sábado, 7 de marzo de 2009

¡Mujer, ahí tienes a tu Hijo! ¡Hijo, ahí tienes a tu Madre!


Desde lo alto de la Cruz. Desde el dolor. Desde el olvido y traición de tantos, la incomprensión de tantos, el Señor Jesús tiene unas palabras cargadas de dulzura y sentido profético para con su Madre. ¡Mujer, ahí tienes a tu Hijo!, le dice a Santa María. Es una palabra con ecos que provienen de los umbrales de la historia cuando Dios le prometió al hombre que la Salvación habría de venir. Desde la misma Cruz del dolor y de la esperanza, el Señor ilumina la identidad de su Madre. Jesús le dice que Ella es la Mujer, aquella de quien dependió el ingreso de la Salvación en la historia. En esta palabra el Señor esboza y resume lo grandioso del misterio de María, su rol dinámico participatorio en la historia salvífica de la humanidad. Su maternidad no es un hecho aislado, revela Jesús; su maternidad es piedra angular de la vida del cristiano, luz que esclarece, calor que alienta, fuerza y esperanza que cimientan.

Y, completando el mensaje que alguien ha llamado el último testamento del Señor, Jesús le dice a todos sus amigos fieles en aquel que es el apóstol fiel por excelencia: ¡Hijo, ahí tienes a tu Madre! Al hablarnos a todos nosotros en San Juan, el Señor Jesús, desde la Cruz de la Salvación nos confirma el misterio de la maternidad espiritual de María. Ella, ¡la Madre de Dios!, ¡Madre nuestra! ¡Qué hermoso legado del Hermano mayor! Hay en esto todo un programa de vida, todo un camino para el peregrino que siente en su corazón la nostalgia del encuentro con el Padre. Cada hecho, cada palabra del Señor recogida en el Evangelio son iluminación del sendero que nos conduce a la semejanza, a la Casa del Padre.

¡María, nuestra Madre! Por voluntad del Señor, María madre de todos los que buscan abrirse a Jesús en un encuentro plenificador que guíe todos los momentos de su permanencia en el mundo. Por los propios designios del Salvador, Él nos señala el camino más adecuado de aproximación: por María. San Pío X, haciéndose eco de la voluntad de Dios, decía: «No hay camino más seguro y fácil que María por el cual los hombres pueden llegar a Cristo». Y es que todo en María apunta a Jesús. Amando a María se llega a amar plenamente al Señor Jesús.

