domingo, 6 de diciembre de 2009

Reina del Cielo aunque les pese a los protestantes


Uno de los pilares fundamentales del Protestantismo es la doctrina de la SOLA SCRIPTURA que establece que sólo la Biblia es la autoridad final en materia de fe, doctrina y moral. Esta doctrina, junto a la SOLA FIDES fue la que ideó y defendió Martín Lutero para justificar La Reforma Protestante del siglo XVI, y que los hermanos separados han mantenido hasta la actualidad.

En este sentido, los protestantes afirman que: “Si no está en la Biblia entontes NO es cierto”, cuando les escuchamos frecuentemente decir: “Eso No lo dice la Biblia” o “Eso No está en la Biblia”, etc. Es curioso que se aferren a las doctrinas de SOLA SCRIPTURA y SOLA FIDES y las consideren como “Verdad de Fe Infalible” cuando dichas “verdades” NO son bíblicas. Una Evidente contradicción doctrinal.

Con referencia a lo anterior, en la actualidad vemos como las sectas protestantes fundamentalistas, llenas de prejuicios, alegan que la Iglesia Católica es una Iglesia herética porque la mayoría de sus enseñanzas “no son bíblicas”, en muchos casos haciendo referencia a los Dogmas Marianos.

Lo que estos hermanos no quieren comprender es que la Biblia, por si sola, no es suficiente como criterio de autoridad en materia de Fe, Doctrina y Moral, ya que se corre el riesgo de caer en la “Libre Interpretación” de las Sagradas Escrituras, lo cual conduce al error (2 Pedro 1, 20-21; 3,16).

Es la Iglesia Católica, única Iglesia instituida por Jesucristo en fundamento apostólico, la que posee el criterio de Autoridad para dar correcta interpretación a la Palabra de Dios (Sagrada Biblia y Sagrada Tradición), a través de su Magisterio Vivo

Por esta razón, el hecho de que una doctrina y/o Dogma definido por la Iglesia, no se encuentre explícita o literalmente en la Biblia, no quiere decir que ésta no sea verdad, ya que La Iglesia por ser infalible en Materia de Fe, Doctrina y Moral (Lucas 10,16) tiene la potestad plena de definir las verdades de fe reveladas por Dios, tomándolas del Deposito de la Fe (Biblia y Tradición), como es el caso de los Dogmas Marianos.

Ante la proclamación solemne por parte de la Iglesia, de la Realeza Universal de María, los protestantes de las sectas fundamentalistas afirman que los católicos somos idólatras porque adoramos a María dándole jerarquía de diosa, diciendo además que nuestro culto la Bienaventurada Madre de Dios es una copia burda de la idolatría, cometida por el pueblo judío, a la diosa babilónica pagana “Istar” a la que llamaban “La Reina del Cielo”, haciendo uso de los siguientes pasajes del libro del profeta Jeremías:

"¿No ves acaso lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? Los hijos juntan leña, los padres encienden el fuego, las mujeres amasan la pasta para hacer tortas a la Reina del Cielo y se derraman libaciones a otros dioses, a fin de agraviarme". (Jeremías 7,17-18)

"En eso que nos has dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso, sino que cumpliremos precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a laReina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía. En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos acabados. Pues y cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a hacerle libaciones, ¿acaso sin contar con nuestros maridos le hacíamos pasteles con su efigie derramando libaciones?". (Jeremías 44,16-19)

En cuanto a que la Iglesia enseña que María es La Reina del Cielo en similitud al nombre que le daban a la diosa pagana Istar, es necesario aclarar que nuestro culto católico de Hiperdulía a María EN NADA se asemeja a la idolatría en la que cayó el pueblo judío a la diosa Istar, donde le ofrecían sacrificios y libaciones. La IglesiaJAMÁS le ha ofrecido ni sacrificios ni ofrendas a María Santísima, sólo una veneración especial por ser Madre del Verdadero Dios, confiando en su asistencia, amor maternal y en su intercesión poderosa ante su Hijo.


Siguiendo el prejuicio protestante:


1)- ¿Por qué no decir entonces que la creencia en la resurrección de Cristo salió del paganismo que enseñaba que Osiris y Dioniso, dioses de la fertilidad morían y resucitaban?,

2)- ¿Por qué no decir que el título de Cristo de Rey de Reyes proviene también del paganismo ya que Nabucodonosor es llamado Rey de reyes en Daniel 2,37?

3)- Por qué no decir que el bautismo también tiene origen pagano?, después de todo el bautismo fue antes un rito religioso pagano practicado entre los pueblos de la antigüedad y eran comunes a muchas religiones antiguas, como los ritos eléusicos o el hinduismo y el budismo. Los romanos del tiempo de Cristo se interesaron en las religiones místicas de Egipto y Babilonia en algunas de las cuales se practicaba el bautismo como ritual. Por ejemplo en los ritos de iniciación del culto de Isis, el iniciado confesaba sus pecados delante de otros devotos y era luego bautizado en la creencia que el baño ritual lo purificaba de sus faltas y lo enrolaba en las filas de la diosa salvadora.

Pero, veamos como la SOLA SCRIPTURA (dogma de fe de los protestantes) nos puede hacer creer que la similitud de títulos indica el origen pagano de nuestra Fe:

Título de “Salvador”:

"Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor" (Lucas 2, 11)

"Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová, y Jehová levantó un salvador a los hijos de Israel y los libró, esto es, Otoniel" (Jueces 3, 9)

En base a la SOLA SCRIPTURA podemos deducir entonces el Salvador, Cristo es Otoniel ya que se llaman igual, o simplemente, nuestra fe en Jesucristo Salvador es una burda copia del título que poseía Otoniel.

Título “Rey de Reyes”:

"En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores" (Apocalipsis 19, 16)

"Artajerjes, rey de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba erudito en la ley del Dios del cielo: Paz. (Esdras 7, 12)

"Porque así ha dicho Jehová, el Señor: Del norte traigo yo contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros y jinetes, y con tropas y mucha gente." (Ezequiel 26, 7)

"[Nabucodonosor] Tú, rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad". (Daniel 2, 37)

En base a la SOLA SCRIPTURA concluimos que Artajerjes, Nabucodonosor y JESÚS son la misma persona sólo por que a los tres se les llama "Rey de reyes".

Así que, con la SOLA SCRIPTURA, podemos llegar a creer que llamar a Cristo Rey de Reyes es darle un título pagano y Juan así lo hizo. De esta forma, San Juan fue el primer pagano, pues usa un título pagano para designar a Cristo.

Si para el caso de María, aplican este criterio, pues es justo que lo apliquen también en todos los casos.

Claramente vemos como el argumento protestante carece de lógica y con lo cual es totalmente falso e infundado. No tiene soporte escriturístico ni histórico solamente basado en la ignorancia y el odio hacia la Santa Madre Iglesia.

Por consiguiente, es absurdo deducir que los católicos adoramos a María sólo por la casualidad de coincidencias de títulos con esa diosa pagana, dado que ha quedado demostrado que la coincidencia NO prueba la falsedad de alguna doctrina, aunado a la clara diferencia entre nuestros cultos de adoración y de veneración en contraposición a la idolatría.

