miércoles, 4 de marzo de 2009

La cruz, cada día



por Abel Della Costa

¿Es lo mismo «tomar la cruz de cada día» que «tomar la cruz cada día»? ¿de qué habla esa tan citada frase de Jesús en la versión de Lucas 9,23?



«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.»

Así la refiere Mateo (16,24); lo mismo repite Marcos (8,34), y Lucas (9,23) que sin embargo añade "cada día": «tome su cruz cada día». En este trabajo me ocuparé de ese "cada día" del que habla Lucas.

Pero antes de ello, detengámonos por un momento a pensar en la frase entera de Jesús, o mejor aún, en el modo como lo habrá oído la primera comunidad cristiana. Tan acostumbrados estamos a la palabra "cruz" y a la imagen de la cruz evocando el tormento de Jesús, tan familiarizados estamos con representarnos a Jesús llevando la cruz en nuestros "via crucis", que difícilmente nos ponemos en situación de que estas palabras debieron haber causado una hondísima impresión en esos primeros cristianos, que a la vista del cuerpo clavado en la cruz y agonizante recordarían aquellas palabras y descubrirían -recién allí- que no se trataba de ninguna metáfora.

Los tres evangelios sinópticos reproducen la cláusula casi idénticamente. En san Juan no aparece, pero sin embargo, a poco de comenzada la Pasión, dirá: «y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario[...]» (19,17); que es la única mención en los cuatro evangelios a que fuera Jesús quien llevaba la cruz.

Como es costumbre en el autor, es posible que esta mención, más que querer fotografiar lo que pasaba, nos esté "poniendo en obra" en el propio ejemplo de Jesús lo que los otros evangelios contaban con palabras: cargar la propia cruz.

Los evangelios, bien lo sabemos, no reproducen palabra por palabra todo lo que Jesús hizo y dijo, así que lo que reproducen debemos entenderlo en sentido "fuerte", no meramente historicista o biografista; cada gesto evocado, cada palabra de Jesús recordada tiene la intención de hacernos penetrar mejor en la persona de Jesús, en su mensaje, y no sólo en él, sino en lo que haremos con nuestra vida de cara a él.

San Lucas añade a la frase recordada una expresión: «cada día».
No podemos saber si Jesús pronunció o no esas dos palabras en ese contexto, ya que San Lucas es el único de los tres sinópticos que las consigna; pero poco interés tiene la cuestión: lo cierto es que en estas palabras "la cruz, cada día", ese "cada día" está ya como contenido, no agrega nada que no estuviera ya de antemano en lo que dice Jesús. Sólo lo hace más explícito. Pero, podemos preguntarnos, ¿por qué san Lucas se sintió llevado a explicitar ese "cada día" en la frase de Jesús?

Tal vez -y es sólo una hipótesis- los primeros cristianos leyeron la frase de Jesús y la relacionaron específicamente con las persecusiones de las que eran objeto dentro del judaísmo, cuando aún el cristianismo se entendía como una secta dentro del propio judaísmo (es decir, antes de los años 80).

Tal vez -y sigo poniendo hipótesis- la redacción de esta frase en san Lucas sea ya de las ediciones más tardías, de los años 80, y la expresión "cada día" sirvió para que los cristianos vieran que Jesús no se refería solamente a la excepción de las persecusiones sino al estado normal y cotidiano de cualquier cristiano, en tiempo de persecusión y en tiempo de pacificación: seguir a Jesús es cargar, junto con él, y cada día, la cruz que él cargó.

De hecho, las persecusiones seguirían por mucho tiempo más, no ya de parte del judaísmo sino del Imperio, así que los cristianos no tendrían ocasión de olvidar estas palabras de Jesús.

La cruz «de cada día»
Sin embargo en algún momento las persecusiones terminaron, el cristianismo fue progresivamente deviniendo cristiandad, y de ser la fe de unos pocos, y excluidos, pasó a ser la fe de la comunidad entera, al menos de una gran parte de la civilización humana. Y esta frase, tal como había pasado en el camino que va de Marcos y Mateo a Lucas, adquirió un nuevo matiz; en la predicación popular -y aún hasta nuestros días- se la suele citar con esta forma, ligeramente distinta a lo que dice San Lucas:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día, y sígame.»

¿Pero cuál es la diferencia? ¿Por qué esto -que lo hemos escuchado muchísimas veces- no es lo mismo que lo que dice san Lucas, sino una variante "aggiornada"?

Hablar de la cruz "de cada día" pone el acento en la cotidianidad, más que en la cruz... supone entender de nuevo la palabra "cruz" como una metáfora (tal vez como la entendieron los primerísimos discípulos, antes de la Pasión) de las dificultades y sinsabores de esta vida que nos toca. Ya lo dice la Salve: estamos inmersos en un valle de lágrimas, y no hay consejo más sano que no abrigar falsas expectativas en las bondades del mundo, sino tomar el sufrimiento que cada nuevo día nos depara con determinación y valor; consejo muy loable, aunque no específicamente cristiano.

También podría ocurrir que este sano consejo se convierta en una suerte de tapadera: no te quejes, no te hagas oír, no luches contra las injusticias del mundo, no abogues por ninguna "causa perdida", porque estamos en un valle de lágrimas, y hay que aprender cada día a sobrellevar el dolor y el oprobio, ya se encargará Dios de premiar y castigar [no ahora, después... nos sea que se enoje «Il Padrone»]... y entonces el consejo ya no sólo no es específicamente cristiano, sino que deviene lisa y llanamente contrario al mensaje, a la obra y al ejemplo de Jesús.