Luis Fernando Figari

Tomado de: http://matricula448061.blogspot.com/

Deberes y poderes del Episcopado y del Papado


Si el comportamiento extraordinario de la jerarquía actual justifica, o mejor, impone a los fieles un comportamiento que sale también de lo ordinario, con mayor razón lo exige de los Obispos, puesto que sus deberes son más graves y sus poderes en la Iglesia son más amplios.
Por ser sus deberes más graves:
“Los Obispos presentes en la iglesia por institución divina (Hech. 20, 20-28) no son delegados o Vicarios del Papa sino propia y verdaderamente pastores de almas”.
En virtud de su grado jerárquico, Maestros y Guardianes “de la fe y de las costumbres”, los obispos son responsables ante Cristo de su mandato divino (1 Ped. 5,2). Dicho mandato es ejecutado indudablemente con y bajo Pedro, pero Pedro no tiene el poder ni de anularlo, ni de modificarlo, ni de orietarlo hacia otros fines. Del mismo modo que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y no de Pedro, los Obispos -al estar subordinados a Pedro- son los servidores de Cristo y no de Pedro.
Papado y Episcopado “son estrechamente solidarios”, “son dos formas: una suprema (...) y otra dependiente (...) de un mismo poder que vienen de Cristo, que está ordenado a la salvación eterna de las almas (Card. Journet T I. Pag 522). Un Obispo no puede pretender haber cumplido todo su deber cuando se limita, como un seglar, a resistir en la Fe, sólo por su propia cuenta”.
Por ser sus poderes más amplios:
Para promover a la salvación de las almas cada Obispo recibe:
1) Inmediatamente de Dios, por medio del Sumo Pontífice o inmediatamente de él pero por derecho divino, el poder de jurisdicción “para gobernar a los fieles con el fin de obtener la vida eterna”, por medio del magisterio sagrado, del poder legislativo y del poder judicial.
2) Inmediatamente de Dios, en el momento de la consagración episcopal, el poder de orden “para santificar a las almas ofreciendo el sacrificio de la Misa y a través de la administración de los sacramentos”. Entre los sacramentos, son propios del Obispo la confirmación y el Orden. Este último le permitia transmitir el sacerdocio incluso en su plenitud (Episcopado).
A diferencia del poder de jurisdicción - que se puede revocar- , el poder de orden es imborrable. Por esta razón la consagración episcopal hecha por un obispo es válida aun en el caso en que sea ilícita por disposición de la Autoridad competente.
PODER Y DEBER DEL PAPADO
La misión y poderes episcopales, en cuanto están ordenados a la edificación de la única Iglesia de Cristo, están indudablemente sometids en su ejercicio al Sucesor de Pedro, en virtud del primado.
Sin embargo , el Papa no ha recibido poder de disciplinar "ab homine", misión y poderes de derecho divino, sino con el único fin de asegurar a la Iglesia una unidad de gonierno en la prosecución de su fin específico que es la salvación eterna de las almas (DZ. 1821). No lo ha recibido para orientar al episcopado según sus putos de vista "personales" ymenos aun para hacerle tomar una orientación contraria a la que Cristo mismo le ha dado y - cuando o encuentra resistencia- continúa dando a los miembros de la jerarquía según su promesa formal: “Mirad que Yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos (Mt 28, 20)”.
Así, al instituir el Primado, Nuestro Señor Jesucristo no pensaba de ningún modo abandonar a su Iglesia al arbitrio de Pedro y de sus Sucesores. La Iglesia no es "policéfala" como prentenden los autores del "colegialismo" episcopal (corriente proveniente de los cismaticos ortodoxos). Tampoco es "bicéfala", como ya hemos dicho. Aunque es cierto el Episcopado está limitado por el Primado, éste a su vez está “limitado por el derecho divino”, que “exige que el poder eclesiástico, en conformidad con su finalidad, sea utilizado para la edificación y no para la destrucción de la Iglesia, Cuerpo mistico de Cristo (2 Cor. 10, 8)”.
De lo cual resulta que el Papa está obligado a actuar en conformidad con las exigencias de la glorai de Dios, del bien de la Iglesia y de la Salvación eterna de las almas cuando limita el poder de jurisdicción de los Obispos o cuando reglamenta el ejercicio de su poder de orden.
Estas son nociones más que elementales, pero que más que nunca están oscuras en el espíritu de los miembros de la jerarquía.

viernes, 6 de marzo de 2009

Sobre el Pontífice – Venerable Fray Mamerto Esquiú


“Gaudete igitur, sed gaudete in domino”. Vuestra alegría nace de que la verdad y caridad os unen entre vosotros y con el Romano Pontífice como a miembros con su Cabeza; alegraos pues de que esa vida tan querida y tan preciosa en los tiempos actuales os la conserve el Señor… ¿Qué genero de unión es la que hay entre los católicos y el Romano Pontífice? ¿Quién la ha fundado y conserva? ¿Qué obligaciones tiene cada uno de nosotros para con la cabeza visible de este cuerpo moral que componemos en Jesucristo?... Cada uno de puede llevar la imagen y semejanza de Cristo; pero una perfecta semejanza no cabe nie en vovostros ni en nadie, sino en innumerables hombres que por obra de ese mismo Jesucristo compusieran como un solo hombre.
¡Ah! Tal es la Iglesia, hermanos míos: este hombre moral es lo que el Apóstol llama cuerpo de Cristo; y por eso, este mismo doctor de los gentiles dice y repite tantas veces a todos y a cada uno de los fieles: no sabéis que sois miembros del Cuerpo de Cristo (1Cor 6,15). La imagen perfecta de Jesucristo, su cuerpo místico, que va creciendo hasta plenitud de Cristo…
¿Quién rige ese cuerpo, donde está el principio de la unidad y como el asiento de la vida? Vuestra fe Cristiana lo cree y confiesa: es el Papa, el sucesor de San Pedro en quien el Hijo de Dios instituyó un Primado perpetuo de honor y jurisdicción sobre toda la Iglesia. A él y a sus sucesores dijo el Señor: “Tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia contra la cual no prevalecerán jamás las puertas del Infierno”.