En base a lo aclarado anteriormente, sólo a través de la mala intención (odio) o de la ignorancia de muchos protestantes fundamentalistas en materia de Doctrina Católica, se puede determinar que los católicos somos idólatras y que consideramos a María Santísima como a una “diosa”.

Pero, ¿La Realeza Universal de María es Bíblica?


La Realeza Universal de María no se encuentra literalmente expresada en la Biblia, pero por sentido común es perfectamente deducible de ella.

Como sabemos, Jesucristo es el heredero del Trono de David, pero ahora en un reinado Eterno y Universal, lo que lo hace Rey de Reyes y Señor de Señores(Apocalipsis 19,16). María, por ser la Madre de Jesús, se convierte en la Madre del Rey; y debemos notar que en el reino davídico, la reina NO era la esposa del Rey, sino su Madre:

“Entró Betsabé donde el rey Salomón para hablarle acerca de Adonías. Se levantó el rey, fue a su encuentro y se postró ante ella, y se sentó después en su trono; pusieron un trono para la madre del rey y ella se sentó a su diestra. Ella dijo: Tengo que hacerte una pequeña petición, no me la niegues. Dijo el rey:Pide, madre mía, porque no te la negaré.” (1 Reyes 2,19-20)

A la Madre del Rey se le daba el título de “Reina Madre” o "Gran Dama" que también llevaba corona:

“Di al Rey y a la Gran Dama: Humillaos, sentaos, porque ha caído de vuestras cabezas vuestra diadema preciosa.” (Jeremías 13,18)

El Salmo 45 profetizó que Jesús tomaría posesión del Reino de David, y que a su derecha estaría una reina vestida con oro de Ofir (lugar que como hemos visto ocupa la madre, no la esposa):

“Tu trono es de Dios para siempre jamás; un cetro de equidad, el cetro de tu reino; tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros; mirra y aloe y casia son todos tus vestidos. Desde palacios de marfil laúdes te recrean. Hijas de reyes hay entre tus preferidas; a tu diestra una reina, con el oro de Ofir” (Salmo 45,7-10)

Y la concordancia entre el salmo 45 y las palabras de María es innegable:


“Toda espléndida, la hija del rey, va adentro, con vestidos en oro recamados; con sus brocados el llevada ante el rey. Vírgenes tras ella, compañeras suyas, donde él son introducidas; entre alborozo y regocijo avanzan, al entrar en el palacio del rey. En lugar de tus padres, tendrás hijos; príncipes los harás sobre toda la tierra. ¡Logre yo hacer tu nombre memorable por todas las generaciones, y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos!” (Salmo 45,14-18)

“por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lucas 1,48)


Y También encontramos en el libro del Apocalipsis la figura de María como El Arca de la Nueva Alianza, La Mujer revestida del Sol, Madre del Mesías:

“Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.” (Apocalipsis 11,19)

“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz.” (Apocalipsis 12,1-2)

“La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono.” (Apocalipsis 12,5)

Aquí vemos a la María como el Arca de la Nueva Alianza, que es Jesucristo mismo.

Vemos a María como la Mujer revestida del Sol, con la Luna bajo sus pies y con una corona de 12 estrellas sobre su cabeza, que está embarazada y da a luz a un hijo varón que es el destinado a regir a todas las naciones con cetro de Hierro. Este hijo varón es Jesucristo, El Cordero, El Mesías, El Rey de Reyes.

Vemos a María coronada con 12 estrellas que simbolizan las 12 tribus de Israel y a los 12 Apóstoles. Esto quiere decir que María, por haber dado a luz al Rey de Reyes y Señor de Señores (Apocalipsis 19,16), es la “Reina Madre”, o la “Gran Dama” del nuevo Reino Universal de Cristo, que proviene del reino de David (reino que tiene su origen en las 12 tribus de Israel), y que se acentúa en el Nuevo Reino Eterno y Universal (cuyo nuevo Pueblo Santo es la Iglesia instituía por Cristo sobre Pedro y los demás Apóstoles).

Consideraciones Finales:

Todos los cristianos (Católicos, Ortodoxos y Protestantes), a excepción de los Testigos de Jehová y los mormones (que NO son cristianos), sabemos que Jesucristo es Dios Verdadero; el mismo Dios que en la alianza del Sinaí con los 10 Mandamientos nos mandó a Honrar y a obedecer a nuestros Padres (Ex 20:12; Lev 20:9; Dt 4:16) ¿De qué manera va a cumplir este mandamiento, Aquél que lo instituyó?

En base a todo lo expuesto hasta ahora, no cabe la menor duda en ninguna mente ni corazón tocado por el Espíritu Santo, que María Santísima es nuestra Reina Madre, nuestra Gran Dama, La Reina de los Cielos, La Reina del Universo, por ser Madre del Rey de Reyes, nuestro Señor Jesucristo.

Que María Santísima nos enseñe a vivir conforme a la Voluntad de su Hijo Santísimo y que, así como en las bodas de Caná intercedió ante Jesús para que obrase su primer Milagro y les indicó a los presentes: “hagan lo que Él les diga” (Juan 2,5), así interceda por nosotros ante el Trono de Dios por nuestras necesidades y problemas, y que al final nos diga: “haz lo que Él te indique”.

San Nicolás de Bari, Obispo - 6 de diciembre


Este santo fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama "San Nikolaus", lo empezaron a llamar Santa Claus, y lo pintan como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños (entre nosotros lo llamaron Papá Noel).

De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, y de ella sacamos los siguientes datos curiosos.

Nació en Licia, Turquía, de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: "sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto".

Tenía un tío que era obispo y este lo consagró como sacerdote. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue de monje a un monasterio. Después quiso visitar la Tierra Santa donde vivió y murió Jesús, y al volver de allá llegó a la ciudad de Mira (en Turquía) donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior se había muerto. Al fin dijeron: "elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo". Y en ese momento sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso se le llama San Nicolás de Mira.

La especialidad de este santo fueron los milagros tan numerosos que logró conseguir de Dios. Lo pintaban con unos niños, porque los antiguos contaban que un criminal hirió a cuchillo a varios niñitos, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea. También pintan junto a él a una señorita, porque en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas y no lograba que se casaran por ser en tan extremo pobres. Entonces el santo por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casar a sus hijas muy bien.

Es Patrono de los marineros, porque estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: "Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos". Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapar
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eció.

Otro día iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes. Y fueron absueltos.

El emperador Licino decretó una persecución contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba, para enseñar la religión a cuantos trataban con él. Más tarde llegó el emperador Constantino y lo liberó a él junto con todos los demás prisioneros cristianos.

Luego apareció la herejía de Arrio que decía que Jesucristo no es Dios. San Nicolás se opuso con toda su sabiduría y con su gran ascendiente y no permitió que los arrianos entraran a su ciudad de Mira.

Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del año 345.