Es verdad que Jesús, "como cordero llevado al matadero, se humillaba y no abría la boca", como dice el poeta en el AT (Is 53); y es verdad que "aprendió en los padecimientos lo que es permanecer a la escucha", como dice otro poeta en el NT (Heb 5). Sin embargo, la cruz no es silencio sino palabra, que culmina en un fuerte grito:

«Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.» (Mc 15,37)

Y a partir de allí su sangre habla, y, a juzgar por Hebreos, esa sangre "habla mejor que la de Abel" (12,24)

La humillación y el silencio de Jesús nada tienen que ver con una resignación ñoña, con una licuefacta actitud de borregos en un anónimo rebaño de sufrimiento. El silencio de jesús en su pasión es un silencio elocuente, es un silencio que crea el espacio en torno donde se escucha clara, potente, fuerte, rotunda, la palabra de la cruz.

No hay sino una verdadera cruz: la de Jesús
La cruz... porque no hay muchas cruces, así como no hay muchos nombres bajo los cuales podamos ser salvados; hay una cruz: la de Jesús, la que quienes queremos seguirlo debemos tomar: cada día, como enseña el evangelio. pero no cada día una distinta, sino cada día la misma, la única que salva, la de Jesús.

¿Pero entonces no debo aceptar el sufrimiento de cada día y ofrecerlo a Jesús para completar en mi vida su obra, tal como dicen tantos autores piadosos, mucho más piadosos que el autor de este escrito?

Sí, aceptar el sufrimiento de cada día y ofrecerlo puede ser una buena manera de llevar la cruz de Jesús. Aunque también puede ser una actitud estoica, es decir, de una moralidad a la altura del paganismo. Muy ejemplar, pero únicamente humana.

Lo que le da su tono cristiano al modo como nos relacionamos con los sufrimientos de cada día, no es la cantidad de aguante frente al dolor que podemos demostrar (así como el sufrimiento de Jesús carece de relación con la cantidad de sangre que le brotó o la cantidad de latigazos que recibió) sino la transformación que ese aguante del dolor trae al mundo. El dolor pagano tranquiliza, y la resignación pagana tranquiliza; el dolor cristiano revoluciona al mundo y la resignación cristiana transforma al mundo.

Cuando los primeros cristianos cantaban salmos frente a los leones en el circo, probablemente no ponían esa carita de bobos de los actores de películas "peplum" (copiadas de la afeminada imagenería dieciochesca), esos salmos eran resignación cristiana, y llevaban no a que los espectadores se quedaran tranquilos sino a que se cuestionasen y se preguntasen "¿de dónde les viene esa fuerza?", y en último término a que vieran a Jesús reflejado en esa resignación que habla mejor que la sangre de Abel.

La cruz de cada día sólo es cristiana si es siempre la misma cruz: la de Jesús, el elocuente silencio y la resignación que no calla ni otorga. La justicia y la verdad en el mundo deben ser seguidos, asaltados y conquistados. Puede que muchos hombres -cristianos o no- se sientan convocados a ello, puede que muchos intenten transformar el mundo y logren muchos objetivos buenos, pero nosotros estamos obligados a ello por nuestra fe: esa transformación radical del mundo fue la obra de Jesús, la obra de su cruz, esa única que debemos cada uno tomar cada día, si de verdad queremos seguir siendo llamados "discípulos".

Nuestra Iglesia


Padre Jordi Rivero

En cada siglo los enemigos de la Iglesia anuncian su inminente desaparición. Sin embargo ella los entierra a todos. Han pasado 2000 años. Todo imperio se ha derrumbado pero la Iglesia sigue siendo la misma madre con más de mil millones de hijos e hijas, más de 405.450 sacerdotes y más de 3.000 obispos. El número de seminaristas está aumentando y también las ordenaciones sacerdotales aumentaron en el 2004. Todavía hay muchachas que optan por la vida religiosa y aun surgen nuevas comunidades religiosas.

Hoy la Iglesia es perseguida, despreciada y difamada por todas partes. Pero su autoridad moral sigue siendo un faro de luz inextinguible que puede ser odiado pero no ignorado. La sucesión de Pedro jamás se ha roto. El Papa sigue gobernando a la Iglesia y los católicos por todo el mundo siguen unidos en comunión con él. A pesar de su ancianidad, el Papa es capaz de reunir a cientos de miles de jóvenes para escucharle enseñar la Palabra de Dios. La Santa Sede mantiene relaciones con 175 países (2002).

Todo esto sólo puede ser obra de Dios. Por eso creo y por eso no puedo dejar de anunciar la verdad a mis hermanos.

Creo en la Iglesia porque no me dejo llevar por los escándalos sino por la Palabra de Dios. Es cierto que hay escándalos en la Iglesia. Ya Jesús lo advirtió. Pero también hay cientos de miles de mártires que han derramado su sangre por Cristo en cada siglo incluso el nuestro. Millones y millones viven su fe inspirados por el Evangelio.

Sé bien que la Iglesia está formada de seres humanos pecadores. Pero Jesús quiso reunir en ella a los pecadores para hacerlos hijos de su Padre, Dios. No todos se convierten. Desde el principio algunos desde adentro le traicionan. Pero Jesús no revoca su alianza sellada con Su Sangre. Sigue siempre fiel a sus promesas. Jesús dijo: "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Mateo 16,18

Jesús Instituye Su Iglesia.
Lc. 10, 1-2. Mandó a 72 a predicar .
Mc. 3, 13-19. Elige a los 12 pilares de su Iglesia.
Mt. 28,19. Les dio autoridad para bautizar.
Jn. 20, 22-23. Les dio poder para perdonar pecados.

