. Alejandro VI mantuvo en este sentido la política ensayada por Inocencio VIII, confirmando a los Reyes Católicos la entrega de la administración temporal de los maestrazgos de las tres órdenes ibéricas más importantes –Santiago, Alcántara y Calatrava–, mientras ampliaba los privilegios de Manuel II de Portugal sobre la orden de Cristo. Con estas medidas, el papa ponía en manos de la monarquía los formidables recursos de estas instituciones, no sin responsabilizarles de la reforma espiritual que debían encomendar a “personas religiosas de dichas milicias”.
El papa también entregó a Fernando el Católico las posesiones sicilianas de la orden teutónica, pero se resistió a ceder la orden de Montesa –instalada en Valencia– o a extinguir la del Santo Sepulcro, como había dispuesto Inocencio VIII en 1489 al unirla a la orden de San Juan del Hospital (1489).44 Ésta era la única orden militar que seguía desempeñando un cometido defensivo en el Mediterráneo oriental y por la que Alejandro VI mantuvo ciertos forcejeos con el maestre Pierre d.Aubusson a raíz del nombramiento de ciertos cargos, con los Reyes Católicos por los prioratos ibéricos, y con algunos obispos que vulneraban los privilegios fiscales de la orden.

Mapa de las nuevas fundaciones

En el ámbito de la renovación religiosa es preciso considerar las órdenes y congregaciones que surgieron en estos años con el apoyo del papado. Un hecho más complejo de lo que pueda parecer, pues sus fundadores debían aportar argumentos sólidos para salvar la prohibición de fundar nuevas órdenes establecida por el IV concilio de Letrán (1215). En este terreno, las órdenes mendicantes fueron especialmente creativas.
Desgajándose de la rama observante del franciscanismo, surgió en Castilla la reforma guadalupiana, erigida en congregación sub arctiori observantia vivendi modo, según afirma la bula de fundación otorgada por Alejandro VI en 1496.46 Su evolución no fue pacífica por la oposición de algunos frailes observantes que denunciaron a los Reyes Católicos el transfuguismo de conventos. Tras un período de negociaciones, el papa finalmente les amplió las facultades de incorporar a los conventuales y fundar conventos en cualquier lugar de la península Ibérica. Del tronco franciscano también surgió la nueva orden de los mínimos, fundada por san Francisco de Paula y conocida por Rodrigo de Borja al menos desde que intervino en 1467 en la gestión de una indulgencia para el convento calabrés de Paola (Calabria).
47 Como pontífice, aprobó la segunda redacción de la regla en 1493, que intensifica la dimensión eremítica de la orden. Sin embargo, su extraordinaria difusión favorecida por los poderes políticos acabó por transformar el incipiente eremitismo en un cenobitismo mendicante que confirmó Alejandro VI en 1495. Siete años después, el cardenal Carvajal y el referendario pontificio Felino Sandei examinaron una nueva regla aprobada por el papa en 1501-1502, en la cual se daba cabida a la orden tercera integrada por laicos deseosos de vivir el espíritu penitencial de los mínimos.
La espiritualidad franciscana también debió influir en la orden de la Anunciada (l.Annonciade) u orden de la virgen María, fundada por santa Juana de Valois –reina de Francia– con la ayuda del minorita observante el beato Gabriel-María. Tras la declaración de nulidad de su matrimonio con Luis XII y siguiendo una inspiración sobrenatural, Juana puso en marcha esta orden, que pretendía honrar a la virgen María mediante la fiel imitación de su vida. Gabriel-María se encargó de redactar la regla, que fue estudiada en Roma por el datario Giovanni Battista de Ferrari y confirmada por Alejandro VI en 1502, a pesar de