Fragmento del Sermón religioso sobre el Romano pontífice.

Un desagravio impostergable


A mediados de febrero, el Canal 10 de Israel emitió un programa blasfemo y sacrílego, ofendiendo en forma inusualmente satánica los principios, los símbolos y las figuras de la Fe Católica.

Dichos ataques fueron repetidos y propalados multimediáticamente por todo el mundo, probando una vez más el odio programado contra Nuestro Señor Jesucristo que alienta Israel y sus innúmeros secuaces.

En consonancia con la magnitud de la ofensa, los líderes de la Iglesia Católica en Tierra Santa emitieron un comunicado conjunto, el pasado 18 de febrero, para condenar lo que no trepidaron en llamar “repugnantes ataques”.

El Comunicado, en su parte más saliente declara:

“El programa dirigió sus ataques contra las figuras más sagradas de nuestra fe con el objetivo, como el mismo director de la emisión declaró específicamente, de destruir el cristianismo […] De este modo el canal ha sido utilizado «para profanar nuestra fe y ofender a millones de cristianos en el mundo» […] Este episodio se inscribe en un contexto más grande de ataques continuos contra los cristianos en Israel desde hace años […] «Hace tan sólo unos meses, copias del Nuevo Testamento fueron públicamente quemadas en el patio de una sinagoga en Or Yehuda. Desde hace años, el cristianismo ha hecho mucho para detener manifestaciones de antisemitismo, y ¿ahora los cristianos en Israel acabarán convirtiéndose en víctimas de una manifestación de anticristianismo de bajo nivel?» […] «Condenando éste y todos los demás actos hacemos un llamamiento a todas las partes implicadas a investigar el asunto y a tomar las acciones necesarias para acabar con esta horrible profanación de la fe» […] Es necesario que el Canal 10 reconozca su responsabilidad y que pida perdón de manera pública y oficial y que no vuelva a repetir algo así”.

A pesar de estas valientes palabras, en nuestra patria, la ofensa fue propalada con indisimulada complicidad, sin que nadie convocara a un desagravio público a Nuestro Señor, a su Santísima Madre y a la Fe Católica.

Precisamente porque no queremos ser cómplices, siquiera por omisión, es que invitamos a rezar un rosario en desagravio.

La cita es el martes 10 de marzo a las 18:00, en el Camarín de la Virgen del Rosario de la Reconquista, en el Convento de Santo Domingo, Belgrano y Defensa.

Quede aclarado que se trata de un acto exclusivamente penitencial y religioso.

¡Acompáñenos a honrar a Cristo Rey y a María Reina!

Congregación Obispo Alois Hudal hace extensiva esta invitación hecha por nuestros amigos de El Cruzamante, en defensa de Nuestra Santa Fé, de Cristo, Su Santísima Madre y Su Santa Iglesia.

Oración a Jesús, Rey del Universo - Pío XI


(21 de febrero de 1923)

Oh Cristo Jesús, yo os reconozco como Rey universal. Todo cuanto existe ha sido creado por Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.
Renuevo las promesas del bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy particularmente me comprometo a hacer triunfar, según mis fuerzas, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.
Corazón divino de Jesús, yo os ofrezco mis pobres acciones, para lograr que todos los corazones reconozcan vuestra sagrada Realeza, y que así se establezca en el mundo el reino de vuestra paz. Así sea.

Se gana indulgencia plenaria una vez al día: se requiere la confesión y comunión, y rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria a intención del Sumo Pontífice.

Te preguntarás ¿Qué es lo que en mí se parece a Dios?