En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. En esa ciudad se obtuvieron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Jesús es el Hijo de Dios


Según el testimonio de los Evangelistas, el propio Jesús dio testimonio de su filiación divina. Como enviado divino no podía dar falso testimonio. En primer lugar, preguntó a sus discípulos en Cesarea de Filipo, “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” (Mt. 16, 13). Este nombre Hijo del Hombre era normalmente usado por el Salvador respecto de Sí mismo; testimoniaba su naturaleza humana y unidad con nosotros. Los discípulos contestaron que los demás decían que era uno de los profetas. Cristo les apremió. “Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (ibíd. 15) Pedro, como portavoz, replicó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (ibíd. 16). A Jesús le satisfizo esta respuesta; le colocaba por encima de todos los profetas que eran hijos adoptados de Dios; le hacía Hijo natural de Dios. Pedro no tenía necesidad de especial revelación para conocer la filiación adoptiva divina de todos los profetas. Esta filiación natural divina le fue dada a conocer al jefe de los apóstoles sólo por una revelación especial. “Ni la carne ni la sangre te han revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos” (ibíd. 17). Jesús claramente asume este importante título en este sentido enteramente nuevo y especialmente revelado. Admite que es el Hijo de Dios en el pleno sentido de la palabra.

En segundo lugar, encontramos que permitió a los demás darle este título y demostrar mediante el acto de adoración efectiva que ellos interpretaban como real la filiación. Los posesos caían y le adoraban y el espíritu inmundo gritaba “Tú eres el Hijo de Dios” (Mc. 3, 12). Sus discípulos le adoraban y decían, “Verdaderamente eres el Hijo de Dios” (Mt. 14, 33). Y no sugería Él que se equivocaban al darle el homenaje debido a solo Dios. El centurión en el Calvario (Mt. 27, 54; Mc. 15, 39), el evangelista San Marcos (1, 1), el hipotético testimonio de Satán (Mt. 4, 3) y de los enemigos de Cristo (Mt. 27, 40) todos muestran que Jesús fue llamado y estimado como el Hijo de Dios. El propio Jesús claramente asume el título. Constantemente habla de Dios como “Mi Padre” (Mt. 7, 21; 10, 32; 11, 27; 15, 13; 16, 17, etc.).

En tercer lugar, el testimonio de Jesús sobre su filiación divina está bastante claro en los Sinópticos, como vemos por los argumentos precedentes y veríamos por la exégesis de otros textos; pero es aún quizá más evidente en Juan. Jesús indirecta pero claramente asume el título cuando dice: “¿Cómo decís que aquél a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo blasfema por haber dicho Yo soy el Hijo de Dios?...el Padre está en Mí y Yo en el Padre” (Juan 10, 36,38). Un testimonio incluso más claro se da en la narración de la curación del ciego en Jerusalén. Jesús dice: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” Él respondió, diciendo: “¿Quién es, Señor, para que crea en Él? Y Jesús le dijo: Le has visto; el que está hablando contigo. Y él dijo: Creo, Señor. Y postrándose, le adoró” (Juan, 9, 35-38). Aquí como en otros lugares, el acto de adoración es permitido, y de este modo se da asentimiento implícito a la afirmación de la filiación divina de Jesús.

En cuarto lugar, igualmente ante sus enemigos, Jesús hizo indudable profesión de su filiación divina en el sentido real y no en el figurado de la palabra; y los judíos entendieron que decía que era realmente Dios. Su manera de hablar ha sido algo esotérica. A menudo hablaba en parábolas. Quería entonces, como quiere ahora, que la fe sea “la evidencia de las cosas que no se ven” (Heb. 11, 1). Los judíos intentaban hacerle caer en una trampa, para lo que hacían que hablara abiertamente. Le encontraron en el pórtico de Salomón y dijeron: “¿Hasta cuando nos vas a tener en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (Juan 10, 24). La respuesta de Jesús es típica. Los desconcierta durante un rato; y al final les dice la tremenda verdad: “El Padre y Yo somos uno” (Juan 10, 30). Ellos traen piedras para matarlo. Él les pregunta por qué. Les hace admitir que le han comprendido bien. Responden: “ No queremos apedrearte por ninguna buena obra, sino por blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios” (ibíd. 33). Estos mismos enemigos hacen una clara afirmación de la pretensión de Jesús la última noche que Él pasó en la tierra. Dos veces comparece ante el Sanedrín, la suprema autoridad de la esclavizada nación judía. La primera vez el sumo sacerdote, Caifás, se levantó y le preguntó: “Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios” (Mt. 26, 63). Jesús antes había guardado silencio. Ahora su misión pedía una respuesta. “Tú lo has dicho” (ibíd. 64). La respuesta fue probablemente –a la manera semítica – una repetición de la pregunta con tono de afirmación en vez de interrogación. San Mateo registra esa respuesta de una forma que podría dejar alguna duda en nuestras mentes, si no tuviéramos el relato de San Marcos de la misma respuesta. Según San Marcos, Jesús responde clara y simplemente: “Yo soy” (Mc. 14, 62). El contexto de San Mateo aclara la dificultad respecto al significado de la respuesta de Jesús. Los judíos comprendían que se hacía igual a Dios. Probablemente se habrían reído y mofado de su pretensión. Él continuó: “Sin embargo os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del poder de Dios, y venir sobre las nubes del cielo” (Mt. 26, 64). Caifás desgarró sus vestiduras y acusó a Jesús de blasfemia. Todos se unieron condenándolo a muerte por la blasfemia de la que ellos le acusaban. Claramente entendían que Él afirmaba ser el verdadero Hijo de Dios; y Él les permitió entenderlo así, y condenarle a muerte por esta interpretación y rechazo de su afirmación. Sería estar ciego a la verdad evidente negar la fuerza de este testimonio a favor de que Jesús afirmó ser el verdadero Hijo de Dios. La segunda comparecencia de Jesús ante el Sanedrín fue como la primera; por segunda vez se le preguntó para que dijera claramente: “¿Eres tú el Hijo de Dios?” Él respondió: “Vosotros lo decís: Yo soy”. Ellos comprendieron que hacía una afirmación de divinidad. “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?, pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca” (Lucas 22, 70,71). Este doble testimonio es especialmente importante, en cuanto que se hace ante el Gran Sanedrín, y en cuanto que es causa de la sentencia de muerte. Ante Pilatos, los judíos presentan al principio un mero pretexto. “Hemos encontrado a éste alborotando, prohibiendo pagar tributo al César y diciendo que él es Cristo Rey” (Lucas 23, 2) ¿Cuál fue el resultado? ¡Que Pilatos no encontró causa de muerte en Él! Los judíos buscaron otro pretexto. “Solivianta al pueblo... desde Galilea hasta aquí” (Ibíd. 5). Este pretexto fracasa. Pilatos remite el caso de sedición a Herodes. Herodes no encuentra la acusación de sedición digna de seria consideración. Una vez más los judíos presentan un nuevo subterfugio. Una vez más Pilatos no encuentra causa en Él. Al final los judíos declaran su motivo real contra Jesús. Al decir que se ha proclamado rey y promovido una sedición y rehusado el tributo al César, se esfuerzan en hacer creer que ha violado la ley romana. El motivo real de su queja no era que Jesús violaba la ley romana, sino que ellos le acusaban como violador de la ley judía. ¿Cómo? “Nosotros tenemos una ley; y según esa ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios” (Juan 19, 7). La acusación era muy seria; motivó que el gobernador romano incluso “se atemorizase aún más”. ¿A qué ley se referían aquí? No hay duda. Es la terrible ley del Levítico: “El que blasfeme el nombre de Yahvéh será muerto; toda la comunidad le lapidará. Sea forastero o nativo, si blasfema el Nombre, morirá” (Lev. 24, 16). En virtud de esta ley, los judíos estuvieron a menudo a punto de lapidar a Jesús; en virtud de esta ley, le reprendieron a menudo por blasfemo, cuantas veces se presentó Él como Hijo de Dios; en virtud de esta misma ley, pedían ahora su muerte. Está simplemente fuera de cuestión que estos judíos tuvieran intención de acusar a Jesús de la asunción de esa filiación adoptiva de Dios que todo judío tenía por sangre y todo profeta había tenido por especial don gratuito de la gracia de Dios.