la oposición de varios cardenales. Distinguiéndose de estos brotes de espiritualidad ligada al contemptus mundi, la orden dominica proporcionó modelos de santidad femenina más comprometidos con la renovación moral y espiritual de la sociedad civil. Nos referimos al movimiento liderado por la beata Colomba da Rieti (1467-1501) y santa Lucia de Narni (1476-1544), terciarias dominicas dotadas de un carisma profético que suscitó el interés de la clase política del momento y del propio Alejandro VI.50 Durante su estancia en Perugia en 1495, el papa escuchó las reconvenciones personales de Colomba, y al año siguiente mantuvo con Lucia de Narni un coloquio secreto en Viterbo del que salió conmovido. Dos gestos que recuerdan los encuentros de otras dos santas místicas –Catalina de Siena y Brígida de Suecia– con los papas de Avignon, y que consolidaban la alianza del papado con aquella corriente espiritual del misticismo femenino que parecía renacer en las horas más bajas de la sede petrina.52 Más adelante, Alejandro VI parecerá apoyar la difusión de este modelo de santidad femenina a través de obras como el Stigmifere virginia Lucie de Narnia aliarumque spiritualium personarum feminei sexus facta admiratione digna (1501) –redactada por su legado en Bohemia, el célebre inquisidor dominico Heinrich Krämer–, o reabriendo en 1499 el proceso de beatificación de santa Francesca Romana (1384-1440), otra mística, consejera de Eugenio IV y fundadora de la congregación laica de las oblatas de María.
En este contexto más secular cabe situar las congregaciones laicales y clericales próximas a la devotio moderna, una espiritualidad activa y contemplativa cultivada por los canónigos regulares de Windesheim (Holanda).54 El reformador alemán Jan Standonck –amigo de san Francisco de Paula– extendió esta espiritualidad en Francia y los Países Bajos, donde llegó a administrar un centenar de abadías en 1496 y los colegios fundados en Mechlin, Breda, Beauvais y en la Universidad de Lovaina. La iniciativa más original de Standonck fue la congregación de Montaigu, dedicada a la formación del clero joven y regida por una regla que ha sido considerada “uno de los monumentos más importantes de la reforma católica a comienzos del siglo XVI”.55 Alejandro VI confirmó aquellas fundaciones y aprobó oralmente la congregación de Montaigu en 1500, introduciendo algunas modificaciones.
El papa se interesó especialmente por la congregación laical (sine sacerdotio) de los jesuatos, que desde su fundación en 1335 oscilaban entre el eremitismo propio de su vocación contemplativa y la actividad asistencial hacia los enfermos en ciudades del centro y norte de Italia. De acuerdo con las autoridades de la congregación, el papa promovió la clericalización de su modo de vida, estipulando el hábito y confirmando en 1499 su status congregacional con la nueva intitulación de “jesuatos de san Jerónimo”, que les permitía titular sus iglesias y llevar las insignias de este padre de la Iglesia. Otras iniciativas más locales fueron la congregación de los canónigos regulares de San Pedro de Monte Corbulo –fundada por Piero di Regio e instalados en la iglesia de San Michele (Siena) gracias a la intervención de Francesco Soderini, referendario de Alejandro VI–, y la congregación eremítica de Santa María in Gonzaga, iniciada por Girolamo Redini da Castelgoffredo a raíz de la curación milagrosa del marqués de Mantua en 1488. Diez años después, el papa aprobó su regla tras haberla mandado examinar en 1496 al obispo de Reggio Gianfrancesco Arlotti. Pietro Gravina.

miércoles, 30 de junio de 2010

Primera bula Inter Caetera (Sobre la Evangelización de América) - SS Alejandro VI