Establece pastores para guiar a la Iglesia en Su nombre.
MAT 16, 15-19. Establecidos por Cristo.
LC 22, 31-32. Unidad del rebaño.
JN 1, 41-42. Cambio de nombre.
JN 21, 15-17. El primado de Pedro. Llave = Poder.

Desde Pedro hay sucesión ininterrumpida de Papas.

Los Pastores ejercen la Autoridad de Cristo.
Hech. 2, 14. Su discurso en Pentecostés.
Hech. 5, 1-11. Al intervenir ante un problema.
Hech. 6, 1-6. La elección de los diáconos.
Hech. 14, 23. Encargados de las iglesias.
Hech. 15, 1-29. Su discurso en el concilio.
Hech. 20, 28. Cual es su misión y quien los puso.
II TIM 1, 6-7. Vocación sagrada.


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Y usted: ¿Conoce la Iglesia católica o la caricatura que hacen de ella sus enemigos? ¿Está usted sobre la roca firme establecida por Cristo o en las arenas movedizas de interpretaciones humanas? Jesús te llama. No lo hagas esperar.

martes, 3 de marzo de 2009

La religión verdadera


UNA SOLA RELIGIÓN VERDADERA
1. Requisitos para encontrar la verdadera religión.- Quien no conoce la religión verdadera y desea encontrarla debe cumplir un requisito imprescindible: buscar. Y esto exige varias condiciones:
o Aceptar la existencia de Dios.- Si esto no se admite, se rechazarán todas las religiones.
o Aceptar que hay un solo Dios.- Si hubiera varios dioses, cada uno tendría su religión. Pero no es posible que haya varios omnipotentes, ni varios seres perfectos (¿en qué perfección se diferencian?).
o Aceptar que Dios es bueno.- Y en consecuencia ayuda a sus criaturas a encontrar el camino de la felicidad. Por tanto, debe existir una religión verdadera que contenga los mandatos, consejos y dones que hacen feliz al hombre.
o Finalmente, para encontrar la religión verdadera es preciso buena voluntad y buena conducta, pues los malos hábitos dificultan encontrar la verdad.
2. ¿La religión verdadera es única? Todas las religiones buscan el bien del hombre acercándole a Dios. Todas abarcan áreas más o menos amplias de verdad, pero sólo una es completamente cierta pues sólo hay un único Dios: Entre las religiones hay puntos de contacto y de divergencia. Algunos planteamientos son tan opuestos que no pueden ser a la vez válidos. Por ejemplo, si una religión permite tener dos mujeres a la vez y otra lo considera una falta grave, una de las dos se confunde. Si una religión es verdadera, las demás no lo son. No quiere decirse que sean malvadas ni completamente falsas: simplemente no son la verdadera.
¿CÓMO RECONOCER LA VERDADERA RELIGIÓN?
Para saber si una religión es equivocada hay varios aspectos clarificadores:
1. Analizar la doctrina, considerando estas ideas:
o Son evidentemente falsas las religiones que uno se inventa. Quien rechaza las doctrinas para aprobar un comportamiento en base a su propia opinión, se convierte en inventor de religiones y una religión inventada es sin duda falsa, aunque desde luego sean ideas respetables.
o La religión verdadera debe ir acorde con la dignidad de la naturaleza humana. Su doctrina debe ser ejemplar.
o La religión verdadera debe ser válida para todos los hombres. Pues Dios creó y ama a todos. De donde nacen dos consecuencias:
- Las religiones nacionalistas o racistas no van bien encaminadas.
- La religión verdadera debe abarcar todas las épocas de la historia, sin excluir a los antiguos. De ahí que las religiones relativamente modernas deberían explicar suficientemente cómo pueden salvarse los que murieron antes.
2. Considerar la práctica, teniendo en cuenta lo siguiente:
o No sirve analizar la vida de unos miembros, ni de unos jefes, pues en todas las religiones ha habido personas y jefes poco dignos. En cambio, sí sería válido estudiar las vidas y comportamientos que esa religión considera ejemplares.
o También es argumento válido analizar la vida del fundador, pues él habrá recibido más dones de Dios para transmitir a los demás lo que deben practicar. Si el fundador llevó una vida poco ejemplar, su religión no es admisible.
o En particular, y es asunto curioso, basta fijarse en la vida sexual del fundador. Normalmente, quien se autoinventa una religión, también se autoinventa excusas para satisfacer sus gustos sexuales.
3. ¿Los milagros y profecías ayudan a reconocer la verdadera religión? Está claro que sólo Dios o los enviados por Él pueden hacer milagros, por tanto los milagros y profecías son una ayuda importante para reconocer la verdadera religión. Sin embargo, conviene evitar excesos y defectos; es decir, hay que reconocer el milagro cuando realmente se produce. En este punto es interesante ver si el fundador -enviado de Dios- realizó milagros. Respondiendo a varias preguntas, diremos que Mahoma y Buda no hicieron milagros. Tampoco Lutero los hizo (los protestantes no lo consideran fundador, sino personaje destacado).
4. ¿Puede usarse la Biblia para descubrir la religión verdadera? La Biblia posee un gran valor histórico y religioso. Sobre todo, leer la vida de Cristo presta gran servicio espiritual y cultural: los evangelios son una lectura que no debería faltar. Sin embargo, la Biblia sola es poco útil para distinguir la religión verdadera, pues cada uno puede intrepretar los textos de manera diferente.
5. ¿Cómo empezar? ¿Qué camino es el mejor para buscar a Dios? La humildad y la oración: pedir humildemente al Señor su ayuda para encontrarlo.
6. ¿Y para usted cuál es la religión verdadera? No hay dudas en este asunto, pero tal vez poner aquí la respuesta pueda disgustar a alguien. Por otra parte algunos me lo han preguntado, y otros quizá quieran abreviar su búsqueda orientados por mi consejo. Busquen, pues, en la religión católica.
7. ¿Qué textos bíblicos muestran a la religión católica como verdadera? La respuesta es muy amplia porque hay muchos textos bíblicos. Podemos ordenarlos en tres grupos:
o Textos que muestran a Jesucristo como verdadero Dios.
o Textos que muestran que Jesucristo eligió doce apóstoles sobre los que fundó su Iglesia. Y tomó a Pedro como fundamento y pastor de su Iglesia.
o Textos que muestran a los apóstoles como elegidos por Dios, después de la marcha de Cristo.
Los sucesores de los apóstoles continúan esa misión y conducen la Iglesia de Cristo, bajo la dirección del sucesor de Pedro.
Tomado de: ideasrapidas.org