En quinto lugar, sólo podemos dar un resumen de otras utilizaciones del título Hijo de Dios con relación a Jesús. El ángel Gabriel anuncia a María que su hijo “será llamado Hijo del Altísimo” (Lucas 1, 32); “el Hijo de Dios” (Lucas 1, 35); San Juan habla de Él como “Hijo único del Padre” (Juan 1, 14); en el Bautismo de Jesús y en su Transfiguración, una voz del cielo exclama: “Este es mi hijo muy amado” (Mt. 3, 17; Mc. 1, 11; Lc. 3, 22; Mt. 17, 3); San Juan declara como auténtico propósito de su Evangelio “que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (Jn. 20, 31).

En sexto lugar, en el testimonio de Juan, Jesús se identifica absolutamente con el Padre divino. Según Juan, Jesús dice: “el que me ve a mí, ve al Padre” (ibíd. 14, 9). San Atanasio enlaza este claro testimonio a otro testimonio de Juan: “El Padre y Yo somos uno” (ibíd. 10, 30); y establece por tanto la consustancialidad del Padre y el Hijo. San Juan Crisóstomo interpreta el texto en el mismo sentido. Una última prueba de Juan está en las palabras que cierran su primera Epístola: “ Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al verdadero Dios, y estemos en su verdadero Hijo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna” (I Jn. 5, 20). Nadie niega que “el Hijo de Dios” que ha venido es Jesucristo. Este Hijo de Dios es el “verdadero Hijo” del “verdadero Dios”; de hecho, este verdadero hijo del Verdadero Dios, esto es, Jesús, es el verdadero Dios y es la vida eterna. Tal es la exégesis de este texto dada por todos los Padres que lo han interpretado (ver Corluy, “Spicilegium Dogmatico-Biblicum”,ed. Gandavi, 1884, II, 48). Todos los Padres que han interpretado o citado este texto, refieren outos a Jesús, e interpretan “Jesús es el verdadero Dios y la vida eterna”. Surge la cuestión de que la frase “verdadero Dios” (ho alethismos theos) siempre se refiere, en Juan, al Padre. Sí, la frase está consagrada al Padre, y aquí se usa precisamente por eso, para demostrar que el Padre que es, en este mismo versículo, llamado en primer lugar “el verdadero Dios”, es uno con el Hijo que es llamado en segundo lugar “el verdadero Dios” en el mismísimo versículo. Esta interpretación se realiza mediante el análisis gramatical de la frase; el pronombre este (outos) se refiere por necesidad al sustantivo más próximo, esto es, su verdadero Hijo Jesucristo. Además, el Padre no es llamado nunca “vida eterna” por Juan; mientras que el término se lo asigna él a menudo al Hijo (Jn. 11, 25; 14, 6; I Jn. 1, 2; 5, 11-12). Estas citas prueban más allá de toda duda que los Evangelistas dan testimonio de la filiación natural y real divina de Jesucristo.

Fuera de la Iglesia Católica, está hoy de moda intentar explicar todas estas utilizaciones de la frase Hijo de Dios, como si, en realidad, no significaran la filiación divina de Jesús, sino, presumiblemente su filiación adoptiva – una filiación debida bien a su pertenencia a la raza judía o bien derivada de su carácter mesiánico. Contra ambas explicaciones se alzan nuestros argumentos; contra la última explicación se alza el hecho de que en ningún lugar del Antiguo Testamento se da la expresión Hijo de Dios como nombre peculiar al Mesías. Los protestantes avanzados de este Siglo XX no están satisfechos con este último y anticuado intento de explicar el título de Hijo de Dios asumido. Para ellos sólo significa que Jesús era un judío (un hecho que es ahora negado por Paul Haupt). Ahora tenemos que afrontar la extraña anomalía de ministros del Cristianismo que niegan que Jesús sea el Cristo. Antiguamente se consideraba un atrevimiento que un unitariano se llamara cristiano y negara la divinidad de Jesús; ahora se encuentran “ministros del Evangelio” que niegan que Jesús es Cristo, el Mesías (ver artículos en el Hibbert Journal para 1909, por el Reverendo Mr. Roberts, también los artículos reunidos bajo el título”¿Jesús o Cristo?” Boston, 19m.). Dentro de los límites de la Iglesia también, no faltan algunos que siguieron la tendencia del Modernismo en medida tal como para admitir que en ciertos pasajes, la expresión “Hijo de Dios” en su aplicación a Jesús, presuntamente sólo significa la filiación adoptiva de Dios. Contra estos escritores se publicó la condena de la proposición: “En todos los textos de los Evangelios, el nombre Hijo de Dios es meramente el equivalente del nombre Mesías, y no significa en manera alguna que Cristo sea el Hijo verdadero y natural de Dios” (ver decreto “Lamentabili”, S. Off., 3-4 de Julio de 1907, proposición xxxii). Este decreto no afirma ni siquiera implícitamente que toda utilización del nombre “Hijo de Dios” en los Evangelios signifique Filiación natural y verdadera de Dios. Los teólogos católicos defienden generalmente la proposición de que cuantas veces, en los Evangelios, se usa el nombre “Hijo de Dios” en singular, de manera absoluta y sin ninguna explicación adicional, como nombre propio de Jesús, significa invariablemente la Filiación Divina natural y verdadera de Jesucristo (ver Billot, “De Verbo Incarnato”, 1904, p. 529). Corluy un estudioso muy prudente de los textos originales y de las versiones de la Biblia, declaraba que, cuantas veces se da a Jesús en el Nuevo Testamento el título de Hijo de Dios, este título tiene la significación inspirada de Filiación natural divina; por este título se dice que Jesús tiene la misma naturaleza y sustancia que el Padre celestial (ver Spicilegium, II, p. 42).

San Sabas - 5 de diciembre


Este santo fue uno de los monjes más famosos de la antigüedad. Nació en Turquía en el año 439. Era hijo de un comandante del ejército, el cual tuvo que partir a lejanas tierras y lo dejó confiado a un tío. Pero este lo trataba muy mal y el niño de ocho años se fue donde otro tío. Mas el segundo empezó a pelear con el primero exigiendo que le debían pasar a él la herencia del niño si querían que lo educara, y entonces el joven Sabas, amigo de la paz, se fue a un monasterio.

Después los dos tíos se arrepintieron de lo mal que lo habían tratado y lo llamaron otra vez a que administrara sus cuantiosos bienes, pero él ya estaba hastiado del mundo y no quiso volver a él.

