martes, 21 de febrero de 2012

San Pedro Damián - 21 de Febrero


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lunes, 20 de febrero de 2012

Vamos a ellos en la caridad de Cristo, - Santa Francisca Javier Cabrini


"En las montañas, cientos de trabajadores se encuentran oprimidos por el trabajo, a vivir lejos de la iglesia, donde la misa se celebró pocas veces, que no se han acercado a la sacramentos durante muchos años, pero que se encuentran en tales buenas disposiciones que sólo necesitan un estímulo, y si vamos a ellos en la caridad de Cristo, que es de todos con todos, ellos, como buenas ovejas, volveran a Dios y a escuchar con docilidad a la voz que llama. "


Santa Francisca Javier Cabrini

Evangelio del día 20 de febrero de 2012


Evangelio según San Marcos 9,14-29. Lunes de la séptima semana del tiempo ordinario


Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: "¿Sobre qué estaban discutiendo?". Uno de ellos le dijo: "Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron".
"Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo". Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.
Jesús le preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que está así?". "Desde la infancia, le respondió,
y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos". "¡Si puedes...!", respondió Jesús. "Todo es posible para el que cree". Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Creo, ayúdame porque tengo poca fe".
Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más". El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: "Está muerto". Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?". El les respondió: "Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración".


Comentario:


«Creo, pero aumenta mi fe» - Catecismo de la Iglesia Católica


Características de la fe. En efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza. «Ciertamente, Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados en conciencia, pero no coaccionados [...] Esto se hizo patente, sobre todo, en Cristo Jesús» (Concilio Vaticano II, 11). En efecto, Cristo invitó a la fe y a la conversión, Él no forzó jamás a nadie...
La necesidad de la fe. Creer en Cristo Jesús y en Aquel que lo envió para salvarnos es necesario para obtener esa salvación (cf. Mc 16,16; Jn 3,36; 6,40 e.a.)...
La perseverancia en la fe. La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; san Pablo advierte de ello a Timoteo: «Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe» (1 Tm 1,18-19). Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que nos la aumente (cf. Mc 9,24; Lc 17,5; 22,32); debe «actuar por la caridad» (Ga 5,6; cf. St 2,14-26), ser sostenida por la esperanza (cf. Rm 15,13) y estar enraizada en la fe de la Iglesia.


Catecismo de la Iglesia Católica. § 160-163

Santa Francisca Javier Cabrini - 20 de Febrero


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Beata Jacinta Marto - 20 de febrero


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San Eleuterio de Tournai - 20 de febrero


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domingo, 19 de febrero de 2012

SS Benedicto XVI: «Servid con la sabiduría de los maestros»


La Basílica de San Pedro se tiñó ayer de rojo cardenalicio durante el consistorio en el que Benedicto XVI creó a 22 nuevos purpurados, entre ellos un español, Santos Abril y Castelló. Durante su alocución en la solemne ceremonia, el Papa hizo dos peticiones de oración. Primero solicitó a los católicos que recen por los flamantes cardenales para que reflejen «de modo vivo» a Jesucristo. Luego habló en primera persona, rogando una súplica para poder «ofrecer siempre al Pueblo de Dios el testimonio de la doctrina segura» al tiempo que rige «con humilde firmeza el timón de la santa Iglesia».

El Pontífice explicó a los 22 elegidos lo que significa ser cardenal. Tendrán sobre todo que servir pues, como Jesús, sólo se recibe «el poder y la gloria» cuando se es «siervo». El «servir y dar la vida» por el prójimo debe ser la brújula que guíe la vida de los nuevos miembros del Colegio Cardenalicio. Deben tratar de emular a Cristo, quien «acogió en sí el destino de dolor y pecado de la humanidad» cumpliendo su servicio con «fidelidad total y responsabilidad plena». La «lógica» de su misión ha de ser la de la Iglesia, «no la del mundo», les recordó el Papa.

Antes de colocar la birreta y el anillo a los 22 nuevos purpurados y de leer la fórmula en latín para la creación de cardenales, Benedicto XVI dijo que al asignarles las diaconías o títulos de parroquias de Roma los insertaba «con todo derecho» en la Iglesia católica para cooperar «estrechamente en el gobierno con el Sucesor de Pedro». En esta «delicada tarea» de ayuda al Pontífice deben «valorar los acontecimientos, problemas y criterios pastorales que atañen a la misión de toda la Iglesia».