Sermón de Cuaresma por el Padre Leonardo Castellani


Ayuno y Tentaciones de Cristo

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna». Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios». Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras». Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto». Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

(Mt. 4,1-11)

Hoy hay sacerdotes que niegan las Tentaciones. Tengo el resumen de un artículo publicado con toda clase de aprobaciones en la "Revista Eclesiástica" de Lima, que me mandó mi amigo el P. jesuita Florentino Alcañiz: niega la realidad de las Tentaciones de Cristo y afirma que son una "dramatización" para expresar la eterna lucha del bien y del mal. Niega también que haya endemoniados y afirma que todos los "endemoniados" del Evangelio fueron enfermos y nada más. ¿Y cómo Cristo los dio por endemoniados, e incluso habló con los demonios? Ah, ésa es otra "dramatización", para significar la existencia del mal en el mundo. Después, como si esto fuese poco, se mete con la Santísima Madre de Jesucristo (cosa que Jesucristo no suele tolerar) y dice que la aparición del Ángel Gabriel es un cuento ridículo; y que eso es otra dramatización del "monólogo interior" de María Santísima; o sea, que la Virgen se preguntó ella misma y se respondió ella misma: -¿Quieres ser Madre de Dios? -Sí quiero, cómo no.

Entonces, según Su Sapientísima Reverencia, los milagros de Cristo podrían ser todos "dramatizaciones" -Perfectamente, cómo no -Entonces, Reverendo, ¿en qué se funda su fe? -Se funda en la razón -Hace mucho tiempo que no tienes ni pizca de fe -ni pizca de razón- diría tu Padre San Ignacio de Loyola.

Me hace acordar lo que le sucedió a un paisano mío de Reconquista, que se le paró al lado un turista en auto y dijo: -Oiga amigo ¿éste es el camino que va a Reconquista? -Síseñor. El otro puso en marcha el auto y el paisano le gritó: -Ep, párese! -¿Qué hay? -Este es el camino de Reconquista; pero si quiere llegar a Reconquista, pegue media vuelta y agarre pal otro lao, dirección contraria. Así este Profesor de Escritura, anda por la Sagrada Escritura, pero en dirección contraria: cree que anda entrando y anda saliendo.

Las Tentaciones de Cristo son reales y verdaderas. No diré que sean fáciles: son la mar de raras.

Algunos intérpretes (Durand, y también en cierto modo San Jerónimo y San Juan Crisóstomo) dicen que es natural, Cristo siendo Dios no podía ser tentado como nosotros los hombres. Pero Cristo no fue tentado como Dios, es imposible; y su natura de hombre es esencialmente la misma que la mía.

Mejor dijo el gran místico alemán del siglo XIII Maestro Eckhart: que las tentaciones de Cristo fueron las mismas que las nuestras. ¿Cómo se entiende eso?

La materia de nuestras tentaciones es diferente; en realidad es diferente en cada hombre; pero el fondo (o sea lo que llaman los tomistas "la forma", que no significa figura sino la estructura esencial de cada cosa, el "alma" como si dijéramos) ésa es la misma. El esquema general es el mismo.

En la parábola de las "Dos Banderas" que inserta San Ignacio en sus "Ejercicios Espirituales", presenta a Cristo y a Satán como dos caudillos que están reclutando gente para sus campañas bélicas: San Ignacio ve la vida cristiana como una milicia, pues él había sido milico. El Mal Caudillo se sienta en un trono de fuego y humo, en figura horrible y espantosa; y haciendo llamamiento de innumerables demonios los manda a tentar por tres escalones; primero de codicia de riquezas; después de vano honor del mundo; por último a recrecida soberbia; de donde después los precipiten en todos los vicios y pecados. "Dale al diablo un cabello y te tomará todo el pelo" -dice el español. San Juan Crisóstomo pone también estos tres escalones.

Los que hacen los ejercicios dicen -yo mismo lo he dicho alguna vez: "Eso es inexacto. Las tentaciones comunes son: 1º querer tener mucha plata; 2º exceso de lujo, boato, diversiones y comodidades; 3º pecados carnales". Eso es así, pero es un caso particular del esquema de San Ignacio y del esquema de las Tentaciones de Cristo: primero tienta el demonio con la codicia de una cosa creada (y todas las cosas creadas menos la salud pueden conseguirse con la plata), una cosa creada que no es mala en sí, pero que apegársele demasiado es malo -a veces muy malo; después tienta con una cosa ya mala, aunque no sea o no parezca un crimen; después tienta con cosas perversas. No está obligado el diablo a tentar en este orden lógico; y por eso tampoco los Evangelistas las ponen en el mismo orden: Lucas lo cambia.