Después de pasar varios años como monje muy ejemplar en su tierra, dispuso irse a Jerusalén para aprender la santidad con los monjes de ese país. Y allí a varios kilómetros de Jerusalén se hizo una celda, cerca de los otros monjes anacoretas y se dedicó a una vida de oración y penitencia. Como era el más joven y forzudo de los monjes, acarreaba el agua desde bastantes cuadras de distancia, conseguía la lecha y trabajaba diez horas al día, haciendo canastos para vender y con eso conseguir los alimentos para los más ancianos y débiles. Había días en que tejía diez canastos.

El más estricto y santo de los monjes de los alrededores, San Eutimio, lo invitó a irse a pasar los 40 días de la cuaresma en el desierto donde ayunó Jesús, y a dedicarse allí a ayunar ellos también. Sabas empezó con gran fervor, pero a los pocos días cayó desvanecido de tanta sed, a cause del intenso calor. San Eutimio oró con fe, y apareció por allí cerca un nacedero de agua y así logró no morir de deshidratación. Después de muerto San Eutimio, repitió Sabas muchas veces en su vida, la práctica de pasar los 40 días anteriores a la Semana Santa, ayunando en el desierto donde ayunó Jesús. Es terrible penitencia que sólo resisten quienes tienen una gran resistencia física.

Sabas pasó cuatro años seguidos en el desierto sin hablar con nadie. Pero luego empezaron a llegar monjes a pedirle que los dirigiera hacia la santidad y tuvo que dedicarse a ayudarles a conseguir la perfección. Llegó a tener 150 monjes cerca del Mar Muerto. Como por allí faltaba el agua, un día el santo vio a un asno hocear en el suelo, y mandó excavar en ese sitio y apareció una fuente de agua que dio de beber a muchas gentes por bastantes siglos.

Cuando tenía 50 años fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Jerusalén, y nombrado jefe de todos los monjes de Tierra Santa.

Con la herencia que le dejaron sus padres construyó dos hospitales.

Por tres veces fue enviado a Constantinopla, residencia del emperador, a obtener que este no apoyara a los herejes y que favoreciera la Tierra Santa. La primera vez como iba vestido tan pobremente, los guardias del palacio dejaron entrar a los demás enviados menos a él. Pero cuando leyó la carta del Arzobispo de Jerusalén en la cual le recomendaba a Sabas como el más santo de los monjes, el emperador preguntó por él y tuvieron que irse a buscarlo. Lo encontraron en un rincón, dedicado a la oración.

El emperador ofreció a los visitantes que pidieran los regalos que quisieran. Cada uno pidió para sí mismo lo que quiso, pero Sabas dijo que él no deseaba nada para su uso personal, pero que lo que pedía era que el emperador no ayudara a los herejes y que concediera varias ayudas que estaban necesitando mucho en Palestina, y que pusiera un puesto de policía cerca de donde estaban los monjes para que los defendieran de los asaltadores.

Todo esto se lo concedió el mandatario.

San Sabas llegó a dirigir personalmente a muchísimos monjes y entre sus dirigidos hay cinco santos canonizados. Por ej. San Juan Damasceno y San Teodoro.

A los noventa y cuatro años de edad, siendo famoso en todo Oriente, y habiendo gastado gran parte de su vida en oración, meditación y dirección espiritual, murió el 5 de diciembre del año 532.

Su monasterio, cerca del Mar Muerto, es uno de los tres monasterios más antiguos que existen en el mundo. La fuente que hizo brotar, todavía surte de agua a los alrededores, y las palmeras hijas de las que él mismo sembró, aún siguen alimentando con sus dátiles a los monjes que allí viven santamente.

viernes, 4 de diciembre de 2009

SS Benedicto XVI dice que el comunismo fue inmoral


Benedicto XVI llamó hoy al Muro de Berlín "frontera de muerte" y dijo que todas las acciones de la dictadura comunista fueron "siempre inmorales" y que el "partido" consideraba "bueno" todo lo que le servía, "por muy inhumano que fuera".

El Papa Ratzinger hizo estas manifestaciones en el discurso que pronunció tras el concierto que le ofreció en la Capilla Sixtina del Vaticano el presidente de la República Federal de Alemania, Horst Kohler, con motivo del 60 aniversario de la fundación de ese país y el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Hablando en alemán, el Obispo de Roma recordó esos dos eventos y en referencia al Muro de Berlín dijo que fue una "frontera de muerte que durante muchos años dividió nuestra patria y separó por la fuerza a hombres, familias, vecinos y amigos".

El Pontífice señaló que ya muchas personas se dieron cuenta de que los sucesos del 9 de noviembre de 1989 (la caída del muro) eran el principio inesperado de la libertad "tras una larga y sufrida noche de violencia y opresión de un régimen totalitarios que conducía a un nihilismo, un vaciado de las almas".

"En la dictadura comunista no había acción que fuese considerada mala o inmoral. Lo que servía a los objetivos del partido era bueno, por más inhumano que pudiera ser", afirmó el Papa.

Benedicto XVI agregó que la actual República Federal Alemana es la prueba de que el orden social occidental es mejor y más humanitario y ello es gracia a su constitución.

El Papa abogó por el respeto de la dignidad de la persona y pidió respetar el matrimonio y la familia, como bases de cualquier sociedad.

El concierto lo ofreció los Augsburger Domsingknaben y la Residenz Kammerorchester de Munich, dirigidas por el maestro Reinhard Kammler, que ejecutó el oratorio de Navidad BWV 248, de Johann Sebastian Bach.

Los gays "no irán nunca al cielo"


"Los homosexuales y transexuales no entrarán jamás en el reino de los cielos y no lo digo yo sino San Pablo", declaró el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, ex ministro de Salud del Vaticano a la prensa italiana.

"Uno no nace homosexual sino que se convierte. Por razones diferentes, de educación o porque la propia identidad no se desarrolló durante la adolescencia. Puede que no sean culpables, pero actuar contra la naturaleza y la dignidad del cuerpo seguramente no les garantiza entrar al reino de los cielos", agregó, informa el sitio Yahoo Noticias.es.

Las palabras del cardenal latinoamericano fueron comentadas luego por el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, quien recordó que la Iglesia invita a tratar a los homosexuales "con respeto y compasión", dijo.

"Hay que evitar toda discriminación injusta", declaró a AFP Lombardi.

El vocero del papa Benedicto XVI precisó que el Catecismo de la Iglesia califica de "desorden" los actos homosexuales y reconoce también que existe "un número no insignificante de hombres y mujeres que presentan tendencias homosexuales innatas".

El ex ministro de Salud del Vaticano, que se jubiló recientemente, es miembro aún de varias congregaciones pontificias y en enero de este año fue más allá al calificar el acto de retirar a una mujer la alimentación artificial tras 17 años en coma vegetativo como un "asesinato abominable", generando fuertes reacciones en Italia.

El religioso citó la Carta de San Pablo a los Romanos, en la que habla de las personas "impuras" que se abandonan a "pasiones infames" y el martirio de aquellos que "desprecian el conocimiento de Dios", escribió el apóstol en el primer capítulo.

"La homosexualidad es un pecado, pero eso no justifica alguna forma de discriminación. Sólo Dios tiene el derecho de juzgar. Nosotros, en la Tierra, no podemos condenar y como personas, tenemos todos los mismos derechos", concluyó el cardenal Lozano.