Él te contesta:

Cuando amas te pareces a mí; cuando das la vida a otro ser actúas a mi semejanza. Cuando piensas, razoneas y te preguntas cuál es el sentido de tu vida y cómo debe actuar, participas de mi inteligencia. Te he creado capaz de descubrir que yo mexisto y soy el autor de la vida y de cuanto la sostiene. Puedes, con el amor y la fe que yo pongo en ti, comprender que soy tu Padre y tengo un plan de amor para tu vida, un plan que sólo tu puedes realizar. Te he creado para que estés unido a mí y vivas. Mi misma vida de amor en la eternidad; te llamo a disfrutar conmigo de la felicidad que nunca se acaba.
Quiero que me busques y me ames libremente; no te obligo a hacerlo. Te he dado la capacidad de escoger entre el bien y el mal, entre el amor y el aislamiento. Cuando miras dentro de ti comprendes que sientes inclinación por el mal al mismo tiempo que deseas el bien. Yo te doy la fuerza para que domines esa inclinación al mal y cumplas mi ley de amor, que he escrito en tu conciencia. Cuando tú obedeces libremente esta ley alcanzas tu verdadera dignidad, y yo te juzgaré personalmente por esa obediencia libre.
Te he creado para vivir en comunidad con otras personas. No crecerás ni desarrollarás tus facultades aislado de los demás. En tu relación con ellos demostrarás el amor que me tienes. No te invito aisladamente a disfrutar de mi amor en la vida futura; te invito junto con tus hermanos, quiero salvarlos en comunidad. Por eso te pido que te abras a ellos, aprecies y respetes como la tuya propia la dignidad de las demás personas, te esfuerces por lograr una situación social más humana y más justa para todos y defiendas la vida humana como el valor más alto de la creación.

Este es, en palabras muy sencillas y resumidas, el fundamento de la dignidad de la personas, tal como Dios nos lo revela en la Biblia y la Iglesia nos lo enseña a lo largo de veinte siglos.

Tomado de: Ciclo Básico de formación para grupos de matrimonios. Cuadernos de estudio para reuniones de grupos. Movimiento Familiar Cristiano de Argentina.