Codicia de riquezas: demasiado nos previno Cristo contra ella; el mundo de hoy ha olvidado esa prevención; y por eso anda trastornado; estamos en el Reino del Dinero. Un multimillonario argentino tiene poco que ver con un multimillonario yanqui; pero aquí no hay muchos. Un millonario yanqui, que había muchos hasta llegar al poder Teodoro Roosevelt y los llamaban "los Megaterios Sagrados" no son millonarios, son billonarios (en Estados Unidos y Francia un billón son mil millones). ¿Saben Uds. cuánto viene a ser un billón? Ni lo imaginamos. Por ejemplo, si al nacer Cristo un hombre tuviera un billón de dólares y gastase mil dólares al día (cosa que ningún hombre puede), ahora, pasados casi dos mil años a 365.000 dólares al año, le quedaría dinero todavía que gastar unos 700 años -un poco más. Hagan la cuenta, es una multiplicación y una división que puede hacer un escuelerito de 6º grado.

Es una aberración que un hombre tenga un billón; no lo ha ganado, es un robo; y esa aberración gobierna hoy al mundo. Santo Tomás dice que si se permite a todos que lucren todo lo que puedan, sin límites, eso no es lícito, es aberrante. Ahora no hay muchos billonarios en E.E.U.U., porque el Estado, por medio de exorbitantes impuestos, barre con las grandes fortunas; pero el Estado a su vez se ha convertido en billonario, trillonario y cuatrillonario, y eso es para peor. No solamente la deuda pública, solamente los intereses de la deuda pública de E.E.U.U. pasan del billón. ¿Y quién va a pagar esa deuda? Nadie, no se puede pagar. ¿Y los intereses? Los paga todo el mundo, empezando por las naciones sonsas.

Un amigo me dijo que el Diablo ha puesto a los E.E.U.U. las tres tentaciones; la tentación de la riqueza, y han caído; la tentación de la fama y el poder, y han caído: robo de territorios a Méjico y España, entrada innecesaria en las dos Grandes Guerras, poder: lo han conseguido. Ahora le ha puesto la última: el gobierno del mundo entero; lo mismo que a China, Rusia y De Gaulle (Europa); a los cuatro Grandes. Veremos lo que pasa.

Esto sólo ya es un loquero; el mundo no puede andar bien; y encima están los otros dos escalones del diablo -que dependen del primero.

Salto los otros dos escalones, porque no hay tiempo. En el segundo escalón están la vanagloria, el auto-engrupimiento y la ambición. Cada día se publican en el mundo (y la gente los lee) millares de libros lascivos, obscenos, sacrílegos, crueles o absurdos. ¿De qué viene eso? De la angurria de gloria, y también de dinero, de los escritores. Y la ambición ha causado más muertes en el mundo que todas las pestes juntas; porque della proceden las guerras.

En el tercer escalón está la crecida soberbia, que fue el pecado del Diablo y también de Adán. Al llegar aquí Cristo rechazó a Satanás sin cortesía: "¡Fuera de aquí!"

Así que vean cómo el diablo tentó a Cristo según el esquema; por supuesto que lo tentó en la suposición de que Cristo podía ser el Mesías, cosa que el Maldito no sabía seguro. Primero lo tienta con una cosa buena, el pan; pero que la consiguiera por mal camino, un milagro innecesario; segundo, con el afán de hacerse famoso, pero por medio de una temeridad, la cual es en sí mismo pecado grave contra la Prudencia; tercero, con una máxima maldad -a la cual tentación sucumbirá el Anticristo: tomar al diablo como Dios12.

Como dije antes, este Evangelio está erizado de dificultades: he explicado la principal. Por ejemplo: ¿agarró el Diablo a Cristo que estaba en el desierto y lo llevó volando al pináculo del Templo? "¡Qué julepe tendría el Maldito!" -dice Santa Teresa. Probablemente se apareció en figura de peregrino y le pidió lo acompañara al Templo: el texto griego dice "paralambánein" que no significa "agarrar" ni "transportar" sino "conducir consigo". ¿Y luego lo llevó volando a un monte alto desde donde se vieran "todos los Reinos del Mundo -a la montaña de Djebel Karantal, a 30 km. de Jerusalén, como dice la leyenda? También aquí dice "paralambánein". Probablemente produjo una gran visión imaginaria en torno a Cristo, donde se viese además de Jerusalén muchas suntuosas ciudades, ríos, valles y mares -todo el mundo en abreviatura.

El Diablo da bien de comer y da mal de cenar, dice el español. Al final del Padre Nuestro pedimos a Dios nos libre del Mal -o nos libre del Diablo- como traducen los ingleses ("the Evil One") y los alemanes; y los brasileros. No podemos saber qué palabra aramea dijo Cristo, pues no nos ha quedado el Evangelio arameo de San Mateo -si es que existió. En griego y en latín, la última palabra del Padre Nuestro puede traducirse "de todo mal" o "del Malo"; porque ese ablativo que hay allí: "a malo" y "Apò poneeroû" puede venir de un nominativo masculino o bien neutro.

Es lo mismo de todos modos: que nos libre del pecado o del Diablo que es el que induce y se aprovecha del pecado.

Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, Caballeros de Rodas u Orden Soberana de Malta


Los Hospitalarios, como su nombre lo indica, había sido originalmente un grupo caritativo que asistia a los peregrinos enfermos y cansados en el Hospital de St John en Jerusalén.
Su servicio en el Este era paralelo al de los Templarios , y el más grande y más famoso de los castillos de los cruzados (Krak de Chevaliers ) fue construido por ellos .
Después del otoño de Acre, se retiraron brevemente a Chipre pero ya habían hecho planes para su nuevo papel.
Durante algunos años habían construido y comandado una flota de naves que proporcionaron suministros al reino Cristiano y comercial, y también contuvo los piratas del mediterráneo oriental.
En 1307 compraron la isla de Rodas y hicieron su oficina principal allí. Continuaron sus funcionamientos navales, fortificaron el pueblo y puerto de Rodas, construyeron una fortaleza por el Gran Amo y un gran hospital para el enfermo.
También se reorganizaron para que se agruparan los caballeros de cada nacionalidad diferente, cada uno en su propia "Posada", y cada uno tenia una responsabilidad por una sección del pueblo y defender su parte de la muralla .
Para finales del decimocuarto siglo ellos no eran una molestia, pero los musulmanes no estaban contentos tener semejante poder cristiano, fuerte y firmemente establecido en el mediterráneo oriental.
En 1435 Rodas fue atacado por el ejército del Sultán Baybars, pero después del sitio de un mes del pueblo, los caballeros salieron inesperadamente y los pusieron en retirada.
El poder del Imperio bizantino estaba derrotado ( más bien una propia meta por parte de los cruzados que habían saqueado Constantinopla en la Cuarta Cruzada en 1204, debilitando el imperio irrevocablemente ) y, cuando los Turcos tomaron Constantinopla finalmente en 1453, Los Hospitalarios en Rodas era el único fortín cristiano en el este.
En 1480 un gran ejército de Turcos bajo Palaeologos Pasha desembarcó y trató de capturar el pueblo bombardeando las paredes a cañonazos.
Gracias a la dirección inspirada y la planificación cuidadosa del Gran Amo, D'Aubusson, este ataque también fue repulsado por los caballeros, aunque casi la mitad perdió sus vidas en la defensa de su ciudad.
En 1522 fruto de un gran esfuerzo lograron entrar, con los inmensos ejércitos de Suleiman el Magnífico bajo el orden de su Gran Visir, Pir Mahomet Pasha.
Después de seis meses de resistencia heroica los caballeros se rindieron y le fueron permitidos dejar la isla, después de haber ganado la admiración de sus enemigos y el mundo occidental.
El Emperador Carlos V que había sido conocido por su valor aunque incapaz para enviarles ayuda, donó su próxima casa en Malta.
En 1565 ellos fueron atacados una vez más por las fuerzas de Suleiman el Magnífico, ahora un hombre viejo de setenta.
La historia de cómo los caballeros se resistieron al sitio de Malta, bajo la dirección de su Gran Amo, Jean del la Valette, es uno del más emocionante e inspirador de la epoca.
La fuerza diminuta, de quizás 700 caballeros y 1500 hombres, logro derrotar el
poderío del Imperio turco gracias a la preparación meticulosa y el valor excelente.

Tomado de: http://www.los-templarios.com.ar/

lunes, 2 de marzo de 2009

La Oración - San Juan María Vianney


Hermosa obligación del hombre: orar y amar

Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente rodeado de una luz admirable.

En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.

En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece que le dijeran al buen Dios: "Sólo dos palabras, para deshacerme de ti..." Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.

Juan María Vianney
(Cura de Ars)

Elogio de San Bernardo a María Santísima


"Contemplad, pues, más altamente con cuánto afecto de devoción quiso fuese honrada María por nosotros aquel Señor que puso en ella toda la plenitud del bien, para que, consiguientemente, si en nosotros hay algo de esperanza, algo de gracia, algo de salud, conozcamos que redunda de aquella que subió rebosando en delicias. Huerto es, en verdad, de delicias que no solamente inspiró viniendo, sino que agitó dulcemente con sus soberanos soplos aquel austro divino, sobreviniendo en ella, para que por todas partes fluyan y se difundan sus aromas, los dones, es a saber, de las gracias. Quita este cuerpo solar que ilumina al mundo, ¿cómo podrá haber día? Quita a María, esta estrella del mar, del mar sin duda grande y espacioso, ¿qué quedará sino obscuridad, que todo lo ofusque, sombra de la muerte todo y densísimas tinieblas?

Con todo lo íntimo, pues, de nuestra alma, con todos los afectos de nuestro corazón y con todos los sentimientos y deseos de nuestra voluntad, veneremos a María, porque ésta es la voluntad de aquel Señor que quiso que todo lo recibiéramos por María. Esta es, repito, su voluntad, pero para bien nuestro. Puesto que, mirando en todo y por todo al bien de los miserables, consuela nuestro temor, excita nuestra fe, fortalece nuestra esperanza, disipa nuestra desconfianza y anima nuestra pusilanimidad. Recelabas acercarte al Padre, y aterrado con sólo oír su voz, huías a esconderte entre las hojas. El tedio a Jesús por mediador. ¿Qué no conseguirá tal Hijo de Padre tal? Será oído sin duda por su respeto, pues el Padre ama al Hijo. Mas recelas acaso llegarte también a El. Hermano tuyo es, tu carne es, tentado en todas las cosas sin pecado para hacerse misericordioso. Este hermano te lo dio María. Pero, por ventura, en El también miras con temblor su majestad divina, porque, aunque se hizo hombre, con todo eso permaneció Dios. ¿Quieres tener un abogado igualmente para con El? Pues recurre a María. Porque se halla la humanidad pura en María, no sólo pura de toda contaminación, sino pura de toda mezcla de otra naturaleza. No me cabe la menor duda: será ella oída también por tu respeto. Oirá sin duda el Hijo a la Madre, y oirá el Padre al Hijo. Hijos amados, ésta es la escala de los pecadores, ésta es mi mayor confianza, ésta es toda la razón de la esperanza mía."