Santa Bárbara, mártir - 4 de diciembre


La primera referencia a la devoción y culto público a Santa Bárbara en España es de 1248 y se refiere a la conquista de Alicante y su castillo por don Alfonso (más tarde Alfonso X el Sabio), el día 4 de diciembre de dicho año. De ahí el nombre dado al castillo, que cuenta en su interior con una capilla dedicada a la Santa.

Casi desde el nacimiento de la artillería medieval, y probablemente por la intervención del rayo destructor en el relato de su martirio, los artilleros europeos se acogieron al patronazgo de Santa Bárbara, como se demuestra en un documento de 1431 en el que especifica que las compañías de artillería francesas se constituían bajo el amparo de esta Santa, o en otro que recoge los estatutos de 1477 de los culebrineros y los arcabuceros de Gante, en los que también se menciona su patrocinio.

En el tratado sobre la Artillería española "La platica manuale de artigleria" del famoso Luis Collado de Lebrija, fechado en Sevilla en 1606, se reconoce y explica la advocación a Santa Bárbara en dos capítulos que tratan "De la compañía y congregación de los artilleros bajo la devoción de la gloriosa Santa Bárbara".

Santa y Patrona

Santa Bárbara virgen y mártir nació, según la tradición, en Anatolia (actual Turquía) a comienzos del siglo III; de joven se convirtió al cristianismo por lo que fue encerrada en su castillo por su padre Dióscoro, que era pagano, para forzarla a la apostasía; al no conseguirlo, le infligió toda clase de maltratos y torturas hasta terminar decapitándola personalmente, momento en el que, en castigo a su maldad, fue fulminado por un rayo, que algunos relatos hacen que destruya, además, la torre en la que estaba presa la Santa.

Su festividad se celebra hoy, día 4 de diciembre, a pesar de que fue 'jubilada' del Santoral católico en 1969 por el Concilio Vaticano II convocado por el Papa Juan XXIII, al considerar que no había suficientes pruebas documentales que justificaran su 'Hoja de Servicios' como tal. Pero la realidad es que Santa Bárbara es una de las santas cristianas (es decir, tanto para católicos como para protestantes y ortodoxos) más universales y populares. Y ello se aprecia, entre otras razones, por la advocación de numerosas profesiones que se acogen a su patronazgo, casi unánimemente a nivel mundial.

Entre ellas podemos citar a los mineros, a los ingenieros de minas, a cuantos trabajan en la preparación de explosivos o la fabricación de armas de fuego (como es el caso de los ingenieros politécnicos españoles en su rama de armamento), a algunas marinas como la italiana, a un gran número de los cuerpos de bomberos como los de Francia y de Italia, de algunas poblaciones españolas y de la mayoría de las naciones de Iberoamérica, así como, por supuesto, a la casi totalidad de los artilleros del mundo cristiano e incluso de algunos países musulmanes.

En otro orden de ideas, también es interesante conocer qué dice la tradición sobre dónde se encuentra el sepulcro de la Santa. Sobre ello hay distintas versiones, todas ellas referidas a Italia, que afirman que están en la capilla de Santa Bárbara de Piacenza inaugurada por el rey Víctor Manuel III en 1928, o en Venecia en la iglesia de San Martino en la isla de Burano, o en la catedral de Rieli o, finalmente, en la basílica de Santa Bárbara de Mantua.

San Juan Damasceno - 4 de diciembre


Se le llama "Damasceno", porque era de la ciudad de Damasco (en Siria).

Su fama se debe principalmente a que él fue el primero que escribió defendiendo la veneración de las imágenes.

Era hijo de un alto empleado del Califa de Damasco, y ejerció también el importante cargo de ministro de Hacienda en esa capital. Pero de pronto dejó todos sus bienes, los repartió entre los pobres y se fue de monje al monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén, y allí se dedicó por completo a leer y escribir.

Juan se dio cuenta de que Dios le había concedido una facilidad especial para escribir para el pueblo, y especialmente para resumir los escritos de otros autores y presentarlos de manera que la gente sencilla los pudiera entender.

Al principio sus compañeros del monasterio se escandalizaban de que Juan se dedicara a escurrir versos y libros, porque ese oficio no se había acostumbrado en aquella comunidad. Pero de pronto cambiaron de opinión y le dieron plena libertad de escribir (dice la tradición que este cambio se debió a que el superior del monasterio oyó en sueños que Nuestro Señor le mandaba dar plena libertad a Damasceno para que escribiera).

En aquel tiempo un emperador de Constantinopla, León el Isaúrico, dispuso prohibir el culto a las imágenes, metiéndose él en los asuntos de la Iglesia, cosa que no le pertenecía, y demostrando una gran ignorancia en religión, como se lo probó en carta famosa el Papa Gregorio II. Y fue entonces cuando le salió al combate con sus escritos San Juan Damasceno. Como nuestro santo vivía en territorios que no pertenecían al emperador (Siria era de los Califas mahometanos), podía escribir libremente sin peligro de ser encarcelado. Y así fue que empezó a propagar pequeños escritos a favor de las imágenes, y estos corrían de mano en mano por todo el imperio.

El iconoclasta León el Isaúrico, decía que los católicos adoran las imágenes (se llama iconoclasta al que destruye imágenes). San Juan Damasceno le respondió que nosotros no adoramos imágenes, sino que las veneramos, lo cual es totalmente distinto. Adorar es creer que una imagen en un Dios que puede hacernos milagros. Eso sí es pecado de idolatría. Pero venerar es rendirle culto a una imagen porque ella nos recuerda un personaje que amamos mucho, por ej. Jesucristo, la Sma. Virgen o un santo. Los católicos no adoramos imágenes (no creemos que ellas son dioses o que nos van a hacer milagros. Son sólo yeso o papel o madera, etc.) pero sí las veneramos, porque al verlas recordamos cuanto nos han amado Jesucristo o la Virgen o los santos. Lo que la S. Biblia prohibe es hacer imágenes para adorarlas, pero no prohibe venerarlas (porque entonces en ningún país podían hacerse imágenes de sus héroes y nadie podría conservar el retrato de sus padres).

San Juan Damasceno decía en sus escritos: "lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen".

Dicen autores muy antiguos que el emperador León, por rabia contra San Juan Damasceno por lo bien que escribía en favor de las imágenes, mandó a traición que le cortaran la mano derecha, con la cual escribía. Pero el santo que era devotísimo de la Sma. Virgen, se encomendó a Ella con gran fe y la Madre de Dios le curó la mano cortada y con esa mano escribió luego sermones muy hermosos acerca de Nuestra Señora.

jueves, 3 de diciembre de 2009

¡Ay Señor! ¡Apiádate de vuestros pastores que no se remuerden por un alma que se pierde!