La entrega al Papa debe ser hasta el final, hasta el «sacrificio extremo», siguiendo el ejemplo de Jesucristo. De ahí viene el color rojo de la birreta, el solideo y la muceta cardenalicias. «A los nuevos cardenales se les confía el servicio del amor: amor por Dios, amor por su Iglesia, amor por los hermanos con una entrega absoluta e incondicionada, hasta derramar su sangre si fuera preciso, como reza la fórmula de la imposición de la birreta e indica el color rojo de las vestiduras», dijo el Papa, quien señaló otras características que deben regir el comportamiento de los Príncipes de la Iglesia. Han de ser «transparentes y sabios» como los maestros, «enérgicos y fuertes» como los pastores y «fieles y valerosos» como los mártires.

Gestos de afecto
Los momentos más emotivos de la ceremonia se vivieron cuando el Pontífice impuso los símbolos cardenalicios a los 22 nuevos miembros del llamado «club más exclusivo del mundo». A todos ellos el Papa dedicó palabras y gestos de afecto. Con algunos de los purpurados se vivieron momentos curiosos debido a que los ceremonieros no les pusieron bien el solideo y, cuando el Papa les impuso la birreta, éste quedó descolocado. Así le ocurrió a Santos Abril; al portugués Manuel Monteiro de Castro, quien fue nuncio apostólico en España durante nueve años, y al brasileño João Bráz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

El Gobierno español estuvo representado en el consistorio por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, quien estaba acompañado por otras autoridades. El ministro destacó que con la púrpura de Abril, España cuenta ya con diez connacionales en el Colegio Cardenalicio, «lo que pone de manifiesto la importancia de nuestro país para la Iglesia y sus fuertes raíces católicas». Fernández dijo que portaba tanto a Abril como a Monteiro de Castro los saludos del Rey Don Juan Carlos. «Monteiro es un gran amigo de nuestro país y de Su Majestad», explicó el titular de la cartera de Interior.

"Incluso si el alma llegara a sucumbir" - San Pío de Pietrelcina


"Incluso si el alma llegara a sucumbir ¿debe por esto desesperar? Que se rehabilite y en adelante siga fiel a su Dios. Él mismo no quiere que se pierda el alma que ha caído y se levanta. Si quisiera perderla como realmente lo merece, no le daría la gracia de volver a levantarse".

San Pío de Pietrelcina

Evangelio del día 19 de febrero de 2012


Evangelio según San Marcos 2,1-12. Séptimo Domingo del tiempo ordinario.


Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: "¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?" Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".


Comentario:


«Sólo Dios, puede perdonar los pecados» - San Pedro Crisólogo




"Hijo mío, tus pecados te son perdonados".Por estas palabras, Cristo quiso ser reconocido como Dios mientras todavía se escondía a los ojos humanos bajo el aspecto de un hombre. A causa de las manifestaciones de su poder y sus milagros, se le comparaba con los profetas; y sin embargo era gracias a él y gracias a su poder, que ellos también habían hecho milagros. Conceder el perdón de los pecados no está en poder del hombre; es la marca propia de Dios. Así es como Jesús comenzaba a descubrir su divinidad en el corazón de los hombres - y esto provoca la rabia en los fariseos que replican: "¡Blasfema! ¿Quién puede borrar los pecados, si no sólo Dios?"
¡Tú, fariseo, crees que sabes y eres sólo un ignorante! ¡Crees que celebras a tu Dios y no lo reconoces! ¡Crees que das testimonio, y das golpes! ¿Si es Dios quien absuelve los pecados, por qué no admites la divinidad de Cristo? Si pudo conceder el perdón de un solo pecado, es pues él quien borra los pecados del mundo entero: "Este es el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29). Para que puedas comprender su divinidad, escúchalo – ya que él penetró el fondo de tu ser. Míralo: él alcanzó la profundidad de tus pensamientos. Acepta, al que desnuda las intenciones secretas de tu corazón.


San Pedro Crisólogo (v. 406-450), obispo de Rávena, doctor de la Iglesia. Sermón 50; PL 52, 339

San Gaspar de Búfalo - 19 de Febrero


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