Mons. de Galarreta director interino del Seminario de La Reja


Estamos en condiciones de afirmar que el reemplazante de Mons. Richard Williamson en la dirección del Seminario Nuestra Señora Corredentora de La Reja, Argentina, será Mons. Alfonso de Galarreta, actual Superior de la Casa Autónoma de España y Portugal.


Tendrá el cargo de Visitador, es decir, delegado del Superior General con atribuciones de director hasta el mes de agosto, fecha en la cual se realizan los cambios anuales en la institución, y recién entonces se conocerán los nombramientos definitivos. Mientras tanto retendrá su cargo en España.


Mons. de Galarreta, hispano-argentino, vivió en nuestro país desde los cuatro años hasta los 20, cuando dejó el Seminario de La Plata para completar sus estudios en Econe. En 1989, apenas consagrado obispo, asumió como director interino del Seminario siendo a la vez Superior del Distrito de América del Sur.


Fue hasta el último Capítulo General, Segundo Asistente del Superior General. Sumamente respetado en toda la FSSPX, es una figura de perfil bajo, poco amigo de aparecer en los medios. Sin embargo, su consejo es muy estimado, y ha sido no pocas veces reaseguro de paz y unidad dentro de la congregación. Su intervención en el Capítulo General en el que se eligió por primera vez a Mons. Fellay como Superior General fue decisiva a favor de la candidatura. Y los hechos han confirmado el beneplácito de esta decisión en la reciente reelección del obispo Fellay por un período de otros doce años.


El tablero interno de la FSSPX puede ser modificado también por el lado del Distrito de América del Sur, puesto que este año se vence el mandato del Superior actual, P. Christian Bouchacourt, quien, no obstante, tiene la posibilidad de ser reelegido por otro período de seis años.

domingo, 1 de marzo de 2009

Sierva de Dios María Cecilia Perrín de Buide - 1 de marzo


El triunfo de la vida, el triunfo del amor, el triunfo de Dios

Cecilia Perrín nació en Punta Alta en 1957, fue la tercera de cinco hermanos en una familia con profundas raíces católicas, una de las primeras familias que adhirió al Movimiento de los Focolares en Punta Alta.
Era docente en el Instituto Estrada, daba clases de catequesis.
Todos la recuerdan como una chica alegre, siempre a la moda, una persona normal, con el deseo de seguir a Jesús totalitariamente.
En 1983, luego de dos años de noviazgo, se casó con Luís Buide. Cuentan que fue tanta gente a su casamiento que hubo que cortar el tránsito porque los amigos ocupaban toda la calle hasta la vereda opuesta.
A los seis meses de casada quedó embarazada y al poco tiempo siente unas molestias por una llaguita en la lengua, por la que los médicos de Punta Alta le recomendaron viera a un especialista en Buenos Aires. Allí, estando embarazada de cuatro meses le diagnosticaron cáncer en la lengua.
Los médicos consideraron realizar un “aborto terapéutico” para poder salvar la vida de Cecilia. Ella se niega rotundamente. Decidida a proteger la vida de su bebé y sabiendo que esto hará imposible llevar adelante los tratamientos necesarios, le da su Sí, con serenidad y claridad, a Dios.

Ella misma escribe:
“... Hoy le pude decir a Jesús que sí. Que creo en su amor más allá de todo y que todo es Amor de Él. Que me entrego a Él.”

Y cuenta en una carta que escribió en esos momentos a unos matrimonios amigos:
“Fueron días de muchas consultas. Todo se complicaba debido a mi embarazo. Pero, a pesar de esto, dábamos cada paso con la certidumbre de que era algo que Jesús nos proponía y que, si estábamos permanentemente en su voluntad, encontraríamos su camino. Teníamos claro que era nuestro deber agotar todos los medios para encontrar el tratamiento en el cual nuestro bebé sufriera menor riesgo.
Al principio los médicos nos habían hablado de aborto terapéutico. Nosotros siempre nos negamos. Entonces los médicos trataban de evitar el caso por miedo al alto riesgo.”

Más adelante le propusieron practicar una operación bastante importante en la mandíbula, pero luego de la misma debería alimentarse durante tres meses por sonda y nadie podía asegurar que el bebé recibiera la alimentación suficiente. Cecilia se negó y entonces decidieron realizarle una intervención menor, a pesar de la cual el tumor siguió desarrollándose.

En julio del 84 nació María Agustina, a la cual recibió con muchísima alegría y a quién se brindó totalmente a pesar de su dolor.

Luego del nacimiento de Agustina le hicieron una intervención, pero el mal estaba tan avanzado que los médicos no pudieron hacer lo que tenían pensado. Quienes vieron a Cecilia luego de ese momento se asombraron porque a pesar de que esta operación había resultado un fracaso y ella lo sabía, estaba feliz, con mucha paz. Y ella se lo cuenta de este modo en una carta a Monseñor Mayer (Arzobispo de Bahía Blanca en ese entonces):

“Hace días atrás sentía de darle todo a Jesús pero con la voluntad y el pensamiento, no con el sentimiento, no podía de esta forma decirle SI, porque me invadía un gran temor que me lo impedía. El otro día en el quirófano estando sola antes de que me durmieran pude decirle sintiéndolo: Sí Jesús, te doy todo. Cuando desperté sentía una gran tranquilidad pese a que lo que me dijeron era bastante desalentador”.

A partir de allí, Cecilia, que desde el primer momento había “apuntado alto”, se puede decir que fue ascendiendo vertiginosamente por el camino que Dios le proponía.

El hecho de estar lejos de su ciudad por el tratamiento y también porque en el último tiempo ya no podía hablar, hizo que escribiera muchísimo y en esos escritos se descubre su relación profunda con Dios.