Hacía ya unos días que pasaba por la Iglesia del barrio para contactar al cura párroco y solicitarle que atendiera mi necesidad de confesar mis pecados, de mi necesidad de reconciliación. La Iglesia se encuentra cerrada la mayoría de los días y me fue imposible localizar al sacerdote.
El encuentro, se produjo hace unos minutos y de forma casual (o tal vez haya sido la Providencia), yo caminaba por la calle lateral de la parroquia y me lo cruzo. Mi primera sorpresa fue por su recibimiento:
- No te había conocido, me preguntaba quien es ese “negro gordo” que viene caminando.
Aclaro que lo dijo de una forma entre despectiva y como queriendo bromear, no soy negro y si bien tengo una “pequeña pancita” tampoco soy obeso, si así fuera, ¿Cuál es el problema?
Pero lo más terrible estaba por pasar:
- Padre, hace unos días que vengo pasando para ver si me podía confesar.
El Padre, con desgano me respondió:
- Bueno, lo que pasa es que estoy ocupado con la construcción.
Están haciendo una reforma al costado de la Iglesia, otra más entre las que se encuentra, desde la llegada de este párroco hace una veintena de años, el haber derribado el altar y haberlo suplantado por una “mesada” de mármol pelada de todo ornamento. ¡Ay Señor los frutos de la Iglesia Conciliar! La Virgen del Carmen, verdadera dueña de la mencionada Iglesia, escapulario en mano, pareciera llorar.
El Sacerdote para mi sorpresa siguió diciendo:
- Tenes teléfono, te paso mi celular y arreglamos para ver cuando puedo, no te voy a confesar por teléfono pero algunos lo hacen.
Le respondí:
- Por favor padre, para que lo voy a andar llamando, dígame ahora cuando puedo pasar, no puedo perder tiempo, necesito confesarme. Si me llega a pasar algo y no muero en gracia le va a remorder su conciencia.
Y allí vino la fatal respuesta del clérigo:
- A mi ya no me remuerde nada.
¡Ay Señor! ¡Apiádate de vuestros pastores que no se remuerden por un alma que se pierde por su propia negligencia!

Eggonza 3 de diciembre de 2009, 15:40 hs hora argentina.

Encíclica "Traditi" (Condena de la francmasonería) - SS Pío VIII


“Antes de trasladarnos hoy a la Basílica de Letrán y tomar posesión, según costumbre establecida por nuestros predecesores, del Pontificado conferido a nuestra humilde persona, desahogamos la alegría que inunda nuestro corazón con vosotros, venerables hermanos, a quienes nos ha dado como auxilio Aquel que tiene en su mano los destinos y que dirige el curso de los tiempos. No sólo es para Nos una cosa dulce y agradable demostraros el grande afecto que os profesamos, sino que también creemos conveniente para la cristiandad que entremos en correspondencia acerca de los asuntos espirituales, a fin de acordar juntos las ventajas que paulatinamente podremos proporcionar a la Iglesia.

Este es uno de los deberes de nuestro ministerio que se nos impuso en la persona de San Pedro por una divina gracia del fundador de la Iglesia; es un deber nuestro apacentar, dirigir, y gobernar, no sólo los corderos, esto es, el pueblo cristiano, sino que también las ovejas, o los obispos.

Nos regocijamos, pues, y bendecimos al Príncipe de los pastores por haber destinado a guardar su grey a pastores que se ocupan y piensan en lo mismo, a saber: en conducir por las sendas de la justicia a los que les están confiados, en apartar de ellos todo riesgo y en no perder a ninguno de cuantos el Padre celestial les ha encomendado. Nos, venerables hermanos, conocemos perfectamente vuestra inmutable fe, vuestro celo que sostiene la religión, la admirable santidad de vuestra vida, y vuestra singular prudencia. Por lo mismo, de cuánta dicha y de cuánto consuelo ha de servir a nos, a la Iglesia y a la Santa Sede, el ver esa reunión de tan irreprensibles operarios. ¡Cuánto ánimo nos da este pensamiento en medio de los temores que nos inspira tan gran carga, y cuánto consuelo nos da para soportar el peso de tan penosos cuidados!

Por tanto, para que no parezca que tratamos de excitar el celo, con que espontáneamente procedéis, nos dispensamos gustosos de recordaros lo que conviene que tengáis siempre presente, a fin de cumplir vuestro ministerio y lo prescrito por los sagrados cánones. No es menester que os digamos que nadie debe alejarse de su puesto, no dejar de velar un solo momento, y que es preciso proceder con escrupuloso cuidado y con extremada prudencia para escoger los ministros de las cosas santas, y nos limitamos a dirigir nuestras preces a Dios salvador, para que os dispense su protección y os auxilie a conducir a buen término vuestros trabajos y vuestros esfuerzos.

Con todo, a pesar del consuelo que nos causa vuestra decisión, no podemos menos, venerables hermanos, de afligirnos al ver que, hallándonos en el seno de la paz, los hijos del siglo nos preparan grandes amarguras. Vamos a hablaros de males que ya conocéis, que todo el mundo ve, que nos hacen derramar lágrimas a todos, y que, por lo mismo, exigen que nos esforcemos mancomunadamente a corregirlos, a combatirlos y a extirparlos. Vamos a hablaros de esos innumerables errores, de esas falaces y perversas doctrinas que atacan el dogma católico, no ya ocultamente y en las tinieblas, sino a la faz del mundo y con gran ímpetu. No ignoráis cómo, hombres culpables, han declarado la guerra a la religión, valiéndose de una falsa filosofía, de la cual se apellidan doctores, y de engaños que han sacado de las ideas que dominan en el mundo. El blanco contra el cual asestan principalmente sus tiros, es esta Santa Sede, esta cátedra de Pedro, en donde Jesucristo ha colocado los fundamentos de su Iglesia. Eso hace que de día en día se relajen los lazos de unidad, que se huelle la autoridad de la Iglesia, y que los ministros del santuario se vean odiados y menospreciados. De ahí que se escarnezcan los más venerables preceptos, que se haga indigna burla de las cosas santas, que el pecador aborrezca el culto del Señor, y que todo lo que se refiere a la religión se califique de ridículas fábulas y de vanas supersticiones. No podemos menos que decir con las lágrimas en los ojos que se han arrojado sobre Israel leones rugiendo; sí, se han reunido contra Dios y su Cristo; sí, los impíos han exclamado: “Destruid a Jerusalén, destruidla hasta sus cimientos” .

Esas son las tendencias de los tenebrosos manejos de los sofistas de este siglo, los cuales equiparan las diferentes creencias, pretenden que el puerto de salvación está abierto en todas las religiones, y califican de ligereza y de locura abandonar la religión en que se ha educado uno al principio, para abrazar otra, aun cuando sea la católica. ¿No es acaso una horrible y pasmosa impiedad tributar iguales elogios a la verdad y el error, el vicio y a la virtud, a la honestidad y al libertinaje? Ese fatal sistema de indiferencia en materias religiosas lo rechazan la razón, la cual nos enseña que si dos religiones distintas la una es verdadera necesariamente ha de ser falsa la otra, y que no puede existir unión entre la luz y las tinieblas. Es preciso, venerables hermanos, preservar a los pueblos de esos engañosos maestros; es preciso enseñarles que la fe católica es la única verdadera, según estas palabras del Apóstol: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo” ; que en consecuencia es un profano, como decía san Jerónimo , el que come el cordero pascual fuera de esta casa, y que perecerá en el diluvio en el que no haya entrado en el arca de Noé. En efecto, después del nombre de Jesús, no se ha concebido otro a los hombres, por medio del cual podamos salvarnos; el que creyere se salvará, el que no hubiere creído se condenará .