jueves, 5 de marzo de 2009

Observen una buena conducta en medio de los paganos


Hay un gran beneficio, muy deseable, que viene junto con el que nos abstengamos de los deseos carnales. El apóstol Pedro escribió: “Observen una buena conducta en medio de los paganos y así, los mismos que ahora los calumnian como a malhechores, al ver sus buenas obras, tendrán que glorificar a Dios el día de su Visita.” (1 Pedro 2, 12).
En el primer siglo, los cristianos muchas veces fueron objeto de una presentación en falsos conceptos, pues la gente los describía como “malhechores”. Acusaciones como las siguientes fueron típicas: “ Esta gente está sembrando la confusión en nuestra ciudad,… predican ciertas costumbres que nosotros, los romanos, no podemos admitir ni practicar”. ( Hechos 16, 20-21) “Esos que han revolucionado todo el mundo, han venido también aquí” “Toda esta gente contraviene los edictos del Emperador, pretendiendo que hay otro rey, llamado Jesús.” (Hechos 17. 6-7). Al apóstol Pablo se le acusó de ser “una verdadera peste : el suscita disturbios entre todos los judios del mundo y es uno de los dirigentes de la secta de los nazarenos.” Hombres de tanta importancia entre los judios de Roma dijeron a Pablo: quisieramos oirte exponer lo que piensas, porque sabemos que esta secta encuentra oposición en todos partes”.
La mejor defensa contra esta clase de presentación en falsos conceptos es la conducta excelente. Decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “Aceptemos sin miedo la voluntad de Dios, formulemos sin vacilaciones el propósito de edificar toda nuestra vida de acuerdo con lo que nos enseña y exige nuestra fe. Estemos seguros de que encontraremos lucha, sufrimiento y dolor, pero, si poseemos de verdad la fe, no nos consideraremos nunca desgraciados: también con penas e incluso con calumnias, seremos felices con una felicidad que nos impulsará a amar a los demás, para hacerles participar de nuestra alegría sobrenatural” (Homilía pronunciada el 15-IV-1960, Viernes Santo). Cuando los cristianos demuestran que son obedientes a la sana doctrina, “ Que los ancianos sean sobrios, dignos, moderados, íntegros en la fe, en el amor y en la constancia. Que las mujeres de edad se comporten como corresponde a personas santas. No deben ser murmuradoras, ni entregarse a la bebida. Que por medio de buenos consejos enseñen a las jóvenes a amar a su marido y a sus hijos, a ser modestas, castas, mujeres de su casa, buenas y respetuosas con su marido. Así la palabra de Dios no será objeto de blasfemia.
Exhorta también a los jóvenes a ser moderados en todo, dándoles tú mismo ejemplo de buena conducta, en lo que se refiere a la pureza de la doctrina, a la dignidad, a la enseñanza correcta e inobjetable. De esa manera, el adversario quedará confundido, poque no tendrá mada que reprocharnos” (Tito 2, 2-10). Así, hasta las personas que repitan la información calumniadora acerca de los cristianos se les puede ayudar a ver lo incorrecto de su proceder y a sentirse impulsadas a adoptar la adoración verdadera. Entonces, al tiempo en que Dios verifique su inspección y juicio, puede que éstos que antes representaban en falsos conceptos a los cristianos se cuenten entre los que glorifique o alaben al Altísimo.
El hecho de que la vida recta que el cristiano lleva pueda ser una fuerza tremenda para el bien debe hacernos considerar seriamente el modo en que tratamos a otros y hasta qué punto mostramos interés en nuestros prójimos. Ciertamente no queremos cerrar los ojos ante las necesidades de la gente que nos rodea. Por supuesto, el que seamos bondadosos, corteses y considerados no es simplemente “politicamente correcto”. Es fundamental si queremos ser cristianos. En su Sermón del Monte, Jesucristo amonestó: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos” (Mateo 7, 12). Las Escrituras nos instan así: “ Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe”. (Galatas 6,10) “En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con todos”. (Romanos 12, 18) “Procuren que nadie devuelva mal por mal. Por lo contrario, esfuércence por hacer siempre el bien entre ustedes, en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5, 15).
Claro que el ser cristianos abarca más que el cumplir requisitos vitales como los de asistir a la Santa Misa, o los Sacramentos. Tambien estamos bajo el mandato de imitar al Hijo de Dios en nuestras actitudes y acciones, en lo que somos como personas, como individuos. El apóstol Pedro escribió: “En fin, vivan todos unidos, compartan las preocupaciones de los demás,ámense como hermanos, sean misericordiosos y humildes. No devuelvan mal por mal, ni injuria por injuria: al contrario, retribuyan con bendiciones, porque ustedes mismos estàn llamados a heredera una bendición”. (1 Pedro 3,8-9). “Que no haya divisiones” para vivir “en perfecta armonía” teniendo “la misma manera de pensar y de sentir” (cfr. 1 Corintios 1,10) Nuestro pensar, especialmente, debe estar en armonía con el de Jesucristo, quien expresó su amor por medio de entregar su vida por nosotros. (Juan 13, 34-35.15-12.13) Aunque los verdaderos discípulos de Jesucristo tienen “ la misma manera de pensar y sentir”, como lo evidencian su amor y unidad por todo el mundo, las preguntas que tenemos que contestar son éstas: ¿Genuinamente contribuyo yo a este espíritu de unidad y cariño? ¿Cómo y a que grado?
Si verdaderamente amamos a nuestros hermanos en la fe, seremos bondadosos y demostraremos que estamos dispuestos a perdonar. Una vez que se considere un problema y se convenga en la solución, no seguiremos abrigando rencores ni evitaremos deliberadamente a ciertos miembros de la congregación cristiana que tal vez hayan contribuido a crear la dificultad. En armonía con el consejo de Pedro, tenemos que ejercer cuidado para no caer víctimas de la insensibilidad, de la severidad y el orgullo que son comunes en el mundo. A otros les debe ser fácil ver que compartimos un sentimiento de compañerismo o que nos tenemos amor afectuoso o cariño a nuestros hermanos espirituales, que somos “tiernamente compasivos” o que nos inclinamos a mostrar piedad, y que no tenemos una opinión ensalzada de nosotros mismos, sino que somos “humildes de mente” que estamos dispuestos a servir a otros. – Compare con Mateo 18, 21-35; 1 Tesalonicenses 2, 7-12. 5,14. Que así sea.