Alejandro [obispo, siervo de los siervos de Dios]. Al queridísimo hijo en Cristo Fernando y a la queridísima hija en Cristo Isabel, ilustres reyes de Castilla, León, Aragón y Granada, salud [y bendición apostólica]. Entre las obras agradables a la divina Majestad y deseables para nuestro corazón existe ciertamente aquella importantísima, a saber, que, principalmente en nuestro tiempo, la fe católica y la religión cristiana sean exaltadas y que se amplíen y dilaten por todas partes y que se procure la salvación de las almas y que las naciones bárbaras sean abatidas y reducidas a dicha fe. Desde que fuimos llamados a esta sede de Pedro, no por nuestros méritos sino por la divina misericordia, hemos sabido que sois reyes y príncipes verdaderamente católicos, como siempre supimos que erais y como lo demuestran a casi todo el mundo vuestras obras conocidísimas, ya que no habéis antepuesto nada a ella, sino que la habéis buscado con toda aplicación, esfuerzo y diligencia, no ahorrando trabajos, gastos ni peligros; incluso derramando la propia sangre; y os habéis dedicado ya desde hace tiempo con todo vuestro ánimo a la misma, como lo atestigua en la actualidad la reconquista del reino de Granada de la tiranía de los sarracenos, hecha con tanta gloria para el Nombre de Dios; por ello, de un modo digno y no inmerecido, nos sentimos inclinados a concederos espontanea y favorablemente todo aquello que os permita seguir en el futuro con este propósito santo, laudable y acepto a Dios, con ánimo más ferviente, para honor del mismo Dios y propagación del Imperio cristiano. Nos hemos enterado en efecto que desde hace algún tiempo os habíais propuesto buscar y encontrar unas tierras e islas remotas y desconocidas y hasta ahora no descubiertas por otros, a fin de reducir a sus pobladores a la aceptación de nuestro Redentor y a la profesión de la fe católica, pero, grandemente ocupados como estabais en la recuperación del mismo reino de Granada, no habíais podido llevar a cabo tan santo y laudable propósito; pero como quiera que habiendo recuperado dicho reino por voluntad divina y queriendo cumplir vuestro deseo, habéis enviado al amado hijo Cristóbal Colón con navíos y con hombres convenientemente preparados, y no sin grandes trabajos, peligros y gastos, para que a través de un mar hasta ahora no navegado buscasen diligentemente unas tierras remotas y desconocidas. Estos, navegando por el mar océano con extrema diligencia y con el auxilio divino hacia occidente, o hacia los indios, como se suele decir, encontraron ciertas islas lejanísimas y también tierras firmes que hasta ahora no habían sido encontradas por ningún otro, en las cuales vive una inmensa cantidad de gente que según se afirma van desnudos y no comen carne y que -según pueden opinar vuestros enviados- creen que en los cielos existe un solo Dios creador, y parecen suficientemente aptos para abrazar la fe católica y para ser imbuidos en las buenas costumbres, y se tiene la esperanza de que si se los instruye se introduciría fácilmente en dichas islas y tierras el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo y el nombrado Cristóbal en una de las islas principales ya hizo construir y edificar una torre bastante pertrechada en la que dejó a algunos de los cristianos que iban con él para que la custodiasen, y buscasen otras tierras lejanas y desconocidas; en algunas de las islas y tierras ya descubiertas se encuentra oro, aromas y otras muchas materias preciosas de diverso género y calidad. Por todo ello pensáis someter a vuestro dominio dichas tierras e islas y también a sus pobladores y habitantes reduciéndolos -con la ayuda de la divina misericordia- a la fe católica, tal como conviene a unos reyes y príncipes católicos, y siguiendo el ejemplo de vuestros progenitores de gloriosa memoria. Nos pues encomendando grandemente en el Señor vuestro santo y laudable propósito, y deseando que el mismo alcance el fin debido y que en aquellas regiones sea introducido el nombre de nuestro Salvador, os exhortamos cuanto podemos en el Señor y por la recepción del sagrado bautismo por el cual estáis obligados a obedecer los mandatos apostólicos y con las entrañas de misericordia de nuestro Señor Jesucristo os requerimos atentamente a que prosigáis de este modo esta expedición y que con el animo embargado de celo por la fe ortodoxa queráis y debáis persuadir al pueblo que habita en dichas islas a abrazar la profesión cristiana sin que os espanten en ningún tiempo ni los trabajos ni los peligros, con la firme esperanza y con la confianza de que Dios omnipotente acompañará felizmente vuestro intento. Y para que -dotados con la liberalidad de la