Hemos de velar también sobre esas sociedades que publican nuevas traducciones de los Libros Santos en todas las lenguas vulgares, traducciones que están hechas contra las más saludables leyes de la Iglesia, y en las cuales se hallan alterados los textos con dañino y particular intento. Se hacen grandes gastos para esparcir por todas partes esas traducciones, que se distribuyen de balde entre los ignorantes, intercalando con frecuencia en ellas ligeras explicaciones para que beban un veneno mortal, allí donde creyeron beber las saludables aguas de la sabiduría. Mucho tiempo hace que la Sede Apostólica ha advertido al pueblo cristiano ese nuevo riesgo que corre la fe y reprimido a los autores de tan gran mal. Con ese motivo se recordaron a los fieles las reglas prescritas por el concilio de Trento y reproducidas por la Congregación del Index, según las cuales no deben tolerarse las traducciones en lengua vulgar de los Libros Santos, sino mediante la aprobación de la Sede Apostólica, e ir acompañadas de notas sacadas de los Santos Padres de la Iglesia. En efecto, el concilio de Trento con igual propósito y para contener a los espíritus turbulentos y osados, dispuso lo siguiente, a saber : “Que en materias de fe y costumbres referentes a la doctrina cristiana, nadie, fiando en su propio juicio, de a las Sagradas Escrituras el sentido que les acomode, o las interprete de distinto modo que constantemente las ha interpretando la Iglesia, o contra la unánime opinión de los santos Padres”.

A pesar de que es evidente, atendidas esas reglas canónicas, que mucho tiempo hace han llamado la atención esos manejos contra la fe católica, con todo, nuestros últimos predecesores de feliz memoria, desvelándose por el bien del pueblo cristiano, cuidaron de reprimir esos culpables esfuerzos, que veían reproducirse en todas partes, expidiendo con este motivo letras apostólicas muy terminantes. Emplead las mismas armas, Venerables Hermanos, para combatir en el interés del Señor, el gran riesgo que amenaza a la santa doctrina, por temor de que ese veneno mortal se difunda en nuestra grey causando la muerte de las personas sencillas.

Además de velar por la integridad de las Sagradas Escrituras, a vosotros corresponde, Venerables Hermanos, ocuparos de esas sociedades secretas de hombres sediciosos, enemigos declarados de Dios y de los reyes, de esos hombres dedicados exclusivamente a introducir la desolación en la Iglesia, a perder los estados, a trastornar el universo, y que al romper el freno de la verdadera fe, han abierto el camino para toda clase de crímenes.

Por el mero hecho de ocultar bajo el velo de un misterioso juramento, las iniquidades y los planes que meditan en las reuniones que celebran, han infundido justas sospechas de que de ellas proceden esos atentados que, para desgracia de la época, han salido como de las concavidades del abismo, y han estallado con gran daño de toda autoridad, tanto de la religión como de los imperios. Así que, nuestros predecesores los Sumos Pontífices Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y León XII, fulminaron su anatema contra esas sociedades secretas, cuales quiera sean sus nombres, por medio de letras apostólicas publicadas a ese fin, cuyas disposiciones confirmamos enteramente, como sucesor suyos, aunque indigno, queriendo que se observen al pie de la letra. Es por esto que nosotros dedicaremos todos nuestros esfuerzos a impedir que ni la Iglesia, ni los Estados puedan experimentar daños por la conjuración de tales sectas, y reclamaremos vuestra asidua cooperación para llevar adelante tan grande empresa, a fin de que, revestidos de celo y unidos por los lazos del alma, podamos defender denodadamente la causa de Dios, para destruir esos baluartes, tras los cuales se atrincheran hombres impíos, corrompidos y perversos.

Entre esas sociedades secretas hemos de hablaros de una constituida recientemente, cuyo objeto es corromper las almas de los jóvenes que estudian en las escuelas y en los liceos.

Como es sabido que los que estudian en las escuelas y en los liceos. Como es sabido que los preceptos de los maestros sirven en gran manera para formar el corazón y el entendi-miento de los discípulos, se procura por toda clase de medios y de amaños dar a la juventud maestros depravados que los conduzcan a los caminos de Baal, por medio de doctrinas contrarias a las de Dios, y con cuidado asiduo y pérfido, contaminen por sus enseñanzas, las inteligencias y los corazones de aquellos a quienes instruyen.

De ello resulta que estos jóvenes caen en una licencia tan lamentable que llegan a perder todo respeto por la religión, abandonan toda regla de conducta, menosprecian la santidad de la doctrina, violan todas las leyes divinas y humanas, y se entregan sin pudor a toda clase de desórdenes, a todos los errores, a toda clase de audacias; de modo que bien puede decirse de ellos con san León el Grande: “Su ley es la mentira; su Dios el demonio, y su culto el libertinaje”. Alejad, Venerables Hermanos, de vuestras diócesis todos estos males, y procurad por todos los medios que estén en vuestra mano, y empleando la autoridad y la dulzura, que los hombres distinguidos tanto en las ciencias y letras, como por su pureza de costumbres y por sus religiosos sentimientos, se encarguen de la educación de la juventud.

Velad acerca de los dicho, especialmente en los seminarios, cuya inspección os concedieron los Padres del concilio de Trento , puesto que de ellos han de salir los que perfectamente instruidos en la disciplina cristiana y eclesiástica y en los principios de la sana doctrina, han de demostrar con el tiempo hallarse animados de tan grande espíritu religioso en el cumplimiento de su divino ministerio, poseer tan grandes conocimientos en la instrucción de los pueblos, y tanta austeridad de costumbres, que han de hacerse agradables a los ojos del que esta allá arriba, y atraer por medio de la palabra divina a los que se aparten de los senderos de la justicia.

Esperamos de vuestro celo por el bien de la Iglesia que procuréis obrar con acierto en la elección de las personas destinadas a cuidar de la salvación de las almas. En efecto, de la buena elección de los párrocos depende principalmente la salvación del pueblo, y nada contribuye tanto a la perdición de las almas como confiarlas a los que anteponen su interés al de Jesucristo, o a personas faltas de prudencia, las cuales, mal instruidas en la verdadera ciencia, siguen todos los vientos y no conducen a sus rebaños a los saludables pastos que no conocen o desprecian.

Como aumenta día a día de un modo prodigioso el número de esos contagiosos libros, con cuyo auxilio las doctrinas impías se propagan como la gangrena en todo el cuerpo de la Iglesia, es preciso que veléis por vuestro rebaño, y que hagáis todo lo posible para librarlos del contagio de esos malos libros, que de todos el más funesto. Recordad a menudo a las ovejas de Jesucristo que os están confiadas, las máximas de nuestro santo predecesor y bienhechor Pío VII, a saber: “que sólo deben tener por saludables los pastos adonde los guíen la voz y la autoridad de Pedro, que solo han de alimentarse de ellos, que miren como perjudicial y contagioso lo que dicha voz les indique como tal, que se aparten de ello con horror, y que no se dejen halagar por las apariencias ni engañar por atractivos…” (continúa una exhortación sobre el matrimonio indisoluble, la oración, etc.).

Dado en Roma, cerca del templo de san Pedro, el 24 de mayo del año 1829, primero de nuestro pontificado.

SS Pío VIII, 24 de mayo de 1829
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