Dispón de mi vida Señor - Santo Tomás de Aquino

Concédeme, Dios misericordioso,
desear ardientemente lo que Tú amas,
buscarlo con prudencia, reconocerlo con verdad
y cumplirlo con perfección,
para alabanza y gloria de tu Nombre.
Pon orden en mi vida,
y lo que Tú quieres quieres que yo haga concédeme conocerlo y dame la gracia de cumplirlo como es debido
y como sea más provechoso para la salvación de mi alma.
Que yo vaya hacia Ti, Señor,
por un camino seguro y recto,
que conduzca a la meta,
por un camino que no se pierda
entre las dificultades y los triunfos.
Que te dé gracias en los éxitos,
y que en los contratiempos conserve la calma,
sin dejarme exaltar por lo que me sea favorable
y sin abatirme por lo que me sea adverso.
Que las alegrías me cansen si no estás Tú,
y que nunca desee nada fuera de Ti.
Que los trabajos, Señor,
me sean gratos si son por Ti,
y el descanso, insoportable, si me faltas Tú.
Dame la gracia de dirigir con frecuencia
mi corazón a Ti,
y cuando flaquee, hazme reconocer mi culpa
con el firme propósito de corregirme.
Señor Dios mío, haz que yo sea obediente
sin espíritu de contradicción,
pobre sin defección,
casto sin corrupción,
paciente sin discusión,
humilde sin fingimientos,
alegre sin disipación,
triste sin abatimiento,
grave pero no duro,
activo pero no ligero
y sincero pero sin doblez.
Amén.


Una derrota no es un fracaso - San Cayetano Thiene


“Una derrota no es un fracaso. Nuestra lucha contra el mal no está perdida… nuestra confianza en Dios, en Su providencia, nos hace sentir seguridad. No podemos retroceder. Sólo es cuestión de paciencia. Debemos seguir rezando y actuando. Dios no nos abandonará.
Aunque fueras abandonada por todos los santos del cielo y por todos los santos del cielo y por todos los amigos de la tierra, no dudes que Cristo te ayudará en todas tus necesidades.
Poco importa no contar con apoyos humanos. Cristo nunca nos abandona y está pendiente de todas nuestras necesidades. Dios, que se ocupa aun de las flores del campo y de los pájaros del cielo, ¿cómo no va a ayudarnos si de veras queremos cada día más a su Hijo Jesús?”

miércoles, 4 de marzo de 2009

Carta a Su Santidad de la FSSPX


A Su Santidad el Papa Benedicto XVI

Santidad,



Deseamos expresar agradecidamente a Vuestra Santidad nuestro profundo reconocimiento por el acto de Vuestra paterna bondad y de Vuestro valor apostólico, mediante el cual ha vuelto inoperante la medida que nos había afectado hace veinte años tras nuestra consagración episcopal. Vuestro decreto del 21 de enero del 2009 rehabilita en cierto modo al venerado fundador de nuestra Fraternidad sacerdotal, S. Exc. Monseñor Marcel Lefebvre. Nos parece que proporciona además un gran bien a la Iglesia, haciendo justicia a los sacerdotes y fieles del mundo entero apegados a la Tradición de la Iglesia, que ya no serán afrentados injustamente por haber mantenido la fe de sus padres.
En razón de este combate de la fe, aseguramos a Vuestra Santidad, como desea, «que no ahorraremos ningún esfuerzo para ahondar en las necesarias conversaciones con la Autoridad de la Santa Sede los temas aún pendientes», pues deseamos empezar lo más pronto que se pueda los intercambios, con los representantes de Vuestra Santidad, sobre las doctrinas en oposición con el Magisterio de siempre.
Mediante este camino aún necesario, que evoca Vuestra Santidad, esperamos ayudar a la Santa Sede a remediar de modo apropiado la pérdida de la fe en el interior de la Iglesia.


La Santísima Virgen Inmaculada ha guiado visiblemente los pasos de Vuestra Santidad y ahora Le seguirá otorgando su bondadosa intercesión. Seguros de ello, pedimos filialmente al Pastor universal que bendiga a sus cuatro hijos más apegados al Sucesor de Pedro y a su función de apacentar los corderos y ovejas del Señor.


Menzingen, 29 de enero de 2009
fiesta de San Francisco de Sales

+Bernard Fellay


+Richard Williamson


+Bernard Tissier de Mallerais


+Alfonso de Galarreta
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...