gracia apostólica- asumáis más libre y audazmente una actividad tan importante, por propia decisión no por instancia vuestra ni de ningún otro en favor vuestro, sino por nuestra mera liberalidad y con pleno conocimiento y haciendo uso de la plenitud de la potestad apostólica y con la autoridad de Dios omnipotente que detentamos en la tierra y que fue concedida al bienaventurado Pedro y como Vicario de Jesucristo, a tenor de las presentes, os donamos concedemos y asignamos perpetuamente, a vosotros y a vuestros herederos y sucesores en los reinos de Castilla y León, todas y cada una de las islas y tierras predichas y desconocidas que hasta el momento han sido halladas por vuestros enviados y las que se encontrasen en el futuro y que en la actualidad no se encuentren bajo el dominio de ningún otro señor cristiano, junto con todos sus dominios, ciudades, fortalezas, lugares y villas, con todos sus derechos, jurisdicciones correspondientes y con todas sus pertenencias; y a vosotros y a vuestros herederos y sucesores os investimos con ellas y os hacemos, constituimos y deputamos señores de las mismas con plena, libre y omnímoda potestad, autoridad y jurisdicción. Declarando que por esta donación, concesión, asignación e investidura nuestra no debe considerarse extinguido o quitado de ningún modo ningún derecho adquirido por algún príncipe cristiano. Y además os mandamos en virtud de santa obediencia que haciendo todas las debidas diligencias del caso, destineis a dichas tierras e islas varones probos y temerosos de Dios, peritos y expertos para instruir en la fe católica e imbuir en las buenas costumbres a sus pobladores y habitantes, lo cual nos auguramos y no dudamos que haréis, a causa de vuestra máxima devoción y de vuestra regia magnanimidad. Y bajo pena de excomunión latae sententiae en la que incurrirá automáticamente quien atentare lo contrario, prohibimos severamente a toda persona de cualquier dignidad, estado, grado, clase o condición, que vaya a esas islas y tierras después que fueran encontradas y recibidas por vuestros embajadores o enviados con el fin de buscar mercaderías o con cualquier otra causa, sin especial licencia vuestra o de vuestros herederos y sucesores. Y como quiera que algunos reyes de Portugal descubrieron y adquirieron, también por concesión apostólica algunas islas en la zona de Africa, Guinea y Mina de Oro y les fueron concedidos por la Sede Apostólica diversos privilegios, gracias, libertades, inmunidades, exenciones e indultos; Nos, por una gracia especial, por propia decisión, con plena conciencia y usando de la plenitud apostólica, queremos extender y ampliar de modo semejante, a vosotros y a vuestros sucesores, respecto a la tierras e islas halladas por vosotros o las que se hallasen en el futuro, todas y cada una de aquellas gracias, privilegios, exenciones, libertades, facultades, inmunidades e indultos, con la misma eficacia que si se encontrasen insertos palabra por palabra en las presentes, y queremos que podáis y debáis usar, poseer y gozar de los mismos libre y lícitamente en todo caso y circunstancia tal como si hubiesen sido especialmente concedidos a vosotros o a vuestros sucesores. No obstando en contrario de lo concedido en las presentes letras ninguna constitución u ordenación apostólica. Confiando en Aquel de quien proceden todos los bienes, imperios y dominios, esperamos que si -con la ayuda del Señor- continuáis con este santo y laudable trabajo en breve tiempo se conseguirá el éxito de vuestros esfuerzos con felicidad y gloria de todo el pueblo cristiano. Pero como sería difícil llevar las presentes letras a todos aquellos lugares en los que podrían resultar necesarias, queremos y con similar determinación y conocimiento determinamos que todas las copias de las mismas que fueran suscritas por un notario público y munidas con un sello de alguna persona investida de una dignidad eclesiástica, o de una curia eclesiástica, gocen del mismo valor probatorio en un juicio o fuera de él que si fueran mostradas las presentes. Nadie pues se atreva [en modo alguno] a infringir [o a contrariar con ánimo temerario este documento] de nuestra exhortación, requerimiento, donación, concesión, asignación, investidura, acción, constitución, deputación, mandato, inhibición, indulto, extensión, ampliación, voluntad y decreto. Si alguien pues [se atreviese atentar esto sepa que incurre en la ira de Dios omnipotente y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo]. Dado en Roma junto a San Pedro, en el año (de la encarnación del Señor) mil cuatrocientos noventa y tres, el día quinto de las nonas de mayo [3 de mayo], primero de nuestro pontificado.