Su belleza natural y fresca había desaparecido a causa de su enfermedad. Pero su Amor y su entrega a Dios hacían que irradiara una belleza superior comentada por todos los que la conocieron. Ella escribió: “Señor quiero ser como Vos quieras que sea; tener la personalidad que desees, ser ante el que está a mi lado como Vos quieras que sea. Tener la belleza que Vos quieras que tenga.”

En una carta que escribe a sus alumnos de 5º año resalta como descubre en la experiencia que vive, detrás del dolor, el Amor de Dios.

“Ahora que se van quiero darles algo de lo que estoy viviendo. Muchas veces hemos hablado de que Dios es Amor. Ahora les puedo decir que es la experiencia más profunda que vivo. La situación es difícil, pero no saben lo que es abandonarse a El y decirle Vos actuá. Esta es tu voluntad, manifestate como Tu lo quieras. El cubre todo, todo. Su amor se hace sentir, pero sentir de veras. Es como que el corazón estalla.
Parece una locura porque no se puede entender: sufrir el dolor físico y experimentar que más allá de ese gran dolor te invade una felicidad que no se te va.
Yo siento que en el dolor uno se desprende de todo y se queda con lo íntimo de uno mismo y en esta intimidad está Dios y El es Amor.
Entonces, si lo descubres y lo aceptas, El te invade, te toma.
Saben que el cáncer es una enfermedad mortal, Yo les puedo asegurar que para mí es algo que me da la vida, que me hizo ver, cómo es espléndido vivirla como Dios la va mostrando. Vieron cómo es Jesús, se sirve de caminos tan raros para llegar a uno…”

A Lía Brunet, en ese momento responsable del Movimiento de los Focolares en Argentina le escribía:

“Llamaron dos amigas para venir a verme, y al prinicpio dije que no, porque me sentía mal. Pero luego pensé: ¿quién soy yo para decir esto?. Mi cuerpo no es mío y lo que Jesús está obrando en mí es fruto de todos y para todos. Es importante para mí descubrir esto. Es una transformación.
El otro día le escribía a Luis contándole como veía que Dios ha trabajado nuestro matrimonio: yo, por ejemplo, que personalmente siempre me he cuidado mucho de ser linda para Luis, en estos últimos meses humanamente era haberme visto en la nada, despojada de todo, hasta lo veía como una degradación corporal al punto que me dolía que me viera así. Sin embargo esto nos permitió descubrir el amor más allá de las máscaras. Se ha purificado. Ahora siento por él y no por mí. Quiero estar en la luz, para ser lo que él necesite y así con todos.
Días atrás sentía como si fuera lo mismo vivir que morir, o sea, que da igual. Es más, hubo momentos en donde veía que morir era más fácil, más descansado. Pero sabes, lo que ahora le pido a Jesús es que me gustaría ser expresión de su gloria, me gustaría mostrar esta vida que nos ha permitido probar.”


El 1º de marzo de 1985, Cecilia falleció a la edad de 28 años.
Sus restos descansan en Mariápolis Lía, en O´Higgins, Pcia. de Bs. As. (Ciudadela del Movimiento de los Focolares), por pedido de ella, para que aquellos que la fueran a ver, encontraran un lugar de alegría y esperanza y no de muerte y desolación.
El 10 de noviembre de 2005, la Santa Sede da el consentimiento para que se inicie la causa de beatificación y canonización de Cecilia Perrín y la declara Sierva de Dios.


Por último algunos pensamientos que escribió y entregó a su hermano pidiéndole que componga una canción:

Estuviste en mí desde siempre.
No te busqué. Tu viniste a mi encuentro.
Estuviste pero eras desapercibido en mi vida.
Te creía importante pero vivía como si no lo fueras y Tu que eres Amor te quedabas.
No te importó mi indiferencia, no te importó que te cubriera; no te importó que te cambiara el rostro y Vos que sos el Amor Eterno, quisiste que te amara para compartirte.
Irrumpiste en mí para que despertara… qué fuerte despertar, te fuiste abriendo paso.
Ahora solamente tengo existencia en Tu ser.
Quiero vivir para darte gloria.
Que mi presencia sea un canto a Ti.
He demorado mucho en desprenderme del mundo pero Tu me has acogido, me has permitido amarte, en el dolor has penetrado en lo más hondo de mi alma.
Y ahora que he experimentado tenerte dentro mío, todo mi ser te reclama.
Cada momento, cada dolor, cada alegría son tuyos.
Hay momentos en donde el pensamiento pareciera se volviera absurdo, pareciera que la alegría sobrepasa la realidad.
La luz se hace grande y mi corazón rebosa de cantarte Gloria.


Oración, (para devoción privada.)

Señor Jesús, te damos gracias y te bendecimos porque nos has dado una testigo del Evangelio vivo en la Sierva de Dios María Cecilia Perrín de Buide.

A través de su ejemplo, como joven esposa, madre y profesora, hemos aprendido a valorar la dignidad del ser humano desde su concepción, a dar la vida por cada prójimo que es imagen y semejanza de Dios y a realizar el ideal propuesto por Vos: “Que todos sean Uno”(Jn.17,21).

Enséñanos a descubrir Tu Amor en nuestra vida aún en las circunstancias más difíciles en las que, como Tú en la cruz, nos sentimos abandonados.

Te suplicamos que, por medio de tu Sierva María Cecilia, podamos descubrirte como el Autor de la Vida.
¡ Que ella nos auxilie en esos momentos y optemos siempre, por encima de todo, por el don de la vida!
Concédenos, por intercesión de Cecilia, la gracia que te pedimos. Amén.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Oración de San Alfonso María Ligorio a la Virgen María


Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos. Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido. Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás. Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo. Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Amén.
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