Primera bula Inter Caetera (1493)de Alejandro VI, 3 de Mayo de 1493.

lunes, 28 de junio de 2010

La Leyenda negra de los Borja


Arturo Climent Bonafé
Abad de Xátiva


Resulta tremendo vivir quinientos años a cuestas con una leyenda negra que te hace aparecer ante el mundo como un anticristo o el diablo en persona. Pues eso es lo que ha pasado con el Papa de Xàtiva. Alrededor de su persona la aureola de una leyenda nefasta le ha acompañado toda su historia. Es verdad, que existen historiadores serios que se esfuerzan con rigor para poner la figura del Papa Borja en su sitio dándole la importancia precisa a cada acto y acontecimiento de Alejandro VI.

La Historia la hacen los historiadores. No debemos olvidar esto a la hora de enjuiciar al Papa Alejandro.

El Diario de ceremonias o secreto escrito por Johannes Burckarrd describe las ceremonias que preside el Papa y también relata acontecimientos del momento y elementos particulares de la familia del pontífice y de los obispos. No podemos negar que se trata de un estupendo material que en el siglo XVI se recupera y ofrece a los lectores un panorama negativo de la familia Borja. No se si me atrevo a decir que este Dietario secreto marcaría el inicio escrito de la leyenda negra. Durante todo este siglo y el siguiente se va creando una atmósfera borrascosa en donde los autores van adornando y exagerando esta leyenda. Los impresores disfrutarán publicando ya que los lectores se multiplican ante el morbo del contenido. No preocupa la investigación del relato, ni su verdad documentada, interesa el relato y echar las riendas. La gente cae en la trampa. Los autores quieren divertir, entretener aunque sea a costa de la difamación de personas, familias enteras, como ocurre con la familia Borja.

Aquí no todos los historiadores o escritores son fiables.

En el siglo xx incluso esta leyenda se ha llevado al cine, novelando, engrandeciendo y ensuciando la fama de los Borja.

¿Qué hay de verdad en todo este asunto? Lo cierto es que la familia Borja fue una familia influyente y poderosa, dos de sus miembros llegaron a ser Papas de la Iglesia universal. Pero eran españoles. Eso sentó muy mal en Roma y en toda Italia. Cualquier defecto o actitud se magnificaba y se propagaba. Nosotros hoy no podemos entresacar del contexto histórico al Papa Alejandro VI ni a Julio II; ellos fueron hijos de su época y como tales hay que mirarlos y estudiarlos. Porque Julio II no fue mejor que el Papa Borja. Pero toda la problemática de Alejandro la han sacado del contexto y la han presentado como la encarnación del mismísimo Satanás. Contestando a la pregunta, lo cierto del Papa Alejandro es su vida. El no tenía vocación de sacerdote. Se le puso en la clerecía. Su vida como seglar, aunque ya con títulos de cardenal y luego de obispo de Valencia no fue nada edificante. Era hombre de la época. Y eso es lo que luego ha sido trasladado a su vida como obispo ordenado y como Papa. Pero todos sabemos que su vida cambió al recibir las sagradas órdenes y luego como Papa. Pero ya nunca pudo quitarse de encima su propia historia. Hace ahora quinientos años y todavía la lleva sobre sus espaldas.

Existen publicaciones serias y rigurosas que arrancan bloques enteros de esta leyenda y presentan la figura, el trabajo, la preocupación e incluso el ministerio del Papa Alejandro de muy distinta manera. Y por ahí debemos caminar nosotros. Hay que ser medidos, rigurosos, veraces, serios. Estudiar al personaje en su conjunto y en su entorno, en su propia salsa. Entonces comprendemos mejor y no hacemos un falso servicio a la cultura y a la misma sociedad.

Nosotros al conmemorar este V centenario de la muerte del Papa Alejandro uno de los objetivos serios que hemos tenido presente ha sido decir la verdad del Papa Alejandro. Y así lo han presentado los distintos conferenciantes serios y de prestigio que nos han expuesto la obra borgiana. Por ese camino iremos y esa será la línea del recién creado Centro de Estudios Borgiano.

Si no somos veraces, serios y rigurosos la historia nos juzgará.

(Capítulo del libro "Homenaje al Papa Alejandro VI" en el V Centenario de su muerte).
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